Hacia una Iglesia Participativa y Co-resonsable

Hacia una Iglesia Participativa y Co-responsable

José Luis Alfaro

Encuentro Internacional ‘Otra Iglesia es posible’,
Madrid, 19 – 22 septiembre 2002.

En el programa se nos pide a los ponentes que abordemos el tema de la MINISTERIALIDAD desde la perspectiva de un pueblo, con vocación sacerdotal, planteando cuestiones como la opcionalidad del celibato, la ordenación de la mujer y la elección de presbíteros y obispos.

Quiero empezar agradeciendo la invitación a participar en esta mesa redonda, en nombre de mi comunidad y en nombre del Moceop, ya que la cuestión de opcionalidad del celibato la vivimos como una gracia y una riqueza para la iglesia y la perpespectiva de una iglesia participativa y co-responsable queremos vivirla en la creatividad y libertad de nuestra comunidad donde nos sentimos todos iguales, celebrantes, co-responsables y libres.

Por este motivo mi participación no quiero que sea especulativa ni teórica sino desde la vivencia comunitaria que todo esto implica.

Pero pienso que es necesario a la hora de hablar de los ministerios fundamentar muy brevemente la situación:

Según escribe Xabier Pikaza en su espléndidio libro “Sistema, Libertad, Iglesia”, en un principio los ministerios se ejercían desde la libertad y la voluntariedad de las personas según las necesidades que surgían en la comunidad o en la sociedad en la que vivía. Sin embargo, pronto se contagiaron del sistema y así, al igual que en el imperio, los ministros tenían que ser “gente importante” con un reconocimiento social, con una sabidría y una preparación especial… había un llamamiento, hacía falta una “vocación”. Esto hizo que entraran plenamente en el sistema. El sistema los protegía. Pero también es verdad que poco a poco la libertad producía miedo. Da miedo salir del sistema. Da miedo romper con las adherencias que la historia ha ido añadiendo.

Pero el principio no fue así:

El Centro del Ministerio no es Poder:

El movimiento de Jesús no necesita rabinos (escribas), políticos o sacerdotes, sino amor comunitario. El sistema exige expertos preparados, conforme a los principios de poder e intercambio legal, para organizar sus proyectos. Por eso, en su cabeza se sitúan los especialistas superiores. La comunión personal de los seguidores de Jesús busca contacto directo y no puede centrarse en leyes y estrategias, sino en amor cercano y servicio liberador a los necesitados.

Esta propuesta parece irrealizable. ¿Puede mantenerse un grupo de puros carismáticos sin ley social? ¿Perdura un movimiento sin instituciones eficaces? ¿Puede subsistir fuera del sistema? Éste es el problema que habían destacado los discípulos, buscando estructuras de poder. Pero Jesús había respondido:

1. “Quienes parecen mandar a los pueblos los tiranizan y los grandes entre ellos los oprimen” Jesús habla del poder que funciona como imposición, sea de unas personas sobre otras o del sistema sobre todos.

2. “No ha de ser así entre vosotros, sino al contrario: quien quiera ser grande sea vues tro servidor; y quien quiera ser primero sea esclavo de todos.”

Nos habla del ministerio mesiánico. Invierte el poder patriarcal o el modelo del sistema: sólo es «grande» (humano) quien sirve voluntariamente a los demás.

3. “Pues el Hijo del humano no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mt 10,42-45).

Jesús: su vida y entrega en favor de los demás ha suscitado autoridad creadora (= redentora).

Jesús les había escogido para «estar con él, proclamar el Reino y liberar a las personas» (cf. Mc 3,13-15). Quiere portadores (transmisores) de su Reino: personas capaces de amar y dar la vida por los demás, no sacerdotes de culto, economistas o políticos del cambio social. No les hace señores, ni jefes de grupo, sino servidores:

El Reino de Dios se funda en amores y no en poderes, es comunión personal, no estructura donde unos garantizan el orden para todos.

La autoridad de Jesús es libertad de amor, no sistema. Así inicia con sus Doce (y aquellos que le siguen) un camino de servicio personal, que invierte la estrategia del sistema. No ha querido establecer instituciones más capaces, mejores organismos de control, sino que ofrece amor que supera todos los controles del sistema, expresándose como redención (lytron), es decir, como entrega gratuita de la vida. Es Hijo del humano porque renuncia al poder, porque expresa y realiza su vida como amor generoso, a favor de los demás.

El Centro de la Iglesia es Jesús:

Esta afirmación es tan evidente que nadie se atrevería a decir otra cosa. Pero, en la práctica, se niega y se tuerce totalmente. Efectivamente, la Iglesia se ha organizado de modo que su centro está en el Papa a nivel universal; a nivel diocesano el centro es el Obispo; a nivel parroquial su centro es el Párroco. Eso indica que, en la práctica real y no en la teoría, el centro de la Iglesia está en el clero.

Por eso, es necesario que reafirmemos que JESÚS ES EL CENTRO DE LA IGLESIA. Una afirmación que, traducida en cosas concretas, puede y debe cambiar toda la organización eclesiástica actual. Pero, al decir que Jesús es el Centro de la Iglesia, ¿no estaremos favoreciendo la desorganización, la dispersión, una especie de «acracia» incontrolada e incontrolable?… No.

El Nuevo Testamento y la tradición nos muestran sin género de dudas que en la Iglesia siempre ha habido personas encargadas de realizar funciones directivas. No han existido comunidades cristianas sin encargados de su gobierno. La carta a los Tesalonicenses (la más antigua de Pablo) ya habla de los ministros que había en aquella comunidad: «Os rogamos, hermanos, que apreciéis a esos de vosotros que trabajan duro, haciéndose cargo de vosotros por el Señor y llamándoos al orden» (lTes.5,12).

En diversas ocasiones, Pablo hace una lista de las diferentes funciones existentes en la Iglesia: «En la comunidad Dios ha establecido a algunos en primer lugar como apóstoles; en

segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como maestros; luego hay obras extraordinarias; luego dones de curar, asistencia, funciones directivas, diferentes lenguas…» (ICor. 12,28; 12,4-11; Rom. 12,6-8; Ef.4,11).

Todas estas citas y otras más que podríamos hacer nos vienen a demostrar que:

a) En las comunidades cristianas desde sus comienzos han existido funciones y cargos de gobierno

b) Estos dones (cansinas) son dados por Dios para el crecimiento de la Iglesia. Estas funciones son algo de lo que la Iglesia no puede prescindir. Tales funciones han existido y existirán porque Dios ha querido que existan. De manera que si una comunidad se viera privada de tales ministerios o servicios, dejaría de ser una comunidad de la Iglesia.

c) Hay una gran creatividad desde los comienzos. Las comunidades se sintieron muy libres para producir, bajo el impulso del Espíritu, los ministerios que en cada ocasión juzgaron necesarios.

El centro de la Iglesia, en última instancia, no es ni siquiera Jesús, sino la Causa de Jesús: el Reino de Dios por el que vivió, luchó, murió y resucitó. Y tiene que ser el trabajo por el Reino el que nos vaya diciendo qué ministerios debe haber en la comunidad, Y si el centro es el Reino, hay otra consecuencia más: al no ser la Iglesia fin en sí misma, sino mediación, nadie puede pensar que una organización concreta, una concreción histórica es ya la definitiva. ¡Nada es definitivo en [a Iglesia! La Iglesia avanza con la historia y cambia con la historia porque es un instrumento del Dios de Jesús al servicio de su Causa, el Reino de Dios. O sea, este es el argumento más contundente que vemos la hora de defender que los ministerios han de cambiar según los signos de los tiempos, adecuándose en cada momento histórico y con el único objetivo de que la comunidad viva y trabaje por el Reino del Dios de Jesús.

El Eje de la Iglesia no es Jerarquía:

Una cosa es que en la Iglesia existan «funciones» y otra cosa muy distinta que la Iglesia gire en torno a los «funcionarios», a los que realizan esas funciones. Generalmente las parroquias se han convertido en oficinas una cosa es que en la Iglesia tenga que haber jerarquia y otra cosa muy distinta es que esta jerarquia acapare y monopolice de tal manera las cosas que, a la hora de la verdad, sean los jerarcas el centro y el eje de la Iglesia.

a) Según los datos del Nuevo Testamento está claro que, aunque se hable de ministerios, el centro y el eje de la vida de cada comunidad era la comunidad misma y no unos dirigentes que estuvieran sobre la comunidad y que serían los responsables absolutos de las decisiones o los protagonistas de la situación.

b) La comunidad que fue formándose en torno a Jesús era un grupo bastante amplio, no restringido a «los Doce» únicamente, y en el que había hombres y mujeres. Dentro de este grupo de discípulos es donde se constituye un grupo menor llamado de «los Doce». Es, por tanto, dentro de la comunidad y para ella donde Jesús nombra a los apóstoles. Así pues, históricamente no existió primero la jerarquía y luego la comunidad, sino al revés: lo primero que formó Jesús fue la comunidad y más tarde, dentro de ella, se constituyó el grupo de apóstoles.

c) La Iglesia es esencialmente una comunidad, un pueblo en el que todos sus miembros tienen que ser activos y responsables. Cada uno en su papel y en su puesto en orden a cumplir la misión profética propia de la comunidad cristiana en el mundo.

Siendo lógicos y consecuentes, esta manera de entender la Iglesia tendría que haber llevado a una consecuencia práctica: el protagonista de la vida eclesial tendría que ser el pueblo cristiano, la comunidad. Pero ¿qué es lo que se hace?. Pues lo que se ha hecho siempre: la jerarquía es la que lleva la voz cantante, porque ella es la que piensa, la que enseña, la que decide y la que organiza.

De manera que el Pueblo de Dios o «congregación de todos los creyentes» (LG 9,3) sigue siendo la masa de bautizados que han de pensar como piensa el clero, aprender lo que le enseña el clero y comportarse como el clero dice que hay que comportarse. En teoría, pues, se puede afirmar que el protagonista de la Iglesia es el Pueblo de Dios o la comunidad. En la práctica, el protagonista es -corno toda la vida lo ha sido- el clero. El clero tiene el protagonismo del saber, el protagonismo santificador y el protagonismo del -mando.

Así es Imposible Hacer de la Iglesia Una Comunidad:

El protagonismo de! clero en estos tres ámbitos (saber, culto y gobierno) trae consigo una consecuencia fatal: la comunidad se hace prácticamente imposible en la Iglesia. ¿Por qué?. El protagonismo clerical impide que los cristianos puedan sentirse responsables y activos en el funcionamiento y en la marcha de la Iglesia.

El protagonismo clerical separa a la Iglesia de la gente: sus problemas son los problemas del clero, su lenguaje es el lenguaje del clero, su prestigio será el prestigio del clero, etc.

El protagonismo impide una Iglesia coherente y libre y su única salida es convertirse en una gran organización de servicios religiosos que se ponen a disposición del público. Mucho más de eso no podrá llegar nunca mientras mantenga esta forma clerical de organización.

Otor Estilo de Iglesia es Posible

Nuestra experiencia de vivir la Iglesia que queremos es desde una comunidad de base.

Somos una pequeña comunidad de base nacida hace unos diez años. Caminamos como grupo humano y como comunidad cristiana. Los procesos familiares, problemas económicos, nacimiento de hijos, incorporación de nuevos miembros así como abandono de otros han supuesto para nosotros una evolución en muchos aspectos, creemos que un crecimiento.

Somos, podríamos decir, una comunidad doméstica: nos reunimos en nuestras casas rotativamente y una vez al mes celebramos la eucaristía en una “capilla-oratorio-casa del barrio-lugar de reunión” que tienen unas religiosas en uno de los barrios de nuestra ciudad.

No estamos vinculados como comunidad a ninguna parroquia. Estamos coordinados con las CCP tanto a nivel diocesano como estatal y estamos incluidos en el Directorio Diocesano dentro del apartado de Movimientos, Asociaciones y Comunidades.

A lo largo de estos años se ha ido configurando una manera de ser comunidad, la que hemos ido haciendo entre todas y todos.

El aspecto que queremos compartir con vosotros es el de los ministerios. Estamos muy dispuestos a afrontarlos y siempre abiertos a nuevos logros.

El planteamiento ha sido a partir de las necesidades y posibilidades de la comunidad: necesidades de coordinación interna y exlerna, de animación espiritual, de celebración, de formación, de compromiso tanto eclesial como cívico y político-social…

El hecho de que haya tres sacerdotes casados que forman parte de la comunidad ha favorecido el que se cuide no caer en el “clericalismo”: son uno más en todos los aspectos. Solamente, hoy por hoy, siempre está alguno de ellos presente en la celebración de la eucaristía, pero todos tenemos la conciencia de que es la comunidad entera quien celebra, por eso nuestras celebraciones son muy poco presidencialistas: los gestos los realiza según el tema de la eucaristía una mujer, o un joven, o varios, la plegaria eucarística la proclamamos lodos…

Pero para nosotros el único ministerio no es el de la celebración de la eucaristía, que entendemos que es uno más y no el más importante.

Se han ido configurando entre nosotros diversos servicios a la comunidad:

+ Coordinadores: que dinamiza, coordina y modera la marcha comunitaria, calendario, convivencias, celebración de la Pascua, organización interna… También la coordinación exterior.

+Preparación y animación de las celebraciones: con uno de los sacerdotes casados cada vez una familia u otras personas.

+Solidaridad: mantener en la comunidad la inquietud por el compartir proponiendo causas o proyectos donde ejercerla. Tenemos en la comunidad un fondo común que coordina una persona. Compromiso social en distintas ONGs: Comité África Negra, Justicia y Paz, ATAC, 0’7

+Catequesis infantil y juvenil: En comunidad se ha hecho un planteamiento de catequesis de la experiencia. Hay tres catequistas que con un grupo de personas elaboran material y preparan metodológicamente los temas. Entendemos que la figura del catequista puede ser un ministerio a valorar y a reconocer desde la comunidad y en la Iglesia.

+Otros: En esta misma linea se reconocen carismas y servicios menos definidos pero que les damos toda su importancia como sensibilidad por el feminismo, ecología, o por determinados grupos de perosnas (enfermos, ancianos, emigrantes…) Gusto por la música, la poesía, sentido del humor, el saber callar, el resumir lo tratado en una reunión…

Como un ministerio más, en este contexto comunitario, está el cura, como una necesidad comunitaria y eclesial y un carisma personal, asumido por la comunidad. Al estar casado valpramos que no es “Clero” pero como ordenado significa para nosotros comunión implícita con la Iglesia Universal.

De nuestra experiencia comunitaria respecto a los ministerios es importante el proceso que se ha ido dando de participación, corresponsabilidad, igualdad y diversidad: la comunidad es cosa de todos y todas y todos/as somos iguales y diferentes: cada persona aporta lo que puede y quiere. A nadie se le exige nada, A todos la comunidad estimula.

Asumimos el ministerio de! cura “casado” ordenado pero abiertos, y dando pasicos, en el camino de la igualdad y corresponsabilidad: que sea hombre o mujer, célibe o casado,… Lo ideal creemos que es que la comunidad designe sus ministros y la Iglesia los reconozca. La experiencia y la historia nos demuestran que la vida va por delante del Derecho Canónico.

Sería bueno hablar de otro tipo de organizaciones más asamblearias, más democráticas, menos clericales y que encontramos en otras iglesias cristianas. Siempre ha llamado la atención estas comunidades porque dan la sensación de que la presión jerárquica es mucho menor, de que el talante democrático es mayor, de que es la comunidad verdaderamente la que se responsabiliza de su marcha. Son más bien impresiones, son una pincelada ecuménica que es importante, porque son iglesias cristianas como nosotros, que han partido de los evangelios para estructurar sus comunidades como nosotros. O sea, no hay un solo modelo “cristiano” de entender los ministerios en la comunidad.


the Wijngaards Institute for Catholic Research.

John Wijngaards Catholic Research

since 11 Jan 2014 . . .

John Wijngaards Catholic Research

Sírvase mencionar este documento como publicado por www.womenpriests.org!