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INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN

¿Qué intuía Miguel Ángel, cuando, rompiendo los esquemas y prejuicios ideológicos de su tiempo, colocaba en el Altar del "Sacrificio de Noé", nada menos que en la cúpula de la Capilla Sixtina del Vaticano, a tres mujeres ejerciendo funciones sacerdotales? (l) ¿Qué pretendía decir al dejarlas ahí, siglo tras siglo, inconmovibles ante las miradas indiferentes de visitantes y autoridades eclesiásticas, testigos mudos de concilios, cónclaves, concelebraciones y otros acontecimientos y decisiones eclesiales? ¿Acaso intentaba adelantarse en el tiempo? o ¿retroceder al pasado?, ¿soñaba o profetizaba?, ¿nostalgia o utopía?, ¿era una intuición o era un reto?

No pensaban lo mismo los Padres sinodales de Calahorra cuando, en épocas no muy distantes de aquéllas, alejaban más y más a las mujeres de los altares, porque "trae muy grande indecencia consigo" el hecho de que seroras o freilas, en el País Vasco (2), "andan en la sacristía entre los sacerdotes y se llegan a los altares a encender velas, y manosean los ornamentos y vasos sagrados, además de otros inconvenientes que se siguen en materia de honestidad"... (3), "este desastroso abuso y los escándalos que de ahí dimanan" (4) deberían ser suprimidos como "indecente corruptela"; como eliminadas fueron también las mujeres de los otros ámbitos de la vida social y eclesial, reducidas a la clausura monástica y también doméstica" (5), cerrándoseles las puertas de las universidades o de cualquier otra fuente del saber y un largo etcétera de marginaciones, hasta hacerlas de tal forma inapreciables e insignificantes que ni siquiera las encontramos en las grandes apoteosis celestes, por suerte reflejo solamente de las terrestres, plasmadas por muchos artistas del Renacimiento (6). Todo ello forma parte de un cuadro antropológico, cultural, religioso, social, muy complejo, en el centro del cual, a mi juicio, está ubicada, también, la cuestión del sacerdocio.

Efectivamente, el asunto del presbiterado femenino no es en absoluto una cuestión ni marginal ni accidental o/y aislada en el confinamiento de las mujeres a la invisibilidad eclesial. Porque si, como dice Karl Rahner, "estas dos potestades juntas -la de Orden y la de Jurisdicción- son la base de la visibilidad y de la unidad visible de la Iglesia" (7), así, es evidente que las mujeres, al estar alejadas constantemente de ambas potestades dada su "incapacidad" para recibir el sacramento del Orden, sufren las consecuencias inevitables en lo que respecta al acceso a los estamentos condicionados por dicha potestad para la jurisdicción, y así son mantenidas en la invisibilidad y convertidas en imperceptibles feligresas de muy segundo orden, repitiendo y prolongando una larga historia de dependencia y sumisión.

Una consecuencia evidente ha sido también la reclusión en la ignorancia, ya que se les ha privado de la posibilidad de traspasar los ámbitos del saber teológico, no solamente como "docentes", sino que también han sido privadas de la "discencia", entre otras razones porque no iban a ser ordenadas, y se les han negado, hasta épocas excesivamente recientes, todas las oportunidades no sólo de introducirse en la "potestad de magisterio", sino también de encontrar cauces y herramientas para la aportación de una reflexión teológica realizada desde ellas mismas. Aún, hoy en día, las dificultades que encuentran las mujeres para poder enseñar teología son enormes.

No podemos minimizar esta situación, ni reducir a secundario el problema de las Órdenes sagradas para las mujeres. Este asunto no es solamente "la punta del iceberg", como a menudo se dice, o una cuestión más o menos marginal; es causa y manifestación, las dos cosas, de una situación de dependencia y sumisión en la que se ha venido confinando, a lo largo del tiempo y del espacio, a las mujeres dentro de la Iglesia, y que afecta tanto a la estructura y comunidad eclesial como a las mismas mujeres mucho más de raíz de lo que normalmente se viene reconociendo.

La discusión está ya establecida. Las opiniones a favor y en contra del presbiterado femenino se multiplican, desde hace tiempo, en el seno de la Iglesia Católica (8); pero no cabe duda de que estas cuestiones han sido reavivadas después de los recientes acuerdos tomados dentro de la Iglesia Anglicana de Inglaterra en pro de la ordenación de las mujeres, y de la reacción romana ante esas decisiones.

La cuestión es indudablemente controvertida, lo que no beneficiaría a una exposición que quisiera evitar el conflicto. En estas páginas intentaremos entrar, dialéctica y lo más profundamente posible, en el tema, y también, creo que es nuestro deber, sin eludir la polémica. Una polémica, a veces difícil, a veces dura y dolorosa, porque, sin duda, resultaría mucho más gratificante situarse en la "línea oficial" de una Iglesia a la que de todo corazón se ama. Pero entrar en esta discusión sinceramente, e intentar aportar desde la búsqueda, es también una expresión de amor auténtico a la Iglesia, así como de solidaridad con las mujeres de la Iglesia.

1. Dato que resalta MAIO, R. en Mujer y Renacimiento, Madrid 1988. p. 16.

2. Nos referimos a las "freiras" o "seroras", mujeres eclesiásticas que existían en todo el País Vasco, incluyendo Iparralde, pero no en el resto del Obispado de Calahorra. En estas épocas y hasta fechas relativamente recientes, esta Diócesis abarcaba, además de la Rioja, la mayor parte de los territorios de Álava, Vizcaya y una zona de Guipúzcoa.

3. LEPE, P. Constituciones Sinodales antiguas y modernas del Obispado de Calahorra y la Calzada..., Madrid 1700. L. III, tit. XII, fol. 497.

4. Ibid. Referida a la carta del Cardenal Lancerote al Obispo de Calahorra, Marzo 1619. L. III, tit. XII, fol. 497

5. Sobre este tema, ARANA, M. J. La clausura de las mujeres. Mensajero, Deusto, Bilbao 1992.

6. Por ejemplo: Disputa del Sacramento, de Rafael; el cielo del Entierro del Conde de Orgaz, de El Greco; el Retablo de Mantegna, etc... Bien es verdad que la Virgen suele estar generalmente presente, pero, como señala R. de Maio, más como una señal del alejamiento y diferenciación que muchos autores quisieran lograr entre María y las demás mujeres que como una real comprensión de la Madre de Jesús como mujer.

7. RAHNER, K. La incorporación a la Iglesia según la Encíclica de Pío XII "Mistici Corporis", en "Escritos de Teología", Madrid 1963, tom. II, p. 15. Grafía: añado la negrilla por interés respecto a este tema concreto. Esto mismo haré en textos siguientes, por lo que no creo necesario advertirlo cada vez. Solamente lo indicaré en caso de que sea el mismo autor el que lo haga resaltar.

8. En la actualidad existe mayor número de autores que escriben a favor del sacerdocio femenino y serán los que aparezcan más frecuentemente citados en las notas y bibliografía general; sin embargo aquí citaremos algunos de los no favorables: BOUYER, L., Mystère et ministères de la femme, Aubier Montagne 1976. HOURCADE, J., La femme dans 1’Église, Edit. Tequi, Paris 1986. URS VON BALTHASAR, H., The Church and Women. A compendium, Edit. H. Moll, San Francisco 1988. DELHAYE, Ph. Retrospective et prospective des ministères feminines dans l Église, R. Th. Louvain... Un buen material para seguir de cerca la contienda es el de La Documentation Catholique vgr. n. 1450, 1488, 1596...

Traducción: Lola de Varas


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