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LA SITUACIÓN EN LA COMUNIÓN ANGLICANA
CAPÍTULO CUARTO

La Situación en la Comunión Anglicana

La comunión anglicana se compone de una serie de Iglesias procedentes de la Iglesia de Inglaterra, surgida ésta a su vez de la ruptura de Enrique VIII con Roma. Estas Iglesias están esparcidas por toda la Commonwealth y son autónomas cada una de ellas. A1 no existir ninguna autoridad superior común, mantienen una precaria unión, puesta en mayor peligro al surgir nuevas Iglesias en los antiguos países colonizados de África y Asia, en diferentes contextos religiosos y culturales.

Conscientes de este problema, desde 1865, las diferentes Iglesias de la comunión anglicana se reúnen periódicamente en lo que se ha dado en llamar Conferencia de Lambeth, tomando la denominación del nombre que lleva el palacio del primado de la Iglesia de Inglaterra en Londres. Las Conferencias de Lambeth, cuyas resoluciones son sólo indicativas y no tienen autoridad jurisdiccional, se vienen sucediendo desde entonces a un ritmo de una cada diez años aproximadamente. La última, que hace el número XII, se celebró en agosto de 1989.

1. La Iglesia de Inglaterra, cercana a Roma

Dentro del mundo cristiano, la comunión anglicana en general, y la Iglesia de Inglaterra en particular, ha mantenido siempre una postura intermedia entre el Protestantismo y la Iglesia Católica, con un acercamiento progresivo y paulatino hacia esta última.

Este acercamiento se intensificó después del Concilio, en el que participaron observadores de la Iglesia Anglicana invitados por Juan XXIII, y tuvo un momento estelar en la visita que el arzobispo anglicano de Canterbury, Michael Ramsey, hizo a Pablo VI en marzo de 1966. En esta histórica visita el Papa declaró: "ha sido reconstruido un puente que se había hundido hace siglos".

De acuerdo con su deseo de mantenerse en un punto intermedio que le permitiera dialogar con todos, la Iglesia de Inglaterra durante años ha evitado cuidadosamente añadir cualquier nuevo punto de fricción a los ya existentes, que, por otra parte, se iban suavizando y auguraban un posible mutuo reconocimiento.

2. Una brecha en el diálogo

Sin embargo, la ordenación de mujeres ha abierto una brecha en el prometedor diálogo. Se trata de un asunto delicado que no ha surgido de pronto sino que tiene una ya larga historia.

Podríamos encontrar sus antecedentes en el siglo XIX, en cuya segunda mitad se inicia una evolución en el seno de la comunión anglicana al implantarse nuevas formas de ministerio accesibles a las mujeres. Según cierto informe, "estas nuevas formas de servicio son en realidad una amplificación del antiguo ministerio de las diaconisas, conocido también en las Iglesias ortodoxas y que es preciso no confundir con el diaconado propiamente dicho" (l).

A pesar de esta apertura a nuevos ministerios para la mujer, la comunión anglicana en su conjunto siguió manteniendo a las mujeres lejos de la ordenación sacerdotal, aunque empezaron a surgir en su seno opiniones favorables al cambio.

Durante un tiempo la Iglesia de Inglaterra trató de evitar el debate doctrinal sobre este asunto. Según el informe de la revista Concilium citado más arriba, de acuerdo con su actitud pragmática, deseaba mantener la intercomunión con las Iglesias metodistas y escandinavas, que admiten la integración plena de la mujer en el ministerio, sin perder el contacto con la Iglesia Católica y la Ortodoxa que no la admiten.

La cuestión estalló por la vía de los hechos consumados. En plena Guerra Mundial, y ante la dificultad de asegurar la asistencia religiosa de sus comunidades por falta de pastores, el obispo de Hong-Kong, reverendo O.Hall, por sí y ante sí, ordena sacerdotalmente el día 25 de enero de 1944 a la diaconisa de raza china Li Tim Oi. Al conocerse la noticia se produce una gran controversia dentro del anglicanismo, con predominio de las posturas negativas que consideran "ilegal" esta ordenación. Hasta tal punto es fuerte la oposición que la interesada renuncia a su cargo y deja de ejercer el ministerio ordenado (2).

Puesto que las objeciones se basaban sobre todo en los aspectos legales y no en cuestiones de fondo, en la conferencia de Lambeth de 1948 la diócesis de Hong-Kong solicita que se autorice la ordenación de mujeres a título experimental y durante un cierto tiempo. La respuesta fue negativa.

Este fallo supone sólo una tregua. En la conferencia de Lambeth de 1968 la cuestión volvió a plantearse y esta vez se llega a la conclusión de que los argumentos presentados, tanto a favor como en contra de la ordenación de mujeres, no son concluyentes, y se pide a todas las comunidades anglicanas que promuevan un estudio y envíen sus conclusiones al Consejo consultivo.

Las opiniones estaban muy divididas y parecían tan irreconciliables como beligerantes. Ante esta situación, el Consejo consultivo, en 1971, por 24 votos a favor y 22 en contra, aprueba una resolución salomónica consistente en considerar válida la ordenación sacerdotal de mujeres, siempre que sea decidida por un obispo con respaldo de su sínodo respectivo. Ese mismo año empiezan las ordenaciones "legales", pero se producen también algunas que no cumplen los requisitos requeridos, como 11 ordenaciones simultáneas que fueron conferidas en Filadelfia en 1974, antes de que el Sínodo de la Iglesia episcopaliana de EE.UU. hubiera dado su acuerdo.

Éste llegó en 1976 y entonces se regularizaron todas las ordenaciones anteriores.

En 1975 la Iglesia Anglicana de Inglaterra, madre y cabeza del anglicanismo, da un paso decisivo. En su Sínodo general, celebrado en la ciudad de York, se presentó un informe oficial sobre la posible ordenación de mujeres en el que se estipulaba que no existen objeciones fundamentales contra ello. Sometido el asunto a votación fue aprobado por 256 votos contra 180. En esta ocasión se animó a los participantes a revisar los argumentos teológicos esgrimidos hasta el momento.

3. Intercambio epistolar entre Canterbury y Roma

Ante este radical cambio de postura, el entonces arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia de Inglaterra, doctor Coggan, dirige al papa Pablo VI una carta, fechada el día 9 de julio de 1975, en la que, recordando la visita de su predecesor a Roma en 1966 y el "serio diálogo" que entonces se inició entre ambas Iglesias, le informa de "la lenta pero constante difusión dentro de la comunión anglicana de la convicción de que no existen objeciones fundamentales de principio a la ordenación sacerdotal de la mujer". (3)

Pablo VI contesta el 30 de noviembre del mismo año haciendo también referencia al serio trabajo realizado por las dos confesiones cristianas y la disposición de franqueza y confianza lograda. El Papa toma nota de la información acerca del "problema surgido" y reconoce con pesar que "no puede dejar de introducir en este diálogo un elemento de grave dificultad"

Al año siguiente, 1976, vuelven a cruzarse cartas entre los dos interlocutores en las que ambas partes defienden su postura con pesar y respeto mutuo. El arzobispo de Canterbury introduce finalmente esta vez una nota que invita a la reflexión: "Nosotros creemos que la unidad se manifestará en una diversidad de legítimas tradiciones, porque el Espíritu Santo no ha dejado nunca de estar activo en las Iglesias locales de todo el mundo. En ocasiones, lo que a una de las dos tradiciones parece ser genuina expresión de tal diversidad en la unidad, aparecerá a la otra como algo que avanza mas allá de los límites de la legitimidad. Tal es el caso actual de la discusión en el seno de la comunión anglicana acerca de la ordenación de las mujeres".

Pablo VI, por su parte, reitera su tristeza al tropezar con este nuevo obstáculo. Y añade: "Sin embargo, la crisis de la virtud de la esperanza significa no corresponder a la obra del Espíritu Santo".

Ambos interlocutores se esfuerzan claramente por no retroceder en el camino de reconciliación hacia la unidad.

Los sucesores de ambos corresponsales vuelven a cruzar cartas ocho años más tarde, pero ahora Juan Pablo II es el que toma la iniciativa. El nuevo arzobispo de Canterbury, reverendo Robert Runcie, acusa recibo y contesta después de una consulta confidencial con los primados de las provincias autónomas de la Comunión Anglicana. El contenido de las cartas, de tono más preocupado y menos afable, es el mismo en el fondo (4). Se empieza a vislumbrar que nada podrá detener el proceso iniciado en la Iglesia Anglicana.

Todavía en 1988 hubo otro intercambio de correspondencia entre el doctor Robert Runcie y Juan Pablo II en el que la nota de preocupación ha subido de tono y las apelaciones a la deseada unidad se hacen casi dramáticas.

4. Se rompen los diques

La XI Conferencia de Lambeth de 1978 confirmó la decisión del Consejo consultivo según la cual cada provincia era libre de actuar en este asunto de acuerdo con sus convicciones. Se creó un clima de gran tensión en el que numerosos pastores hicieron constar el peligro de cisma dentro de la comunión anglicana y algunos de ellos hablaron de la posibilidad de pasarse a la Iglesia Católica si se aprobaba el acceso de las mujeres al sacerdocio.

En 1985 la Iglesia de Inglaterra aprueba la ordenación de mujeres al diaconado. Las diaconisas formarán parte del clero, llevarán el título de reverendas, podrán bautizar, casar y enterrar, pero no podrán presidir la eucaristía ni dar la absolución, funciones reservadas a los sacerdotes. El propio arzobispo de Canterbury, doctor Runcie, ordenó en 1986 a un centenar de diaconisas. Ya entonces se auguró que serían las futuras sacerdotes de la Iglesia de Inglaterra.

Mientras tanto, el número de Iglesias que admitían o se preparaban para admitir mujeres a la ordenación sacerdotal seguía aumentando cada día. En la conferencia de Lambeth de 1988 se informa de que en el anglicanismo existen ya 1.298 mujeres ordenadas como sacerdotes, la mayoría de ellas en Norteamérica, donde hay 958 en EE.UU. y 205 en Canadá. El resto está en Nueva Zelanda [94], Kenia [29], Hong-Kong [6], Uganda [4] y Brasil [2].

E1 siguiente paso era previsible. En esta misma conferencia se plantea la posibilidad de elevar a mujeres al episcopado. De 560 delegados presentes, 423 votan a favor y 28 en contra, 18 se abstienen.

La Iglesia Episcopaliana de los EE.UU. se adelantó a todas, y así, en 1989, Bárbara Harris, de raza negra, de 55 años de edad, divorciada, con tres hijos y especialista en ciencias pedagógicas, llega a ser la primera mujer obispo de la comunidad anglicana, al ser consagrada como tal, pero no en calidad de titular sino como auxiliar de la diócesis de Massachusetts.

Según la revista Ecclesia, en la ceremonia de ordenación, celebrada en Boston con presencia de 70 obispos de su Iglesia pero en ausencia de representantes de la de Inglaterra, se oyeron gritos de apoyo y de rechazo, de tal forma que el obispo episcopaliano celebrante, Edmond L. Browning, se vio obligado a poner orden. La recién consagrada, Bárbara Harris, prometió servir fielmente a la Iglesia en su cargo y pronunció las siguientes palabras: "Obedeceré a Cristo y serviré en su nombre".

En noviembre del mismo año, la británica Penélope Jamieson, de 47 años, fue la primera mujer en acceder como titular a una sede episcopal, al ser elegida obispo de Dunedin, Nueva Zelanda. Bárbara Harris participó en su consagración. Posteriormente, en 1992, ha sido elegida una nueva mujer como obispo auxiliar de Washington.

Estas consagraciones episcopales son novedad por lo que se refiere a la comunidad anglicana, porque ya hemos visto que otras Iglesias cristianas tienen también mujeres obispos.

5. Avance lento y dificil

En el Sínodo general de la Iglesia de Inglaterra, celebrado en York en 1986, se esperaba poder someter a votación el acceso de la mujer al presbiterado, pero los propios partidarios del proyecto se abstuvieron de llevarlo adelante por el clima de crispación que se produjo. La periodista española Mary G. Santa Eulalia, que estuvo presente en los debates cubriendo la información, escribió entonces en Vida Nueva: "las dificultades de las dos opciones y la pasión puesta en el debate inspiraron al entonces arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia Anglicana, establecer una tregua para profundizar en la cuestión con mayor serenidad antes de llevar a cabo la votación". (5)

Los ánimos estaban excitados porque el Sínodo se había pronunciado en contra de que pudieran ejercer su ministerio en el Reino Unido las mujeres ordenadas en otros países, aun cuando esta ordenación se hubiera hecho dentro de la comunión anglicana y de acuerdo con la resolución promulgada en 1976 por el Consejo consultivo.

La moción en favor de aceptar en Inglaterra a las pastoras ordenadas en otros países había sido apoyada por el propio arzobispo Runcie y obtuvo el 70% por ciento de los votos, una amplia mayoría sin llegar a dos tercios necesarios.

Los partidarios de la ordenación femenina dentro de la Iglesia de Inglaterra llevaban ya doce años haciendo una campaña lenta pero muy efectiva, de forma que contaban cada vez con argumentos más persuasivos mientras sus adversarios repetían una y otra vez las mismas tesis. En cada votación iba subiendo el porcentaje de síes aunque todavía no se llegase a los dos tercios requeridos.

E1 entonces obispo de Londres, Graham Leonard, animaba al sector adversario que ya entonces movilizaba cerca de 2.300 clérigos de los 10.000 que existen en la Iglesia de Inglaterra y de los que procedía la oposición más fuerte. Contaban además con un grupo muy activo llamado "Mujeres contra la ordenación de Mujeres".

Se empezó entonces a hablar de un posible cisma dentro de la Iglesia de Inglaterra, en caso de que el Consejo general aceptara la ordenación de mujeres. Hace el efecto de que se inició entonces una batalla por la captación de votos más que por analizar los argumentos y sobre todo por tratar de escudriñar la voluntad de Dios. De antemano se había tomado postura y no había razonamiento teológico capaz de hacer cambiar de opinión.

El Sínodo general de 1986 remite el asunto a los obispos, pidiéndoles un informe, que fue enviado en 1987, revisado hasta tres veces y sometido a sucesivas votaciones de tanteo en las que los votos favorables van subiendo en porcentaje sin alcanzar los dos tercios precisos.

En 1990 un proyecto de normas para la ordenación de mujeres al sacerdocio fue enviado a todos los Sínodos diocesanos. De acuerdo con el art. 8 de la Constitución del Sínodo general, éste no podría proceder a la votación definitiva si antes el proyecto no había sido aceptado por la mayoría de los Sínodos diocesanos. El proyecto obtuvo 38 votos afirmativos de los 44 Sínodos diocesanos. Una tal mayoría indicaba que el proyecto podía pasar a la votación del Sínodo general.

Todavía se tomaron nuevas medidas como la de celebrar votaciones por separado en Canterbury y York. La oposición mayor venía ahora de parte de los laicos, seguidos del clero. Los obispos se mostraban los más favorables al sí.

Los opositores, aun antes de escuchar y analizar los argumentos que podrían presenter en el Sínodo los que actuaban a favor de la ordenación de mujeres, habían anunciado que en el caso de perder la votación abandonarían la Iglesia Anglicana.

Se llega así al día 11 de noviembre de 1992, día en el que, en una histórica sesión, el Sínodo general de la Iglesia de Inglaterra somete a votación la propuesta de permitir el acceso de las mujeres al sacerdocio. Para que la propuesta fuera aceptada era preciso que los dos tercios de las tres cámaras -obispos, sacerdotes y laicos- que lo componen dieran un voto afirmativo. El resultado de la votación fue el siguiente:

A pesar de que el Sínodo general de la Iglesia de Inglaterra había dado luz verde a la ordenación de mujeres, éstas tenían que esperar todavía al cumplimiento de ciertos trámites. La nueva norma debía ser aprobada también por el Departamento de Asuntos Eclesiásticos y después por las dos Cámaras del Parlamento británico. Finalmente, precisa ser sancionada por la Reina, máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra. Todos estos trámites hacían prever que las primeras mujeres no podrían ser ordenadas antes de julio de 1994.

La Iglesia Anglicana de Australia aprobó a su vez la ordenación de mujeres pocos días después, el 22 de noviembre de 1992, también por un estrecho margen de votos.

6. En pro y en contra

El resultado de la votación que abría el camino para el acceso de la mujer al ministerio sacerdotal fue una noticia de primera página en los periódicos de todo el mundo occidental. Los medios de comunicación recogieron opiniones en favor y en contra, el arzobispo de Canterbury recibió numerosas felicitaciones (y seguramente también alguna recriminación).

La Iglesia Católica guardó silencio oficialmente, pero algunos de sus altos dignatarios expresaron una vez más su preocupación de que este paso suponga un nuevo obstáculo para el diálogo ecuménico. Hablan de una nueva dificultad y de un freno, mostrando mayor prudencia que algunos comentaristas españoles que en sus escritos parecen negar a la Iglesia Anglicana el derecho a tomar sus propias decisiones.

Muchos católicos y católicas de a pie expresaron también su agrado o desagrado. Algunas entidades publicaron además comunicados tomando postura. Las responsables del Foro de Estudios sobre la Mujer se manifestaron:

Confundidas porque no comprenden que se pueda aceptar como "conversión" una discrepancia con la propia Iglesia.
Preocupadas porque se pueda aceptar la incorporación masiva de los disidentes de una Iglesia hermana, hecho que podría sentar un peligroso precedente en sentido contrario.
Apenadas porque todo el asunto tiene como base el poco aprecio por las mujeres que muestran tanto los solicitantes como los receptores.
Perplejas ante el hecho de que los pastores anglicanos casados puedan ser aceptados por la Iglesia Católica con una ordenación suplementaria, mientras se niega cualquier posibilidad a los sacerdotes católicos casados y ni siquiera se admite el debate sobre el celibato opcional.

7. E1 futuro de los disidentes

De los 553 votos emitidos, 384 fueron a favor y 169 en contra. Aunque la mayoría era clara y se cubría el requisito de superar los dos tercios, había también una fuerte oposición que puede convertirse, se está convirtiendo ya, en un cisma dentro de la Iglesia de Inglaterra. Como habían anunciado de antemano, muchos de los disidentes, quizá millares, desean pasarse a la Iglesia Católica. Previendo esta contingencia el Sínodo General había elaborado de antemano una especie de "garantías económicas" para compensar a los que decidan marcharse por motivos de conciencia.

Para los que, estando en desacuerdo con la medida, deseen sin embargo seguir en la Iglesia Anglicana, el Sínodo General ha previsto que existirán parroquias en las que no habrá mujeres ordenadas.

Por su parte, Roma ha preferido actuar con cautela y tomarse un tiempo antes de acoger a los "rebeldes", de forma que, según Ecclesia, "las negociaciones se han hecho más complicadas de lo que esperaban las buenas voluntades" (6). El Papa ha creado una comisión especial para el caso, de la que forman parte pesos fuertes del Vaticano, como el Secretario de Estado, cardenal Angelo Todano, el cardenal Joseph Ratzinger, el cardenal español Antonio Ma. Javierre, el cardenal Cassidy y otros.

La Conferencia episcopal de Inglaterra y Gales ha elaborado unos criterios por los que se regirá en este delicado asunto y los ha enviado a las otras Conferencias episcopales para su información.

8. Las más directamente afectadas

Se calcula que en la Iglesia de Inglaterra existen alrededor de 1.300 diaconisas que esperan ser ordenadas. Algunas están realizando ya los estudios necesarios para ello. El diario El País publicó un reportaje realizado por Almudena Solana en el que recogía la opinión de 13 mujeres anglicanas que estudian en Wescott House, uno de los centros de estudios teológicos más prestigiosos del Reino Unido, que tiene su sede en Cambridge.

Según el citado reportaje, estas trece aspirantes al sacerdocio, mujeres maduras puesto que todas sobrepasan los treinta años, varias casadas y con hijos, algunas ya diaconisas, se han tomado con calma todo el revuelo producido por la decisión del Sínodo general. Era algo que tenía que llegar y ellas se están preparando serenamente para ese día. Les molestan los aspectos sensacionalistas del asunto y no quieren ni oír hablar de los oportunistas que, tratando de explotar un posible negocio, han lanzado una colección de ropas eclesiásticas diseñadas especialmente para las nuevas sacerdotes. "Es horrible, comenta una de ellas, yo quiero ir con lo que siempre ha sido el uniforme, una sotana negra, sin más florituras".

Sus compañeros varones, 35 en total, parecen aceptarlas con normalidad aunque ellas no están del todo seguras. Una de las profesoras le dijo a la periodista española: "Aquí, en Wescott House, vemos que los hombres no se toman muy en serio nuestra opinión, y eso que este centro es de los más razonables de Inglaterra". Es una situación que conocemos bien las mujeres.

El director de estudios, por su parte, afirma que "se reserva un hueco para que exista intimidad y libertad en estas cuestiones; no se discuten públicamente porque nuestra misión es conseguir el equilibrio". Dificil equilibrio según todos los síntomas.

Estas nuevas pastoras, como sus hermanas de otras confesiones, deberán ganarse a pulso el reconocimiento de propios y extraños, pero quizá consigan cambiar el estilo pastoral reforzando su carácter de servicio y haciéndolo más cálido, más fraternal y más humilde.

 

 

1. CONCILIUM, n. 34, 1968.

2. Emigró a Canadá en 1981 después de largos años de trabajo manual, a veces forzado durante períodos de internamiento en el curso de la revolución china. En 1984, a los 40 años de su ordenación, ésta fue reconocida oficialmente por la Iglesia anglicana en una celebración que tuvo lugar en la abadía de Westminster en Londres. Cita de Femmes et Hommes dans l’Eglise n. 49, mayo 1992, p. 25.

3. El P. Alcalá publica íntegra la correspondencia mantenida por el doctor Coggan y Pablo VI en su libro La mujer y los ministerios de la Iglesia ya citado.

4. Las cartas fueron publicadas en ECCLESIA, en el n. 2.277, de 26 de julio de 1986.

5. VIDA NUEVA, n. 1.539, 26-6-86.

6. VIDA NUEVA, n. 1.890, 17-4-93.

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