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EL MULTIFORME MUNDO PROTESTANTE
CAPÍTULO TERCERO

El Multiforme Mundo Protestante

por María Salas

Las Iglesias protestantes son muchas, autónomas y muy variadas, por lo cual es imposible conseguir una exposición detallada de la situación en cada una de ellas, ni siquiera considerando en conjunto las grandes tradiciones, luterana, calvinista, metodista, etc., ya que también dentro de ellas se dan diferencias. Lo más que se puede dar es una visión general que inevitablemente deja fuera todos las situaciones particulares y los casos de excepción.

Por lo tanto, vamos a tratar de ofrecer primero una panorámica general que se completará con la descripción de dos casos particulares que aclaran la visión de conjunto.

Respecto a la ordenación de mujeres, todas las Iglesias protestantes parten de un presupuesto básico favorable, ya que la Reforma, como hemos dicho anteriormente, no cree en el sacramento del Orden y no otorga al sacerdocio carácter sagrado. En su caso, el pastor es un laico con formación teológica adecuada, encargado de una función especial dentro de la comunidad.

Podríamos decir, siguiendo a Martine Millet, que en el protestantismo el debate sobre la posibilidad hacer pastor a la mujer debería haberse resuelto de inmediato, "pero culturalmente la Reforma quedó prisionera de una visión patriarcal de la sociedad". (l).

La situación no cambió mientras la sociedad no lo hizo. Las Iglesias de menor volumen y con estructuras más simples evolucionaron más rápidamente. Así ocurrió con algunas Iglesias de misión. Las Iglesias de mayor complejidad estructural tuvieron más problemas. En los países escandinavos, en los que la Iglesia luterana es la Iglesia del Estado, el parlamento se pronunció a favor de modificar la Constitución de1925 para que las mujeres pudieran acceder a los ministerios, pero, en un primer momento, las Iglesias presentaron una fuerte oposición.

De todas formas durante los últimos cincuenta años el acceso de la mujer al ministerio pleno ha seguido en las Iglesias protestantes un proceso de aceptación progresiva aunque sin llegar a la unanimidad "ya que existen ciertas congregaciones luteranas, bautistas y evangélicas procedentes de EE. UU. que no consagran mujeres". (2)

Sin embargo, hay que hacer constar que otras se adelantaron, como, por ejemplo, la Iglesia Libre Unida de Escocia o la Iglesia Evangélica Luterana de los Países Bajos, que desde 1929 admiten que las mujeres tengan acceso a todos los ministerios

Según un informe del Consejo Ecuménico, en 1983 la mitad de las Iglesias miembros del CEI ordenaba ya mujeres, aunque no pudiera equilibrar numéricamente el peso de los tres grandes cuerpos eclesiásticos que no lo hacían, a saber, las Iglesias ortodoxas, la mayoría de las Iglesias anglicanas y la Iglesia romana.

Aunque no existen informes completos que recojan la situación pormenorizada de la ordenación de mujeres en todas y cada una de las Iglesias protestantes, de vez en cuando aparece algún estudio que ofrece datos muy interesantes: Iglesias que ordenan y que no ordenan; desde qué fecha lo hacen y hasta qué grado. El publicado en la revista Concilio en 1968 fue muy ilustrativo de la situación en 69 Iglesias protestantes. Sin embargo, hay que leer con cuidado porque la respuesta afirmativa a la pregunta "¿el ministerio es ya accesible a la mujer?" puede quedar muy condicionada por la contestación dada a la siguiente pregunta "¿en qué medida?". En aquel momento muchas de las 69 Iglesias consultadas otorgaban ministerios a la mujer, pero en muchos casos no se trata del ministerio ordenado.

Además, estos informes, muy valiosos y que ayudan a hacerse una idea, no facilitan los datos más significativos: qué hacen en realidad estas mujeres ordenadas, cuál es su relación con los pastores varones, cómo se las elige, etc.

Lo que sí sabemos es que el camino hacia la ordenación de mujeres no fue fácil y pasó por varias etapas. Aunque, como hemos visto, la mayoría de las Iglesias protestantes declaran que no hay ninguna objeción para conceder el ministerio pleno a la mujer, no todas pasan de la teoría a la práctica, por motivos culturales o de otro tipo.

En segundo lugar, las que lo hacen, han ido escalonando el proceso. Algunas mujeres que fueron ordenadas hace ya bastantes años tuvieron que aceptar condiciones especiales y claramente discriminatorias respecto a los varones ordenados.

Algunas lo recuerdan con cierto humor al cabo del tiempo. Una pastora suiza nos cuenta: "Durante la Segunda Guerra Mundial yo estudiaba teología en Basilea. En 1946 aprobé el examen final y practiqué en un vicariato hasta la primavera de 1947. En junio de ese año fui ordenada pero se me exigió mantener el celibato y además el obispo me advirtió que nunca recibiría un puesto dentro de la comunidad". Ya era bastante excepción que el obispo la ordenara acogiéndose a una posibilidad que le ofrecían las constituciones particulares de su diócesis, diferentes de las demás. Para generalizar esta situación excepcional, debían ser cambiadas las constituciones de la Iglesia Evangélica de Suiza y esto, dice nuestra interlocutora con ironía, lo tenían que hacer los varones, detentadores de la autoridad, lo cual lo convertía en algo muy incierto. Es preciso recordar que Suiza no otorgó a las mujeres el derecho al voto hasta 1971, por lo tanto el ambiente allí no era favorable a tales cambios.

Esto, que podría ser un caso aislado, se repite en otros países, lo cual nos hace suponer que llegó a ser norma habitual. Dos casos concretos nos indican el proceso seguido.

1. Iglesia Evangélica de Austria

En la Iglesia Evangélica de Austria, según un estudio de Ruth Niederwimmer, las cosas siguieron un itinerario parecido (3). Algunas mujeres habían empezado a estudiar teología bastante pronto, ya hacia los años veinte, pero una vez terminados, sus estudios no tenían la misma validez que los de los varones. Esto fue objeto de algunas controversias y de un informe del Decanato evangélico de teología de 1923.

En la Segunda Guerra Mundial la escasez de pastores, producida por la movilización de los varones, hizo que en 1940 se cambiaran las Constituciones de la Iglesia Evangélica Austriaca a fin de permitir que las teólogas fueran aceptadas en la lista de candidatos para cubrir vicarías vacantes en las parroquias. Con este cambio se hizo posible que ellas atendiesen pastoralmente a mujeres y niños, enseñasen la Biblia y llevasen los asuntos administrativos en la oficina, pero no se les permitía la predicación pública ni la administración de sacramentos.

Económicamente estaban en desventaja con sus colegas varones puesto que recibían un sueldo base un 80% menor que el de ellos. Además, debían permanecer célibes y si se casaban se les separaba del servicio, aunque excepcionalmente el Consistorio Supremo de la Iglesia podía autorizarlas a contraer matrimonio. Tampoco tenían derecho a vivienda parroquial ni a suplemento por alquiler.

Estas condiciones fueron mejoradas en 1943, pero al término de la guerra, con la vuelta de los pastores excombatientes, las disposiciones de emergencia fueron derogadas.

Durante tres décadas, en sucesivos Sínodos, las mujeres de la Iglesia Evangélica de Austria fueron mejorando poco a poco sus condiciones, pero hasta 1978 no consiguieron poder llevar el título de "párrocos".

2. Iglesia Reformada de Francia

La situación en la Iglesia Reformada de Francia ha sido estudiada por Martine Millet en el libro ya citado que seguimos fielmente.

La cuestión se plantea durante la Primera Guerra Mundial, aunque se conoce un texto sinodal anterior, del año 1905, que pide para las mujeres un ministerio específico, considerado como "complemento" del ejercido por el pastor, al cual vendría a "secundar" (4).

Ello hace que se plantee la necesidad de elaborar normas sobre el ministerio femenino. El primer texto aparece en el Sínodo nacional de París-Batignolles en 1916. Dos años más tarde, en 1918, aparece por primera vez en un texto sinodal la demanda de un acceso pleno de la mujer a todos los ministerios.

En 1927 la Iglesia de Alsacia y Lorena decide abrir el ministerio pastoral a la mujer, pero, como en las otras naciones vecinas, bajo el estatuto de "ayuda al pastor". Este ministerio se reserva también a mujeres célibes o viudas y solo como excepción se concede a mujeres casadas.

En la Iglesia Reformada de Francia la primera ordenación de una mujer al ministerio pastoral con responsabilidad parroquial plena se celebró en 1930, pero la aceleración del, hasta entonces, lento proceso tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, provocada otra vez por la penuria de pastores.

La ausencia de pastores, que habían sido movilizados, hizo necesario que algunas mujeres se hicieran cargo del trabajo pastoral. Esta tarea recae la mayoría de las veces en la mujer del pastor, que se ve obligada a sostener la escuela parroquial, animar las reuniones, presidir los cultos, quizás a bautizar y enterrar en algunos casos.

Como en Austria, también en Francia se planteaba el ministerio femenino en dependencia del ministerio pastoral masculino. Según Martine Millet, se definía mejor por las prerrogativas que no tenía (predicación de la palabra y administración de los sacramentos) que por las tareas que podía ejercer.

Varios sínodos regionales y el sínodo nacional de la Iglesia Reformada de Francia de 1948 trataron sobre la posibilidad de ordenar mujeres sin llegar a un acuerdo "por no considerarse con capacidad para resolver la cuestión ahora mismo".

Un año más tarde, en 1949, el Sínodo nacional mantiene una sesión a puerta cerrada, en la que estudia y decide la ordenación de una mujer, Elisabeth Schmidt, como medida excepcional y en tanto la interesada no contraiga matrimonio.

Es un paso importante que cuesta dar, como vemos, y supone una clara discriminación, puesto que los pastores varones estaban autorizados, y quizás animados, a casarse.

Para Martine Millet las pastoras de esta primera generación se vieron obligadas a esconder su feminidad y su sensibilidad, iban mal vestidas, con colores oscuros, tenían aspecto masculino, ademanes decididos y debían ser capaces de soportar bromas y chistes.

Casi treinta años deben pasar hasta conseguir el pleno acceso de la mujer al ministerio pastoral. La cuestión fue tratada en los Sínodos regionales del año 1964 y Sínodo nacional, celebrado en Nantes en el año siguiente.

Los debates, largos y difíciles, volvieron una y otra vez sobre los argumentos bíblicos, teológicos y eclesiales. Se tuvieron en cuenta también las razones culturales y psicológicas. Se volvió a tratar la cuestión del celibato impuesto a Elisabeth Schmidt en 1949. Finalmente el Sínodo de Nantes optó por una decisión favorable de manera contundente.

A partir de 1966 se opera un cambio fundamental. El Sínodo General de la Iglesia Reformada de Francia, celebrado del 29 de abril al 2 de mayo, aprueba el acceso de las mujeres al ministerio ordenado. Las mujeres entran de manera oficial en el ministerio pastoral.

Como ha sido habitual cada vez que la mujeres ocupan un terreno inexplorado para ellas, las nuevas pastoras se vieron obligadas, por un lado, a demostrar que eran "capaces" y, por otro, a resolver un difícil problema: lograr ser aceptadas en un medio más o menos resistente, y seguir siendo ellas mismas, con el cambio que esto podría suponer respecto a la imagen tradicional del pastor.

Esta segunda generación de mujeres pastoras, siempre según Martine Millet, no tiene que combatir con el mismo ahínco que la anterior. Ahora lucha, junto a jóvenes colegas varones, por descubrir el verdadero sentido de los ministerios y para que se abra en el seno de la Iglesia una reflexión profunda sobre el papel del pastor, que no debe ser "un personaje" sino un servidor. Con ello han abierto una brecha y han introducido un aire nuevo, pero no han sabido o no han podido cambiar la Iglesia.

Conviene darse cuenta de que estas mujeres no tenían modelo pastoral. Cada una se introdujo en el molde existente como pudo y tuvo que reinventar el ministerio adaptándolo a su situación familiar más exigente que la del varón.

La tercera generación ha tomado ya el relevo. Son mujeres jóvenes, dinámicas, con experiencia profesional. Consideran natural disfrutar de ciertos derechos que a sus madres les costó muchos esfuerzos conseguir. Buscan una nueva forma de "vivir con los hombres" y rechazan un feminismo que les sitúe "contra" ellos.

Sus reivindicaciones son ahora de otro tipo: ¿cuál es su espacio de intimidad?; ¿hasta qué punto deben sacrificar su vida personal a la tarea pastoral?; ¿cuáles son sus posibilidades de tiempo libre?, etc. Supongo que en esto pueden ir muy bien de la mano de sus colegas varones de la última generación.

Estos dos ejemplos parecen dar la razón al informe elaborado por la revista Concilium según el cual el proceso de incorporación de la mujer al sacerdocio en las Iglesias protestantes suele seguir estos pasos: la mujer es integrada en el servicio de la Iglesia, pero este servicio se diferencia del ministerio; la mujer es admitida a ciertos ministerios que se parecen al antiguo diaconado; la mujer es admitida a la predicación, pero a título auxiliar; se le concede el acceso a todos los ministerios, incluida la posibilidad de celebrar la cena, pero bajo la supervisión de un colega masculino; se le permite ejercer plenamente todos los ministerios pero se le adjudican regiones pobres o grupos especiales: enfermos, ancianos, niños (5).

En resumen, como en la vida civil, en las Iglesias protestantes las mujeres van ocupando paulatinamente nuevas responsabilidades y nuevos ámbitos de actuación, pero siempre, salvo excepciones, manteniendo una cierta distancia respecto a sus colegas masculinos.

 

 

1. MILLET, M.: Le ministère pastoral de femmes dans le protestantisme francais. 1992.

2. RUIZ DE MIGUEL, DÁMARIS: "Ordenación de las mujeres en la Iglesia evangélica", en "Y...Dios creó a la mujer". XII Congreso de Teología. Centro "Evangelio y Liberación". Madrid 1993.

3. NIEDERWIMMER, RUTH: Die Frau im Kirchlichen Dienst in Osterreich. Artículo policopiado.

4. MILLET, M. op. cit.

5. Revista CONCILIUM, n. 34, 1968, pág. 152.

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