Nederlands/Vlaams Deutsch Francais English language Spanish language Portuguese language Italiano
Catalan Czech Esperanto Greek Igbo Japanese Korean Latin Malay language Norwegian Polish Swahili Tagalog
Home Page!

Helen Blackburn

Helen Blackburn

Capítulo 12, “The Waiting Time”, del libro In Good Company: Women in the Ministry, editado por Lesley MacDonald, págs. 168-177. Este extracto se publica en este sitio de Internet, con permiso del autor y la publicadora.

Puede ordenar el libro a través de Andrew Press, al tel. 0131-2255722, ISBN No. 1 901557 15 4; cuesta £ 9.99. Derechos de autor de Wild Goose Publications, The Iona Community, Glasgow, 1999.

‘We asked for bread and you gave

Nací de una familia católica ordinaria, del noreste de Inglaterra, el 23 de octubre de 1965. Era la mayor de cuatro hijas. Algunos de mis más tempranos recuerdos incluyen mañanas dominicales caóticas, mientras papá y mamá nos levantaban y preparaban, nos montaban en el auto para llegar a tiempo a la misa de las 8:00 de la mañana. Siempre nos sentábamos al frente, para poder ver lo que pasaba. De alguna manera, no veíamos a los sacerdotes como “gente ordinaria”. Crecí en una parroquia de Redentoristas, y en ese tiempo, era muy común ver a los sacerdotes vestidos sus distintivos hábitos negros.

Después de misa, visitábamos a mis abuelos, y a veces, jugábamos a la “misa”, ¡improvisando con toallitas de cocina y trofeos ganados en carreras de palomas! Nunca fue sin respeto: más bien era por cuanto ser miembro de la Iglesia e ir a misa cada domingo era una parte significativa de nuestra niñez. Reflexionando sobre ello, me pregunto a veces cómo mis padres manejaron la situación. ¡Estoy segura de nos quedábamos hasta tarde en ocasiones!

Fui a un colegio católico elemental, cerca de la Iglesia. Creo que fue ahí donde más disfruté de mi tiempo. No entendía entonces la cuestión de género; sólo sabía que había algunas cosas que no estaban bien. No podía entender por qué los niños y las niñas tenían que jugar en patios separados, mientras podíamos jugar juntos en la calle, en nuestras casas. O por qué cuando se exhibía una película o había una fiesta y había que mover sillas y mesas, siempre se les pedía ayuda a los niños varones.

Las cosas no mejoraron en nuestra Primera Comunión. Los chicos se veían elegantes, con sus chaquetas y corbatas, mas no entendía por qué las niñas teníamos que lucir como mini-novias con velo y vestidos blancos con volantes. No me veía muy feliz en la foto que me tomaron, pero era algo contra lo que no podrías protestar entonces. Cuando aprendimos sobre los sacramentos, nos dijeron que eran siete… pero que las niñas sólo podían recibir seis. Nadie se atrevió a explicar por qué, y las niñas quedaron sintiéndose marginadas y excluidas.

En las tardes de los miércoles, toda la escuela iba a la Iglesia para la bendición. Esto mayormente en latín – al menos, hasta que llegué a la escuela intermedia. Por supuesto, con todas esas velas, las campanas y el incienso, había necesidad de muchos servidores del altar. Una vez los chicos de mi clase comenzaron a servir como monaguillos, no pude esperar más y pregunté si podía ser monaguilla. Me dijeron, en términos inteligibles, que no podía ser, pero podía intentar repartir los cancioneros. Nuevamente, nadie osó explicarme por qué.

Más tarde, surgió el argumento de que los monaguillos eran posibles vocaciones al sacerdocio, ¡y que tener niñas sirviendo junto a ellos podría alejarlos! Eventualmente, en 1994, el Vaticano acordó que era aceptable tener monaguillas, ¡pero sólo si no había niños u hombres disponibles! Por supuesto, muchas parroquias ya tenían monaguillas desde hace años, por lo que esto no fue gran cosa para ellos. Para mí, sin embargo, fue un hecho trascendental. Me mostró que la Jerarquía comenzaba finalmente a reconocer la diversidad de ministerios de la mujer.

Es muy interesante notar que cuando se permitió a los laicos servir como ministros extraordinarios de la comunión hace diez años atrás, tanto hombres y mujeres fueron llamados a este ministerio, que involucra la administración de los elementos consagrados de la Santa Comunión. Sin embargo, las niñas y las mujeres tuvieron que esperar algunos años más, antes de hacer algo tan sencillo como ayudar al sacerdote a servir en el altar.

Es muy fácil pensar negativamente acerca de la falta de progreso en la promoción de los ministerios de la mujer, pero es importante mantener una perspectiva histórica. Yo era muy joven para recordar la Misa Tridentina en latín, dicha por el sacerdote de espaldas al pueblo, con una mínima participación de los laicos. Era muy joven para recordar una misa sin lectores laicos. La misa celebrada en la lengua vernácula de la región, y la amplia participación de los fieles, era normal para mí porque crecí con eso. Para muchas otras personas, fue difícil adaptarse al cambio, y a menudo, añoraban las cosas como eran antes. Recuerdo cuando mi abuela decía que ella no creía que las mujeres debían leer en la misa, pero eso fue hace 20 años, y tal vez era algo a lo que su generación se hubiera acostumbrado y aceptado como un ministerio válido para la mujer.

En 1976, el Papa Pablo VI publicó Inter Insignores, y recuerdo nítidamente el titular de un periódico católico: “El Vaticano dice no a las mujeres sacerdotes”. Por supuesto, el documento no estimuló el diálogo entre la feligresía – simplemente decía no. Yo debía tener entonces como unos diez años. No entendía por qué, y nuevamente, nadie se dignaba en explicarme. La idea de que yo pudiera tener vocación para el ministerio ordenado no había cruzado por mi mente – posiblemente, porque sabía que no era posible. Pero ya empezaba a darle pensamiento serio al tema de la ordenación de la mujer.

El resto del mundo ya también estaba pensando seriamente en la ordenación de la mujer. Quién puede olvidar el grito de Una Kroll en la tribuna – “¡Pedimos pan y nos dieron piedras!” - cuando el Sínodo General de la Iglesia Anglicana votó contra la ordenación de la mujer en 1978. En Estados Unidos, la organización católico-romana “Women’s Ordination Conference” (WOC) surgió en 1975, mas me tomó diez años adicionales descubrir que la misma existía, y algunos años más antes de decidir unirme a ella.

Mientras tanto, cerca de casa, a fines de la década del ’80, visité una iglesia anglicana. No puedo recordar a qué iglesia fui ni por qué… pero en medio de una pila de literatura en una mesa cercana a la puerta, había un folleto sobre el Movimiento para la Ordenación de las Mujeres (MOW, por sus siglas en inglés). ¡Fue un gran regalo! Llevé el folleto a casa y me uní a MOW de inmediato. De momento, tuve acceso a literatura, información, bibliografías, boletines – ¡y hasta camisetas! Aún conservo la camiseta, aunque ya está un tanto viejita y descolorida. Estaba realmente orgullosa de ser miembro del Movimiento, y hasta formé parte en una vigilia nocturna en las afueras del Palacio Lambeth. ¡Mi hermana se entretuvo muchísimo al verme en la “Breakfast Television”! Conocí a Myra Poole por primera vez en esa vigilia. Ella iba a ser una de los miembros fundadores de Ordenación de Mujeres Católicas (CWO, en inglés), algunos años después.

Durante ese tiempo, sobreviví a la escuela y a varios trabajos a tiempo parcial, antes de comenzar mi entrenamiento como enfermera psiquiátrica. Para entonces, continué yendo a misa cada domingo y asumí un rol más activo en la parroquia. La cuestión de las monaguillas aún seguía ahí para mí, pero me hice voluntaria para lectora y se me llamó para pertenecer al primer grupo de Ministros Extraordinarios de la Comunión, comisionado por la parroquia. También se me llamó para representar a los jóvenes en el Consejo Parroquial.

No todos apreciaban mis fuertes puntos de vista, en particular en cuanto a la ordenación de la mujer se refiere, mas respondía asegurándome de haber leído mucho sobre el asunto y manteniéndome bien informada sobre los acontecimientos. Tuvimos un Concilio de Iglesias muy activo (hoy se conoce como Iglesias Unidas), y allí había oportunidades para participar en eventos ecuménicos y visitar otras iglesias. Disfrutaba particularmente visitar iglesias donde las mujeres fueran miembros activos del equipo ministerial. Aún de cuando en cuando, en mi muy ocupada agenda, visito otras iglesias. Siento que no damos la importancia debida al trabajo del movimiento ecuménico. Para mí, el ecumenismo es sobre tratar de entender en vez de tratar de cambiar; en reconocer la diversidad mientras se promueve el diálogo.

Hubiera querido estar presente en el “Dean’s Yard”, el 11 de noviembre de 1992, cuando se anunció que el Sínodo General de la Iglesia Anglicana votó a favor de ordenar las mujeres al sacerdocio. Sin embargo, me encontraba a miles de millas de allí, sudando la gota gorda en una calurosa universidad en Lusaka, Zambia, donde estaba trabajando como voluntaria de Servicios Voluntarios Ultramarinos (VSO, por sus siglas en inglés). Había llevado al trabajo mi radio de onda corta; en mi escritorio escuchaba ansiosamente los resultados, reportados a través del servicio mundial de la BBC. Estaba feliz por mis hermanas anglicanas, pero no podía evitar sentirme un tanto triste de que nosotras, las católico-romanas, tuviéramos aún que esperar.

En casa, hubo quién pensó en mí y fue divertido recibir muchos periódicos británicos. Los tabloides se vanagloriaron con titulares tales como “Vicarias en bragas”. Afortunadamente, mi padre me envió una maravillosa ilustración de “The Guardian”, que ocupó un lugar privilegiado en una pared de mi casa en Lusaka, por los próximos 18 meses.

Fue en ese tiempo, que estaba pensando seriamente en mi futuro. Disfrutaba mi trabajo en Zambia, pero no podía ni quería quedarme allí para siempre. Había solicitado a diversas universidades y recibí algunas ofertas. Eventualmente, decidí ir a Edimburgo, porque aparentaba tener un buen Departamento de Ética Cristiana y Teología Práctica. Las anglicanas pronto podrían ser ordenadas, pero nosotras enfrentábamos una larga espera.

Decidí dar buen uso a ese tiempo de espera. Había escrito hace unos años, a un maravilloso sacerdote católico-romano, Padre John Wijngaards, luego de leer su libro “Did Christ Rule Out Women Priests?” (¿Acaso Jesús excluyó a las mujeres sacerdotes?). Me contestó y dijo que debemos creer que la ordenación de la mujer vendrá, y que era importante que me preparara académicamente, si me sentía llamada al ministerio ordenado. Tomé sus palabras muy en serio en ese momento, y repensé en ellas cuando acepté la oferta de Edimburgo, para estudiar el Bachillerato en Divinidad.

El grupo Ordenación de Mujeres Católicas (CWO) hizo su lanzamiento oficial el 24 de marzo de 1993. Me perdí el lanzamiento, puesto que aún estaba en Zambia, mas me hice miembro y me determiné a involucrarme lo antes posible. Me mudé a Edimburgo en octubre de 1994 a comenzar mis estudios, y una de las primeras cosas que recibí en mi correo fue un boletín de CWO. En él, había un artículo sobre el grupo de Edimburgo, junto a fechas y direcciones para reuniones. ¡Obviamente, hice la decisión correcta de ir a Edimburgo!

Me involucré en el grupo en un momento excitante. Temprano ese año, la Iglesia Episcopal Escocesa votó a favor de ordenar mujeres al sacerdocio, y las primeras ordenaciones estaban programadas para el 17 de diciembre de 1994. Obviamente, CWO deseaba dar apoyo a esas mujeres, y me involucré con el grupo mientras planeaban sus actividades para ese día. Allí habría 15 mujeres y dos varones, ¡y al único candidato que conocía, era uno de los hombres!

Nuestro plan era que tendríamos un corto servicio de oración y lecturas en las afueras de la Catedral Católica Santa María, antes de marchar a la Catedral Episcopal Santa María. Todo iba de acuerdo al plan, aún cuando uno de los clérigos nos dijo en las afueras de la catedral, en términos certeros, que quitáramos nuestras pancartas de “su propiedad”. Las removimos puntualmente, continuamos nuestro servicio y procedimos a la catedral episcopal, donde no podríamos haber recibido una bienvenida más cálida. El Rvdo. Graham Forbes, rector de la catedral, salió a recibirnos, ¡y hasta estaba feliz de posar para una fotografía! Esperábamos permanecer afuera durante el servicio, pero el Rector buscó asientos para nosotras.

Fue una ceremonia tan conmovedora, que estuve a punto de llorar todo el tiempo. No suelo recomendar ver grabaciones en vídeo de nada, pero en este caso lo haría. Quisiera haber podido escuchar el maravilloso sermón del obispo Richard Holloway una y otra vez. La prensa no nos ignoró, y logramos una amplia cobertura. Fue un día maravilloso, y nos dio mucho entusiasmo para hacer cosas similares a las de ese día, regularmente.

Algunos de los grupos de CWO en Gran Bretaña han comenzado vigilas nocturnas mensuales, en las afueras de sus catedrales diocesanas, y nosotras sentimos que podríamos hacer algo también. Hemos escogido los jueves – donde hay mucha gente rondando por Edimburgo, por ser día de compras nocturnas); nuestra primera vigilia fue el jueves 1 de junio de 1995, y enviamos un comunicado de prensa. Una multitud de periodistas, fotógrafos y compradores, que se turnaban para observarnos, se empaparon por causa de los aguaceros más torrenciales que hayan atacado a Edimburgo en los últimos meses.

Sin embargo, eso no empapó (¡Valga la redundancia!) nuestro entusiasmo y así cada primer jueves de mes, aunque caiga en Año Nuevo, continuamos nuestras vigilias, recordando a mujeres conocidas y anónimas que han contribuido a la Iglesia y al mundo, a través de los siglos. Estas mujeres incluyen desde María Magdalena hasta María Seacole. Llevamos puesto algo color púrpura para simbolizar nuestro sufrimiento por la pérdida y rechazos de los talentos de las mujeres. Cantamos, oramos, mantenemos silencio y pensamos en nuestras predecesoras, quienes han sido una inspiración para nosotros. No siempre es fácil mantener estas vigilias, especialmente en verano, donde la gente está de vacaciones, pero siempre logramos resolver. Una vez al año, en Jueves Santo, celebramos una vigilia especial que coincide con la Misa Crismal, en donde los óleos sagrados se consagran y distribuyen, y el clero de la Arquidiócesis renueva sus promesas sacerdotales.

Esta campaña trae sus retos. He escrito cartas a la prensa católica por muchos años, no sólo sobre ordenación de la mujer, sino sobre otros asuntos relacionados al ecumenismo y lenguaje inclusivo. He recibido cartas anónimas – no siempre amables – junto con una variedad de publicaciones de la “derecha” (conservadoras). No sé si leyendo esta literatura es con el propósito de convertirme. Honestamente y con la mente abierta, probablemente leería la misma, si sus remitentes tuvieran el valor de identificarse.

Por alguna razón, aquellos que se oponen a la ordenación de la mujer frecuentemente parecen pensar que es perfectamente aceptable ser rudos hacia personas como yo. Ha habido gente, la cual apenas me conoce, que demandan saber qué clase de libros leo y si voy o no a misa. Aún sacerdotes han hecho chistes desagradables a costa mía. Alguno que otro incluso me ha preguntado por qué no me convierto a anglicana. En la Misa Crismal de 1998, yo entregaba folletos a la gente que entraba a la Catedral. Ofrecí uno a una mujer que lo tomó, lo rompió en dos y casi me lo tiró en la cara. Estaba ella tan furiosa, mas el incidente me hizo sentir triste. Puse los pedazos rotos en mi bolsillo y los mantuve ahí por algunos días.

No podía dejar de preguntarme qué es lo que hace que el asunto de la ordenación cause tanta emoción en la gente. ¿Acaso romper un folleto hace a la gente sentirse mejor? ¿Es el miedo al cambio, miedo a lo desconocido, miedo a lo que la Jerarquía pueda pensar? No tengo respuestas, pero creo que la prohibición a la discusión del tema ha contribuido significativamente al problema. Seguramente hubiera sido más útil si el Vaticano hubiera dicho que, por el momento, no sentía que era el momento correcto para ordenar mujeres, pero que es importante que continúe discutiéndose el asunto, las éticas y la teología.

La CWO es una de las muchas organizaciones alrededor del mundo que hacen campaña a favor de la ordenación de la mujer al sacerdocio católico-romano, pero el asunto va más allá que sólo eso. Necesitamos reconocer la importancia de todo ministerio. Como niña, pensaba que era más importante ser monaguilla que repartir cancioneros. Mas ahora, no me permito pensar más de esa manera. De hecho, podría estar de acuerdo en que todos somos llamados a alguna forma de ministerio en la Iglesia. Este podría ser la ordenación ministerial del sacerdote o diácono, o podría ser el ministerio de hacer el café al final de la misa. Hemos sido excelentes en crear jerarquías dentro del ministerio, en lugar de reconocer los regalos únicos y especiales que cada cual puede dar. El don más valioso que posee un sacerdote o un ministro es aquél de entusiasmar, capacitar y afirmar a todos los miembros de la Iglesia, independientemente de sus llamados particulares. Pienso frecuentemente en los ancianos que ya no pueden ir más a la Iglesia, pero que oran cada día por la parroquia y sus miembros. Si eso no es un ministerio, entonces no sé lo que es.

Hay muchas formas de ministerio que claramente pertenecen a la tradición histórica de la Iglesia Cristiana. En la primavera de 1996, se ofreció una conferencia en Stuttgart, titulada “El diaconado: ¿un oficio para la mujer en la Iglesia?” La resolución de la conferencia pidió a los obispos que buscaran autorización canónica desde Roma, para permitirles a ellos ordenar mujeres diáconos en sus diócesis. El llamado de las mujeres a ser admitidas como diáconos ha crecido, y es algo que la CWO apoya activamente. Se le ha sugerido a aquellas que se sientan llamadas a este tipo de ministerio, que se unan a la Red Internacional para el Diaconado, con base en Alemania.

La CWO es una pequeña organización que va creciendo, con gran consignación. Creemos que es importante lograr un foro para examinar, desafiar y desarrollar el entendimiento presente del sacerdocio. Para mí, esto ciertamente significa apoyar la Red Internacional para el Diaconado. También significa apoyar otras formas de ministerio, campañas de lenguaje inclusivo y el movimiento ecuménico.

Aquí en Escocia, la CWO se ha involucrado en la Red Ecuménica de Mujeres en Escocia (NEWS, por sus siglas en inglés), la cual es un comité de Acción de Iglesias Unidas en Escocia (ACTS, por sus siglas en inglés). El comité tiene representantes de cada una de las diez iglesias miembros de ACTS, junto a diversos grupos afines. La CWO solicitó convertirse en grupo con voz y voto, y muchos de los miembros de NEWS aceptaron nuestra solicitud, pero hubo gente dentro de ACTS que desafiaron la validez de nuestra organización. El asunto fue discutido por personas de alta jerarquía, antes de que eventualmente se nos ofreciera el estatuto de observadores, sin voto. Naturalmente, nos desilusionó que dichas objeciones evitaran que nos uniéramos a nuestras hermanas en igualdad, pero al menos ser un observador es un inicio. Estamos agradecidas de que NEWS y ACTS nos reconocieran y respetaran como organización.

Hemos forjado lazos de mayor unión con el Movimiento de Ministerio Total en la Iglesia Episcopal Escocesa (MWM, por sus siglas en inglés). Las mujeres y hombres que pertenecen a la MWM han pasado por una lucha similar a la nuestra, y realmente valoramos su amistad y apoyo. Es muy importante también que los miembros de la CWO a través de Escocia, se mantengan en contacto unos con otros: la membresía se extiende desde Hawick a Inverness, y hay muchos que están aislados – particularmente en las zonas rurales. CWO y MWM han podido celebrar reuniones en conjunto.

Hay escasez de sacerdotes – no hay duda de eso. Se nos pide constantemente orar por vocaciones, y con razón, debido a que las estadísticas están muy bajas. Recientemente, hablé con una amiga que vive en un área remota de Escocia. Su pueblo no tiene un sacerdote residente, y ella habló abiertamente de las dificultades que hay a causa de eso. Una ojeada rápida al Directorio Católico, muestra cómo muchos sacerdotes velan por los o tres parroquias. Algunas comunidades no pueden asistir a misa cada domingo, simplemente porque no hay suficientes sacerdotes. ¿No es irrazonable que muchos sacerdotes sufran de estrés causado por el exceso de trabajo, mientras al mismo tiempo, la Iglesia no aparenta o no desea explorar otros tipos de ministerio ordenado? ¿Se debe privar a los fieles de los sacramentos, porque no hay suficientes hombres célibes para administrárselos?

Como miembro de CWO, estoy comprometida a apoyar el sacerdocio femenino. Continúo llevando mi carné y mi cinta púrpura. Continúo asistiendo a vigilias, reuniones y eventos especiales. Hay muchas otras como yo, algunas de ellas que también se han sentido personalmente llamadas al ministerio ordenado. Contrario a los hombres, a nosotras no se nos da tan siquiera la oportunidad de pasar por el proceso de discernimiento vocacional. Nunca nos hemos apartado de la Iglesia. Muchas de nosotras somos miembros activas de nuestras parroquias: servimos como lectoras, cafeteras, músicas y en otros valiosos ministerios. Por nuestra dedicación, se nos ha dicho que no tenemos derechos a tan siquiera discutir asuntos que sentimos son importantes para nosotras y la Iglesia. Continuaremos estudiando, orando y protestando. Éste es el tiempo de espera. Tal vez, la secuela de este capítulo traerá buenas noticias y mi espera acabará.

Helen Blackburn, 1999

Traducción: Ivelisse Colón-Nevárez

Perspectiva general Signos de una vocación El viaje de una mujer ¿Es la vocación de una mujer "auténtica"? Responder a las críticas Testimonios actuales

Encuentre enlaces a páginas web relacionadas con el tema en su propio país! Make this site one of your favourites Recommend this website to a friend Mándenos sus ideas y sugerencias Cree un boton y enlace a nuestra página desde su página Consulta permanente de mujeres a través de Internet 'Friends' give us a regular contribution Necesitamos su ayuda financiero!

¡Por favor, dé crédito a este documento como publicado por www.womenpriests.org!