María como sacerdote sacrificador

María como sacerdote sacrificador

Todos los cristianos comparten el sacerdocio de Jesús a través del llamado sacerdocio común de los fieles. La Tradición, sin embargo, ha afirmado ésto más acerca de María y ésto puede verse especialmente, en la manera en la cual ella es vista como sacerdote sacrificador, a la par y paralelamente con los ministros de eucaristía.

  1. María ha sido llamada a menudo, explícitamente, un “sacerdote sacrificador” o un “sacrificador”.
  2. María ofreció a Jesús como un sacrificio, en la Presentación del Templo.
  3. María actuó como sacerdote sacrificador en el Calvario.

María, el sacerdote sacrificador

  • “¡Salve, hija, joven sacerdote sacrificador!” Theodore el Studite (826 DC)
  • “Sí, caballeros, María es la sacerdotisa divina, ella es el gran sacrificador quien toma el lugar de todos y ofrece a Dios, en su nombre, el más grande y más valioso sacrificio que jamás se haya ofrecido, presentando a su único Hijo, tan sagrado, tan puro, tan inocente, que hizo a San Epifanio llamarla sacerdotisa de nuestra religión…”
    “Oh Bienaventurada Virgen, eres realmente sacerdotisa de nuestra religión; tú has unido en un sacrificio, el más perfecto sacrificio que se haya ofrecido en la tierra, la multiplicidad de todas las víctimas ofrecidas antes; nadie mejor que tú mereció esta gloriosa cualidad, de ser redentora de todas las gentes a las cuales quiso tu hijo que formaras parte.” Julien Loriot (1633-1715), Sermon 10 de la Purification, ib., pág. 316.
  • “María se mantuvo firme. No se le vio llorar. Esto es porque ella cumplió el oficio de obispo y sacerdote sacrificador y no estaba en su derecho el demostrar debilidad, mientras ejercía su oficio. Jesucristo es el verdadero sacerdote sacrificador, y si él no se hubiera sacrificado voluntariamente, nadie se hubiera atrevido a atentar contra suvida. Pero dado a que voluntariamente se puso a sí mismo en el lugar de la víctima, no podía al mismo tiempo asumir el rol de obispo y sacerdote sacrificador. Este título no corresponde a los verdugos que lo crucificaron, ni a los sacerdotes judíos, ni a los judíos que allí ministraban…Sólo a María, ante los cielos y la tierra, llevó a cabo públicamente el oficio de sacerdote sacrificatorio y obispo.” P.J. de Clorivière SJ, “Commentaire sur l’Apocalypse” en Marie, C. Dillenschneider, 1947, pág. 136.
  • “En la encarnación, María fue como el altar en donde la víctima fue puesta y en la cual él fue encendido por la llama del amor de María; en la presentación, ella se volvió el sacerdote que le ofreció; y en la redención como el sacerdote sacrificador que lo inmoló.” Auguste Nicolas, La Vierge Marie d’après l’Evangile, París, 1858, pág. 295.
  • “María no es extraña a nada que pertenezca a la Eucaristía. Ella fue el primer sacerdote en bajar al Verbo del cielo a la tierra y traer a Jesucristo a este mundo, a través de un acto de su propia voluntad. Por tanto, ella fue llamada Sacerdote Virgen, Virgo Sacerdos…”
    “Justo como ella fue el primer sacerdote en traer a Jesucristo, ella será el primer sacerdote en ofrecerlo. Ella fue el primer sacerdote y fue la primera consagradora…”
    “En la cima del monte sagrado del Calvario, ella se mantuvo firme, en la postura de un sacrificador frente a un altar, esto es: la cruz, donde se celebró la primera Misa y en donde se logró la redención….”
    “La Virgen Sacerdote, quien nos dio la Eucaristía, la Virgen Sacrificadora que validó la Misa para nosotros, es también la Virgen de la Sagrada Comunión.” Obispo Morelle, Troisième congrès marial breton, Saint-Brieuc, 1911, págs. xiv-xvi.

La presentación en el Templo

Uno de los ejemplos de las actividades sacrificadoras de María visto por la Tradición es la Presentación en el Templo (también conocido como la Purificación). Lucas 2:22-35 dice que María y José fueron al Templo a presentar a Jesús al Señor. El contexto habla de sacrificio. Teólogos y escritores espirituales reflexionan sobre este evento. Ellos ven en el mismo un presagio del Calvario. Jesús era aún muy pequeño en ese entonces, así que María fue al Templo en Jerusalén a ofrecerlo al Padre por la salvación del mundo. Dado que Jesús mismo no podría realizar este sacrificio temprano, María actuó como el sacerdote destinado a actuar en su nombre.

  • “Oh consagrada Virgen, ofreces tu hijo y presentas al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros, esta sagrada víctima, agradable a Dios. El Padre aceptará por completo este nuevo sacrificio, esta preciosa oblación (víctima) de la cual Él mismo dijo: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien pongo toda mi complacencia’.(Mateo 3:7)” San Bernardo de Clairvaux (1090-1153), “In Purificatione Mariae”, Sermo III, en Sancti Bernardi Opera Omnia, ed. J. Mabillon, París, 1982, pág. 370, col. b.
  • “Después que la sagrada virgen llegara hasta el altar, habiéndose arrodillado, inflamada por el Espíritu Santo más que el serafín, y llevando a su hijo en sus manos, lo ofreció como regalo y sacrificio agradable al Dios, orando en esta forma: ‘Acepta, Padre todopoderoso, acepta la oblación que yo, tu sierva, ofrezco por todo el mundo. Acepta ahora de manos de tu sierva este muy sagrado sacrificio mañanero, que te será ofrecido en su momento en los brazos de la cruz, como el sacrifico de la tarde. Mira, piadoso Padre, lo que te ofrezco y pon atención al propósito por el cual te lo ofrezco.” San Tomás de Villanova (1486-1555), “Concio I in Purificationem”, Opera, Manila, 1883, vol. 4, pág. 397.
  • “María poseía la dignidad, la labor y el oficio del sacerdocio del Nuevo Testamento… En la Purificación, María ofreció su Hijo a Dios con manos sacerdotales… Con las manos de un sacerdote, ella ofreció su Hijo a Dios y a través de este sacrificio, ella misma se constituyó en sacerdote espiritual.” Ippolito Marracci (1604-1675), Leonis Mariale, 1651, “No. 1 In Purificationem”, págs. 151-152.
  • “El primer deber de los sacerdotes en el Viejo Testamento fue ofrecer sacrificios a Dios, para consagrar las víctimas sacrificatorias a Dios en el altar y prepararlas para la inmolación. Para llevar a cabo esta primera tarea del sacerdocio, es que María entra al Templo llevando a su hijo en sus brazos…” Jacques Biroat (1666), “Sermon sur la Purificaction”, Mystères etc., págs. 177-184.
  • “María realizó sus funciones sacerdotales de dos maneras: por un lado, de la forma más indirecta y menos específica, al proveer la víctima sagrada… por otro lado, de forma más directa, inmediata y noble, al consentir con Jesús en este precioso sacrificio. Mientras ofrecía la misma víctima de reconciliación que le pertenece en el nombre de su maternidad… ella se volvió su sacerdotisa al ofrecer su divino Hijo de Dios para la salvación del mundo y así fue digna de gracia y gloria para nosotros por medio de dicho sacrificio, no con el perfecto mérito y justicia que le pertenecen sólo a Jesucristo, sino con un mérito imperfecto, el mérito de buena voluntad.” Lázaro Dassier (1692), 3e Sermon sur la Purification, 1.c. p. 370.
  • “De hecho, ¿no es la doble tarea del obispo el ofrecer y consumir la víctima, el sacrificar y distribuir la comunión? Pues bien, ¿no les fue dada esta doble tarea también a María y Simeón? ¿No es en los brazos de María en donde Jesús descansa durante su presentación? ¿No es acaso la Virgen sacerdotisa que ofrece a su hijo al Padre eterno?”
    “¿Acaso Simeón no recibió este niño de los brazos de ella, para participar de esta adorable víctima, consumir el sacrificio de sus días en su pecho y para entremezclar los más profundos deseos de su corazón con los deseos de su Dios? Y, ¿no es en nuestro nombre que María y Simeón ejercieron este doble oficio? Sí, mis hermanos, es en nuestro nombre que ellos están asociados al sacerdocio real y revestidos con su poder soberano sacrificador.” Sébastien Dutreuil, Sermons choisis de Du Treuil Prêtre de l’Oratoire, Lyons, 1757.
  • “En la purificación, la Virgen fue por anticipado, la sacerdotisa de la nueva alianza.” Jean Puy, Dévouement du Chrètien à la Très sainte Vierge, París, 1780, pág. 9
  • “(En la Presentación) en el Templo, María ofreció un verdadero sacrificio… A pesar de toda la aversión y molestia de su amor maternal, ella unió el oficio de sacerdotisa con sus cualidades como madre, y lo sacrificó de alguna forma con sus manos, a la gracia del Todopoderoso y por la salvación de la gente: su Hijo, su único Hijo, el fruto precioso de su maternidad virginal, el Hijo excepcional, al alma de su alma, el cual amaba más que a sí misma.” C.L. Richard (1796), Sermon 63 sur l’Assomption, Orateurs Sacrés, París, vol. 67, pág. 699.

El sacrificio del Calvario

En especialmente en el Calvario que las acciones sacrificadoras de María se manifiestan. Muchos teólogos y autores espirituales consideran altamente significativo el que María sea descrita como la que “se mantuvo de pie” bajo la cruz. “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre…” (Juan 19:25) Ella debía estar de pie porque esta era la postura de un sacerdote en el altar, cuando lleva a cabo el rito sacrificador. María es vista fungiendo como un sacerdote que ofrece a Jesús al Padre, en unión a Jesús mismo.

  • “La Bienventurada Virgen… de pie junto a la cruz, al mismo tiempo que su hijo (cuando hacía su sacrificio), ofreció ella a Dios por nosotros el cuerpo mismo de su hijo; y a través de su compasión, ella unió a él su propio cuerpo y cuerpo, de acuerdo a las palabras de Lucas, 2:35: ‘…y a ti misma una espada te atravesará el alma’.” Engelbert of Admont (1250-1331), Treatrise of… Blessed Virgin Mary, parte III, cap. 6.
  • “María es la sacerdotisa (sacerdotissa) de justicia, porque ella no se reservó su único Hijo, sino que estuvo junto a la Cruz, no como el bendito Ambrosio dice, sólo para ver la muerte de su Hijo, no para ser testigo del sufrimiento de su Hijo, sino para velar por la salvación de la raza humana, preparada ella misma para ofrecer al Hijo de Dios por la salvación del mundo.” San Antonio de Florencia (1389-1459), Summa Theologica Moralis, IV, Tit. 15, c. 3, § 3.
  • “Nadie debiera ignorar la forma en que María, cumpliendo una función sacerdotal mientras se mantenía en pie junto al altar de la cruz, ofreció por nosotros al Dios Padre una víctima viviente, quien era nada más y nada menos que su hijo. Ella no ‘se lo reservó’, sino que lo entregó a él por todos nosotros.” Francisco de Osuna, Pars Occidentalis, Evangeliorum Quadragesimorum Expositiones, Antwerp, 1536, pág. 36 verso.
  • “Finalmente, ella experimentó el martirio por voluntad propia. Porque estuvo junto a la cruz por su propia voluntad, como Ambrosio dice; lista, para la salvación de la raza humana, para también experimentar ella misma el sufrimiento, si eso hubiera satisfecho el deseo divino: ofrecer, como sumo sacerdote, al único y amado hijo de su corazón, más perfecto que el Isaac ofrecido por Abraham; (ella ofreció su hijo) para la salvación de la gente, e intercediendo por ellos.” Jan Mombaer (1501), Rosetum, título 24, sección 4.
  • “En cuanto a María, no tan sólo ella, en harmonía con el Padre, dio su Hijo al mundo, sino que también, en harmonía con el Hijo, lo ofreció al mundo con devoción sacerdotal. Por estar junto a la cruz. Ella imitó la voluntad de su Hijo en su propia voluntad. Pues el Hijo se entregó a sí mismo por el mundo, pero ella lo entregó voluntariamente, a quién amaba más que a ella misma.” Ferdinand Chirino de Salazar (1575-1646), In Proverbiis, VIII #211, vol. 1, 622D-623 A.
  • “Lo que es más admirable es que, por un gesto de prodigiosa caridad, ella llevó a cabo dos tareas en una manera santa. Ella sacrifica y ama. Ella es sacerdotisa sin dejar de ser madre. Digamos más bien, ella continúa siendo una madre para seguir llevando a cabo la tarea de sacerdote y ofrecer el más grande sacrificio tan pronto como su víctima esté totalmente formada.” Félix Ceuillens (1679), Les douze estoilles etc., París, 1676, aquí se cita la pág. 295.
  • “Si hubiera sido necesario…, María hubiera ofrecido ella misma los clavos, dado el martillo, preparado las sogas para amarrar a su Hijo en el madero sacrificador, como hizo Abraham. Ella lo sacrificó por nosotros.” Joachim Ventura (1792-1861), La Madre di Dio, madre degli uomini, edición francesa, Lyon, 1845, págs. 214, 294, 297, 325-327.
  • “María fue el ministro de la Encarnación: eso lo explica todo. Ella tuvo tan poco derecho de bajar del Calvario como un sacerdote tendría de dejar del altar, mientras el sacrificio de la Misa se llevaba a cabo. Ella debía presidir hasta su consumación, como ella lo presidió desde su comienzo… Su sacerdocio consistía en su continuo ministerio a él.” F.W. Faber, The Foot of the Cross, Londres, 1857, pág. 399.
  • “María se mantiene en pie. ¿Por qué?… Hay un misterio ahí. Es que María no es tan sólo testigo de la muerte de Jesús. Ella es también sacerdote, la primera en ofrecer la víctima sagrada, que se sacrifica a sí mismo por nosotros. La cruz, pues bien, es el altar. Jesús, pues bien, es la víctima. No busquen al sacerdote, ¡pues es María!” J.M. Raynaud, Marie modèle. Station du mois de Mai, Toulouse, 1843, vol. 2, págs. 251-252.
  • “No satisfecha con haber producido de su substancia la víctima como era requerido, con haberlo alimentado y criado, ¿acaso María no entendió por completo que lo estaba preparando para el sacrificio? ¿No vino ella (al Calvario) a ser sacerdotisa junto a su querido Hijo? ¿Acaso ella no quería sancionar esta inmolación por su presencia al pie de la cruz?” J.B. Lemarchal, Paraphrase, Thonnelle, 1867, pág. 110.
  • “Ella estuvo en pie… ella tiene la actitud de una persona que lleva a cabo una función. ¿Y que función María llevó a cabo? La función de un sacerdote sacrificador. Entrando en los planes del Eterno Padre, ella ofrece la víctima que liberaría al mundo… Ella lo entrega. Ella lo ofrece místicamente, mientras él es realmente sacrificado; ella representa la humanidad que debe ofrecer el sacrificio de Cristo, junto con Cristo. Ella representa el sacerdocio que, día a día, ofrece la víctima sagrada, de tal manera como si ella hubiera sido la primera sacerdote, la primera sacrificadora…” C.E. Berseaux, Dictionnaire de Théologie catholique, París, 1822, vol. 2, págs. 793-794.
  • “¡Ella estuvo de pie! Veo a María de pie en la sagrada montaña como cada sacerdote sacrificador estaría en el altar… Ella participó de alguna manera en el cáliz y eterno sacerdocio de su Hijo, ofreciendo ella misma como ella hizo en el holocausto… ¡Ella estuvo de pie! ¡Qué sacerdote ella fue, qué sacrificio!” Cardenal Maury, Révue mensuelle du culte de Marie, 8 (1891), pag. 77.
  • “Sí, María estuvo de pie al pie de la cruz, y fue así para que ella pudiera hacer un sacrificio público y voluntario de lo más querido de su corazón por el bien de la humanidad perdida… Por lo que ella se convierte, tanto como es posible, en cooperadora con Dios en esta gran tarea: ella se volvió sacerdotisa, ella que fue autorizada a llevar a cabo de parte de la humanidad, el holocausto del niño amado.” Cardenal Wiseman, Sermons, Nueva York, 1866, pág. 364.
  • “María está envuelta en la redención. Ella está de pie al pie de la cruz, en la postura del un sacrificador (=sacerdote sacrificador).” Cardenal L.E. Pie, La Vierge Marie, París, 1881, pág. 303.
  • “María, en el Calvario, estuvo de pie, erecta, como un sacrificador, como un sacerdote ante el altar, Virgo Sacerdos, ofreciendo en su corazón la Víctima para el mundo.” Cardenal C.L. Laplace, Marie, mère des graces, Rennes, 1884, pág. 13.
  • “Jesucristo es a la vez tanto sacerdote como víctima. Es víctima porque es ofrecido; pero es sacerdote al mismo tiempo… porque es por acuerdo propio que entrega su vida, por voluntad propia. Los jueces y los verdugos son sólo los instrumentos de este sacrificio, que es realmente ofrecido y llevado a cabo por él mismo: ‘Por voluntad propia entrego mi vida’… Pues bien, siguiendo la línea de pensamiento de los Padres santos, la Bienaventurada Virgen comparte con el salvador divino en esta doble cualidad de ser víctima y sacerdote. En la misma manera en que podríamos decir que el Salvador cumplió él mismo el sacrificio de su vida porque se abandonó a la acción de los verdugos, así podemos decir con toda verdad, que ella inmoló a la víctima divina por la perfecta unión de su voluntad y la de Jesucristo, uniéndose ella misma al sacrificio y al propósito del sacrificio.” P. Jeanjacquot (1804-1891), Simples explications, etc., págs. 125-126.

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