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Rosa Maria Miguel

Rosa Maria Miguel

"I believe God is committed to my vocation!"

Soy una mujer de 36 años, soltera, informatica de profesión, colaboro con el colectivo “mujeres y Teología” y en mi parroquia. Pertenezco a una familia de clase media, poco religiosa. Yo era atea convencida por las filosofías existencialistas etc, a los 19 años me convertí, descubrí a Dios, me sentí llamada por mi nombre, conocida por EL, amada... (fue mediante una Hierofanía), desde entonces supuso “el Todo” de mi vida.

Desde el momento de mi conversión me sentí llamada a anunciar “la Buena Noticia” que yo habia recibido, el Evangelio y el amor de Dios, hasta aquí todo es común con la llamada a todos los cristianos. Al principio no sabia darle nombre por mi desconocimiento de la iglesia, fui conociendo los distintos estados eclesiales y “sintonicé” de corazón con el sacerdocio ministerial, todavía no sabía que yo por ser mujer no podía serlo. Comencé estudiar Teología para ir preparandome y analizar esa vocación “extraña” en mí.

Mi vocación es eclesial, me siento llamada a servir a la comunidad, en los Sacramentos, acompañar a las personas en su Fe, celebrar, me siento llamada a “confirmar la fe de mis hermanos” creo que ser presbitera es el modo al que Dios me llama para vivir mi propio compromiso bautismal, es tratar de ser cristiana en el lugar y la manera que Dios quiere.

Creo que en mi propia vida el sacerdocio supone el poder darme del todo, estar en el lugar correcto, los carismas, las vocaciones son todas en base a ser más cristianos y servir mejor, me siento con las alas cortadas, me siento como una “hija abortada” de la iglesia. Ser sacerdote no es sólo para mí, es un don para la iglesia.

Creo que el ministerio debe evolucionar mucho más hacia la superacion clero-laico, creo en un ministerio de servicio, más que de poder, el sacerdote como un pastor que acompaña, anima, y celebra por la comunidad y para ella. Una iglesia de hermanos/as participada por todos ellos/as. Lo mejor que podemos hacer es ser catolicos adultos, que no necesitan ser “tutelados” por la jerarquia.

Desde el comienzo, la gente se extrañó de que quisiera ser cura, eso ha desembocado muchas veces en incomprensión, en considerarme persona falta de seriedad, ganas de llamar la atención, y por tanto poner en entredicho todo lo que yo dijera, fue muy dificil para mí. También aunque muchos menos, he tenido gente, sacerdotes y laicos que me han apoyado y animado y han creido en mi vocación.

Las dificultades que me encontré son precisamente las que me han obligado a pensar de donde nacía mi deseo de sacerdocio, si era capricho mío o voluntad de Dios, yo era la primera interesada en ser honesta conmigo misma. En una epoca concreta traté de olvidarlo, de suponer que era producto de mi psique, esperando que el tiempo me hiciera olvidar, pero sucedió todo lo contrario, la oración personal, los acontecimientos de mi vida entre la gente, me fueron avocando una y otra vez a esa llamada. Otros católicos reconocen en mí también la vocación, es importante que el don sea don comunitario, y el discernimiento comunitario tiene mucha importancia. Sinceramente creo que Dios tiene más empeño que yo.

Rosa Maria Miguel

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