La historia de las mujeres diaconisas

La historia de las mujeres diaconisas

La implicación de las mujeres en el apostolado de la Iglesia primitiva es un hecho indiscutible. Nosotros solo podemos hacer un breve resumen que muestra como encajó la acción de las mujeres diaconisas en un marco más amplio.

Las mujeres que ayudaron a Pablo

Debido al contexto sociológico de la época, la Iglesia primitiva no pudo, de forma inmediata, extraer las consecuencias que se derivaban del nuevo y revolucionario concepto de sacerdocio propuesto por Cristo. Pablo sabía que el bautismo de Cristo había suprimido en principo la distinción entre libres y esclavos (Gálatas 3, 38) y dedujo, como lógica conclusión, que los esclavos debían ser liberados (1 Corintios 7, 21-23). Sin embargo, el sistema social de la época, le llevó a aceptar la esclavitud como un mal necesario. De la misma forma, las ideas vigentes en su tiempo le imposibilitaron realizar en profundidad la igualdad en Cristo entre hombre y mujer en la que creía firmemente (Gálatas 3, 28). En este contexto, es extraordinariamente significativo que ya en tiempos de Pablo, las mujeres ejercieran funciones de ministerio en la Iglesia.

  • “Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, diaconisa de la iglesia de Cencreas. Recibidla en el Señor de una manera digna de los santos, y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo.” (Romanos 16, 1-2). La palabra diakonos aplicada a Febe no tiene realmente el sentido de una función ministerial precisa tal como la tendrá más tarde cuando se referirá a las mujeres. Aquí tiene el sentido de “servidora” habitual en el Nuevo Testamento. (cf. Efesios 6, 22).
  • “Saludad a Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús.”…..”Saludad a María, que se ha afanado mucho por vosotros.” De la misma forma “Saludad a Trifena y a Trifosa, que se han fatigado por el Señor. Saludad a la amada Pérside, que trabajó mucho en el Señor.” (Romanos 16, 1-16). Aquí, Pablo se refería con certeza a tareas apostólicas.
  • ” Evodia y Síntique….que lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos.” (Filipenses 4,2-3). “Por el Evangelio” indica, sin duda, una participación en la tarea de la evangelización.
  • Véase también: “Los apóstoles, dedicados sin respiro a la tarea de la evangelización, como corresponde a su ministerio, han llevado consigo mujeres, no como esposas sino como hermanas, para compartir su ministerio hacia las mujeres que viven en sus hogares: por medio de ellas, las enseñanzas del Señor llegan a las estancias de las mujeres sin levantar sospechas”. Clemente de Alejandría, Stromata 3, 6, §53.
  • Plinio, en una carta al emperador (111 d.C.), menciona que ha hecho detener a dos mujeres cristianas que ocupaban una posición oficial. “Lo que me parece más necesario es averiguar la verdad sobre esas dos mujeres esclavas, las cuales son llamadas “ancillae” (= diakonous, diaconisas ?), aunque sea sometiéndolas a tortura.”
  • Y ved la historia de Tecla, quien por medio de su declaración ante el juez de Antioquía convirtió a Trifena y a un grupo de mujeres: “Ella fue a casa de Trifena y estuvo allí durante ocho días, instruyéndola en la Palabra de Dios, de tal manera que la mayor parte de sus sirvientes creyeron” (Hechos de Pablo y Tecla, § 38-39).

Así como las mujeres habían acompañado a Cristo en su ministerio (Luc 8, 1-4), también las mujeres participaron en la construcción de las primeras comunidades cristianas ¿Realizaron ellas tareas específicas?

El papel de las mujeres como “profetas”

El profeta, según el Nuevo Testamento, no es simplemente alguien inspirado; el o ella es alguien que realiza una misión en la comunidad. San Pablo situa al profeta entre el apóstol y el maestro: “Y así los puso Dios en la iglesia, primeramente los apóstoles; en segundo lugar los profetas; en tercer lugar los maestros; luego, los milagros….. ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros?…..” (1 Corintios, 28-29). La Didajé (11-23) situa al profeta en estrecha conexión con el apóstol misionero.

  • Felipe el evangelista tenía cuatro hijas que “profetizaban” (Hechos 21, 9).
  • “Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza. Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza” (1 Corintios 11, 4-5). La profecía realizada por una mujer, tiene aquí la misma consideración que la realizada por un hombre. La palabra tiene el mismo significado para los dos.
  • El profeta tiene una clara función en la asamblea litúrgica. “Dejad a los profetas dar gracias cuando quieran” [=podían expresarse libremente durante la Eucaristía]. (Didajé 10, 7).

El ministerio de las “viudas”

En el Nuevo Testamento, la palabra viuda puede designar distintos tipos de personas aunque relacionadas entre sí. Los Hechos de los Apóstoles (6, 1-2 ; 9, 39) nos informan que “viudas ancianas” eran atendidas por la comunidad. Se trata aquí de una simple cuestión de viudedad en el sentido ordinario del término. Pero ya en la carta a Tito, vemos a estas viudas jugando un papel particular en la comunidad: “Que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de su marido y de sus hijos” (Tito, 2, 3-4). Aquí la viudedad parece implicar una demanda de perfección y cierta clase de misión dirigida a las mujeres jóvenes de la comunidad. Esto se desarrolló más tarde en forma de apostolado organizado.

  • Orígenes compara la Febe de la carta a los Romanos con las viudas de la carta a Tito. (Comentarios a Romanos, 10, 17)
  • “Honra a las viudas, a las que son verdaderamente viudas….. La que de verdad es viuda y ha quedado enteramente sola, tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera en sus plegarias y oraciones noche y día…. Que la viuda que sea inscrita en el catálogo de las viudas no tenga menos de sesenta años, que haya estado casada una sola vez, y tenga el testimonio de sus bellas obras: haber educado bien a los hijos, practicado la hospitalidad, lavado los pies de los santos, socorrido a los atribulados, y haberse ejercitado en toda clase de buenas obras”. (1 Timoteo 5, 3-10). El punto interesante es la inscripción en un registro y las condiciones exigidas, puesto que muestran claramente que no se refiere a todas las viudas sino a algunas de ellas que constituyen una categoría especial dentro de la comunidad. Esta es la primera indicación que tenemos de un orden de viudas, semejante a los demás órdenes de la Iglesia.
  • Ignacio de Antioquía saluda a “las vírgenes y al orden de las viudas” (Filipenses § 15).

Aunque el “diaconado” en un sentido ámplio, existió desde el principio, resulta claro que durante el siglo segundo el “orden de las viudas” ejercía esta función de forma poco definida.

Mujeres Diaconisas

Desde los tiempos de los Apóstoles, en la Iglesia se han conocido las diaconisas. El clásico pasaje de la primera carta a Timoteo lo expresa claramente:

Los diáconos deben ser dignos… Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos.
Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.
Los diáconos sean casados una sola vez” (1 Timoteo 3, 8-12).

“La palabra “diácono” es utilizada aquí en su sentido técnico. Parece claro que “las mujeres” en cuestión no son las esposas de los diáconos, puesto que su descripción es paralela a la de los diáconos. Debemos pues entender que se habla de “diaconisas”. Esto indica un ministerio que forma parte de los ministerios ordenados”. Jean Daniélou, The Ministry of Women in the Early Church, Faith Press, Leighton Buzzard 1974, p. 14.

Sin embargo, durante los primeros siglos, continuó la confusión terminológica y práctica. En el 517, el Sínodo de Epaon habla de “ viudas que son llamadas diaconisas ”. Tal vez se hace referencia a las diaconisas como “viudas y diaconisas”, aunque es probable que el papel de las dos haya sido distinto.

No es hasta el siglo tercero que la Iglesia clarifica la posición de las diaconisas con mayor precisión, posiblemente a causa de los problemas que tenía con las viudas poco organizadas. En laDidascalia (siglo tercero) y en las Constituciones Apostólicas (siglo cuarto ) se definen los distintos papeles de las viudas y de las diaconisas. Los Concilios fijaron las condiciones para su ordenación sacramental y se elaboraron los rituales de ordenación.

En la Iglesia Bizantina el diaconado femenino se desarrolló durante los siglos octavo y noveno. Muchas mujeres diaconisas santas son veneradas en el calendario de la Iglesia Ortodoxa.

El declive del diaconado femenino ha sido atribuido a dos causas principales:

  • el miedo a la impureza ritual debido al periodo menstrual femenino; como Balsamon y Blastares.
  • el descenso de bautismos de adultos. Esto hizo disminuir la necesidad de la ayuda de mujeres diaconisas, tal como se menciona en algunos rituales Sirios antíguos.

Siempre ha habido mucha oposición a las mujeres diaconisas en las zonas de la iglesia de habla latina, como: Italia, norte de Africa, la Galia y Bretaña. Las principales razones fueron (a) la influencia del derecho romano, según el cual la mujer no podía ocupar ningún puesto de autoridad , y (b) el miedo a la impureza ritual.

En el transcurso de la edad media, pocas personas conocían lo que el diaconado de las mujeres había significado en la Iglesia primitiva.

Sírvase mencionar este documento como publicado por www.womenpriests.org!


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