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Santa Catalina de Siena

(1347 - 1380)

Nacida Marzo 25, 1347
1378Escribió Diálogo de Divina Providencia
April 29, 1380 muerte
1461 canonización
1492Primera impresión de Diálogo
1970 Doctora de la Iglesia
1999 Patrona de Europa

Catalina se sintió llamada al sacerdocio

Catalina de Siena, la conciencia de una Iglesia en crisis

por Theresia Saers

Cuando al teñidor de lanas, Jacopo Benincasa y su esposa Lapa les nació su hijo número 25, nadie esperaba que esta niña fuera a jugar un rol profético. Tampoco nadie pensó que ella sería honrada siglos después como Doctora de la iglesia y Santa Patrona de Europa. Nacida en 1347 en la ciudad de Siena, Catalina ni siquiera aprendió a escribir adecuadamente Sin embargo esto nunca fue un problema dado que su educación estaba enfocada a otros aspectos y ella se dedicó a una vida de profunda y constante oración. Cuando vino el llamado para escribir lo que veía y escuchaba en sus éxtasis, a menudo tenía tres secretarias oficiales trabajando en turnos debido a que la gran velocidad para dictar estaba mucho más allá de la capacidad de cualquier escribiente.

La época en el cual Catalina vivía estaba marcada por muchas catástrofes. Nuestro propio mundo no está exactamente libre de desastres que ponen en peligro la vida de millones de personas; sin embargo, probablemente va mas allá de nuestra imaginación como la gente en esos días, especialmente, los pobres y que carecían de ventajas, eran presa fácil de terribles circunstancias. La Peste Negra cobró cientos de miles de víctimas y la familia Benincasa perdió un gran número de hijos e hijas. En una peste posterior, la bubónica causó la muerte de siete de las sobrinas y sobrinos de Catalina a quienes ella sepultó con sus propias manos. Por décadas Europa también experimentó guerras con los inevitables resultados de pillaje y bandalaje con violaciones, traiciones y chantaje, hambruna y extrema pobreza que iban de la mano con la enfermiza pompa y esplendor de las autoridades locales y Príncipes de la Iglesia, de una Iglesia en crisis. Los Papas habían tenido por largo tiempo su residencia en Avignon y habían perdido toda autoridad sobre cardenales y muchos obispos. El nepotismo estaba a la orden del día. Los pobres de muchas ciudades y pueblos, de hecho grandes regiones, estaban a merced de autoridades arbitrarias y ejércitos mercenarios. Necesitaban adalides en su lucha. Necesitaban profetas.

Saint Catherine could be characterised in her early youth as a girl of exceptional devoutness. From a very young age she was moved by the love of God and, strong-willed and disciplined, she led a life of mortification in her small room as if in a hermit’s cell. In later years she would advise others not to indulge overmuch in those practices. At 23 she felt a call to give up this hermit’s life and from that day she lived in what she liked to describe as ‘the cell of selfknowledge’, the realisation of being a grain of dust facing its Creator. By that time she already had an exceptional source of strength deep down in herself, and her education from then on was completed when she moved among people and came close to their sufferings. Her dedication to the poor and the sick, in a word to all that found themselves in whatever need, provided her with a very clear view of the world in which she lived. It made her realise how cruel were the political forces and how the behaviour of the Church that had been instructed differently by Christ, was one of the determining factors of the ills of her society.

Santa Catalina pudo haber sido caracterizada en su primera juventud como una niña de excepcional devoción. Desde una edad muy temprana la conmovió el amor de Dios y de un carácter fuerte y disciplinado, llevó una vida de mortificación en su pequeño dormitorio como si fuera la celda de un ermitaño. En los años posteriores aconsejaría a otros que no se sujetaran a esas prácticas. A los 23 años sintió un llamado para dejar su vida de ermitaña y desde ese día ella vivió lo que usualmente describía como la "celda del auto conocimiento" la comprensión de ser un grano de polvo mirando a su Creador. Por ese tiempo ella ya tenía una fuente excepcional de fortaleza muy en lo profundo de su ser; de ahí en adelante su educación se completó mientras se desenvolvía entre la gente y estaba cerca de sus sufrimientos. Su dedicación a los pobres y enfermos, en una palabra a todos aquellos que tuvieran alguna necesidad, le proporcionaba una clara visión del mundo en el que ella vivía. Le hizo comprender cuan crueles eran las fuerzas políticas y cómo la conducta de la Iglesia que había recibido enseñanzas diferentes de Cristo, era uno de los factores determinantes en todos los males de su sociedad.

Catalina se decidió a luchar, no tanto contra el orden político como contra los políticos, especialmente cristianos que se comportaban tan mal. Se dirigió a reyes y emperadores, papas, cardenales, obispos, autoridades de la ciudad y todos aquellos que gobernaban el mundo a quienes juzgaba responsables de triste estado del mundo. No hay forma de llamar progresista a Catalina; por ejemplo, pareció no sentir que el papado requería una drástica reforma. Sin embargo, hizo notar a los papas que necesitaban grandes cambios en la forma que se comportaban. Visitaba los sitios más diversos, entre ellos lo que ahora llamaríamos la Calle de la Muerte. Sabemos a través de por lo menos una persona el gran consuelo que ella irradiaba cuando acompañaba a un joven que había sido condenado a muerte todo el camino hacia el patíbulo. El hombre joven abandonó todo temor cuando Catalina se arrodilló al lado del bloque para recibir su cabeza en sus manos.

Nos han llegado aproximadamente mas de 360 cartas, prueba de cuanto habían apreciado los receptores de las mismas aun cuando contenían serias reprimendas en relación con sus acciones. Las cartas de Catalina siempre fueron claras en sus reproches, pero al mismo tiempo tan llenas de amor y humildad que los que recibían las cartas rara vez se volvían sus enemigos.

A nuestros contemporáneos les debe ser difícil imaginar imaginar cómo Catalina manejó los viajes de su "vida pública" que la llevaron a Avignon y la corte del Papa. El viaje de Florencia a Avignon con el Mantellates, un tipo de Tercera Orden Dominica a la cual ella pertenecía y de cuyos miembros ella fue la líder espiritual, le tomó dos meses. Viajarían a pie, en burros, en carruajes. Tenía que buscar hospedaje y aprovechar la oportunidad para dar instrucción religiosa y atender a los enfermos. Las mujeres se turnaban en las labores domésticas. Esta escena es reminiscente del grupo de mujeres que rodeaban a Jesús de Nazareth. En este caso, la figura central grupo era Catalina de Siena.

Pese a que muchas personas piensan que fue Catalina quien hizo que los papas movieran sus cortes de Avignon a Roma, N.G.M. van Doornik, con quien estoy en deuda por haberme proporcionado la mayor parte de la información de este artículo, me dio la evidencia que este no es el caso. Los papas habían pensado ya durante mucho tiempo que era lo mejor que podían hacer. Catalina le dio el empuje final al Papa. [Cf. Een vrouw die niet zweeg in de kerk, Caterina van Siena by N.G.M. van Doornik, Nijmegen 1980]

El amor de Catalina comprendía todo el mundo, todos los humanos amigos y enemigos, Cristianos y no Cristianos. Cuando ella se sentía llamada a dirigir una cruzada le daba ánimos a reyes y nobles para que no maten al enemigo sino que se prepararan para poner sus propias vidas para la salvación del oponente. Ella mismo no tenía temor de morir. Los soldados que eran mandados para capturarla eran recibidos por Catalina de la forma que Jesús se acercaba a aquellos que vinieron a sacarlo del Jardín de Getsemaní: " si me buscan para tomarme prisionero, aquí estoy, pero no permitan que mi gente sufra daños."

Además de sus cartas debemos a Catalina el trabajo místico de Diálogo de la Divina Providencia, un clásico que debe estar en las bibliotecas, aún aquellas no religiosas. Su propia madre, que sobrevivió a Catalina y murió cuando tenía noventa años, solo comprendió muy tarde a la gran mística a quien había traído al mundo.

¿Qué pueden aprender nuestros contemporáneos de Catalina? Ella les daba ánimos a todas esas mujeres, casadas o solteras, dentro o fuera de los conventos que siempre alimentan al hambriento, dan de beber al sediento, visten a los pobres, cuidan a los enfermos buscan y dan asilo a los que lo necesitan, entierran a los muertos y nunca dejan de denunciar los males sociales o de la iglesia. Ella nos anima a buscar en nuestras almas la fortaleza para crecer en el amor y perseverar en el servicio.

Theresia Saers

traducida por Lola Varas, Ecuador