Alice

Alice

Mi nombre es Alice. Soy una americana de treinta y tres años. He sido católica toda mi vida. Creo que podría decirse que la Iglesia Católica me capturó muy joven: una enfermera me bautizó al nacer. Solo pesaba dos libras y doce onzas; no esperaban que sobreviviera (había nacido 11 semanas antes de la fecha prevista). Han escuchado aquello de "católica de cuna"; bueno, yo soy "católica de incubadora".

Recuerdo que cuando estaba en secundaria empecé a pensar que me gustaría ser sacerdote. En ese tiempo, teníamos un sacerdote en mi parroquia, St. Stephen Catholic Community, que se involucraba con los jóvenes. Pienso que él me influenció para comprender cuan importante es el ministerio. El se esforzaba por enseñarnos que debíamos permanecer alejados del uso de drogas y alcohol.

En ese entonces yo esperaba que el Papa Juan Pablo II ordenaría mujeres. Recuerdo que era una Estudiante de Secundaria en la Escuela Parroquial y haber visto en la televisión su aceptación del papado. La forma como él contestó la pregunta respecto de la ordenación de las mujeres me hizo pensar que esto era una posibilidad bajo su liderazgo. Pues estaba equivocada!

Cuando era una estudiante del Junior High School, supe que el Papa Juan Pablo II no iba a "abrir ventanas y dejar entrar aire fresco". Sin embargo, asistía a una escuela Protestante sin denominación y eso hacía que me afianzará más en mi propia fe.

Dado que hacía preguntas, leía teología y me mantenía fuera de problemas, en algunas ocasiones mis amigos me preguntaban si estaba considerando convertirme en religiosa. Cuando estaba en la universidad mi madre me decía que "nada la haría más orgullosa". Sin embargo, sabía que no podía consagrar mi vida a una Iglesia que no consideraba que yo era suficientemente buena para el sacerdocio. Aún llegué a pensar en dejar la iglesia por una denominación liberal Protestante.

Mi disgusto con la iglesia me dificultó mas el adentrarme en el espíritu de la Misa. Finalmente, un día mi madre me recordó (severamente) que tenía una obligación con Dios, no importa que problemas tenía con la Iglesia Católica. También me recordó que tenía la responsabilidad de poner buen ejemplo a mis hermanos menores. Siendo una profunda pensadora, asimilé lo que me decía mi Madre y eso fue el detonante que necesitaba para abrir mis ojos y volver a comprometerme con mi Catolicismo.

Lentamente volví a involucrarme en mi parroquia. Me día cuenta que St. Stephen Catholic Community significaba mucho para mí; después de todo, yo había sido miembro desde 1980. He descubierto que Dios usa a St. Stephen Catholic Community como un medio para llevar gente a mi vida para enriquecerla.

Aunque no pueda ser ordenada (mujer y casada ) me considero involucrada en el ministerio y estoy tratando de devolverle a la comunidad lo mucho que me ha dado. En la actualidad soy presidente educativa del consejo de la parroquia en St. Stephen. También soy una Profesora y Catequista Certificada.

Enseñar, definitivamente, es un ministerio -no importa a que programa escolar o educación religiosa esté afiliado. He enseñado en el sistema de escuelas parroquiales de mi diócesis así como en una escuela Judía. En mi opinión, enseñar es un ministerio debido a que realmente le permite a uno tocar la vida de otros.

En mi opinión, la ordenación de mujeres es crucial debido a que la falta de mujeres sacerdotes es una bofetada en la cara para las mujeres que además usualmente son muy dedicadas a los demás. Al no ordenar mujeres, enviamos un mensaje no verbal a la juventud de la Iglesia, que las mujeres no son realmente hechas a la imagen y semejanza de Dios (Por supuesto sabemos que este mensaje no verbal es contrario al libro de Génesis) Además, como mujer adulta sé que sería bueno para mi corazón y alma escuchar a una mujer leer el evangelio, predicar una homilía, presidir en la Eucaristía y escuchar una Confesión. ¿Por qué? Bueno, la razón es que me sentiría mas conectada con el Creador. Me sentiría como si mi hechura física como una mujer es realmente sagrada y no está manchada ni carece de valor como pensaban los santos de las épocas tempranas.

Mi misión del ministerio es servicio. Pienso que los ministros deben ser hombres y mujeres humildes realistas y que realmente escuchen a los demás. Pienso que los ministros deben ser profesionales en su trato con la gente, gentiles, que no deben juzgar y genuinos. Además, un ministro que realmente ha sido llamado por Dios, tiene en mi opinión una sonrisa que refleja lo que existe en su alma -un sincero amor por los demás. Mi visión del futuro ministerio de la Iglesia es un sacerdocio -ordenado así como no ordenado- que involucre ambos géneros y todas las culturas en un espíritu de respeto mutuo.

Personalmente todavía lucho con mi Catolicismo debido a la prohibición actual de la ordenación de mujeres. Hay ocasiones que esto me entristece y hay ocasiones que estoy disgustada por esta situación. Todavía experimento períodos en los que pienso dejar la Iglesia y períodos en los que comprendo que esta no solo es mi religión, sino también mi cultura. Debo admitir que el Catolicismo y la forma de vida Católica están muy dentro de mi ser. Estoy orgullosa de ser un miembro de Llamado a la Acción e Iglesia Futura. Apoyo estas instituciones con mis donaciones financieras y mis oraciones. Leo sus publicaciones y encuentro paz al saber que hay otros católicos que piensan igual que yo.

Creo que este empuje para que haya mujeres sacerdotes definitivamente viene de Dios. Considero que el Espíritu Santo está vivo y en el año 2000. Nos estamos despertando a la aceptación que toda la gente, sin considerar género o raza, es hecha a la imagen y semejanza de Dios. Estamos empezando a entender que negarle a alguien la oportunidad de hacer algo constructivo con su vida, debido a su género o raza es moralmente incorrecto.

Pienso que estamos empezando a entender mejor que a través de la Santa Madre, Jesús realmente elevó la posición de las mujeres en una cultura de hombres dominantes. Se respetó la libertad de María; se honró su habilidad de decidir sobre el curso de su propia vida. Ella compartía una cercanía única y especial con Jesús porque aún Jesús "nació para servir a otros" en diferentes formas.

¿Ordenación solo para hombres??? Deben estar bromeando ¿cierto? Puedo decir honradamente que yo, una mujer tuvo "el llamado", pero la jerarquía no me permitió contestar. ¿Cómo sé que tuve la llamada? Bueno es una inquietud en el corazón, un deseo de ayudar a otros sacramentalmente, un deseo de sacrificio como lo requieren los votos; y una inquietud de seguir los pasos del Gran Maestro que habitó en esta tierra.

Alice - Junio 2000

Traducción: Lola de Varas

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