El Propósito de este sitio de Internet

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“Yo reprendí Cephas (= Pedro) en sua propria cara porque lo que estaba haciendo era condenable ....Yo se lo dije delante de todos.”

(cfr. Gál 2, 11.14)

El Santo Padre, el Papa Juan Pablo II y la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, han reafirmado en los últimos años su oposición a la ordenación sacerdotal de las mujeres. Ellos han declarado:

Leed aquí una completa discusión de los textos de Roma.

Yo me declaro un cristiano comprometido y un miembro fiel de la Iglesia Católica. Considero que es mi obligación expresar mis dudas clara y convincentemente.

Hago esto con respeto total a la autoridad del Magisterio del Santo Padre y de los obispos.

Como teólogo competente para hablar sobre la ordenación de las mujeres, presentaré mis argumentos con valentía, consciente de la enorme importancia de la ordenación de las mujeres para el futuro de la Iglesia.

Puesto que el clima eclesiástico actual no permite otros caminos viables para el diálogo, me aprovecharé del Internet, un nuevo medio muy apto para soportar una "opinión pública" legítima en la Iglesia.

La obligación del teólogo

Los teólogos están al servicio de la verdad. Por definición, su tarea es reflexionar sobre la verdad revelada. Ellos deben tener una gran lealtad a la verdad, independientemente de la forma en que esta se presente. El Concilio Vaticano I (1869-1870) les confía con énfasis esta búsqueda de la verdad y declaró confiadamente que no podría haber un conflicto entre la verdad revelada y la verdad conocida por otros canales. La razón parece suficiente: Dios es el creador de toda verdad y no puede contradecirse a sí mismo. Si los teólogos son fieles a la verdad no pueden dejar de ser leales a Dios y a la revelación divina.

(Concilio Vaticano I, Constitutio de Fide Catholica, cap. 4, en Enchiridion Symbolorum, ed. H. Denzinger, Friburgo, Herder, 1955 [30 ed.] Nº1795-1800)

Al mismo tiempo los teólogos le deben también obediencia al Santo Padre y a los obispos a quienes Cristo confió su autoridad doctrinal. La actitud correcta hacia estas afirmaciones del Santo Padre ha sido descrita en las siguientes palabras por el Vaticano II.

"Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice aún cuando no hable ex cathedra; de manera tal que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesión al parecer expresado por él, según su manifiesta mente y voluntad, que se colige principalmente ya sea por la índole de los documentos, ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo". (Concilio Vaticano II, La Iglesia, Nº 25)

Por otra parte, la posibilidad de conflicto entre el juicio de un teólogo y el Magisterio ha sido reconocida por las autoridades de Roma. Cito, de la Donum Veritatis, una declaración de la Congregación de la Doctrina sobre la Vocación de un Teólogo.

La "Opinión Pública" en la Iglesia

Durante el Concilio Vaticano II la cuestión de la libre discusión teológica se incorporó dentro de las declaraciones del Concilio.

"...debe reconocerse a los fieles, clérigos o laicos, la justa libertad de investigación, de pensamiento y de hacer conocer humilde y valerosamente su manera de ver en los campos que son de su competencia".

Gaudium et Spes, No 62L.

El Concilio Vaticano II también reconoció la tarea crucial jugada por la opinión pública en la sociedad actual.

"Como hoy día las opiniones públicas ejercen poderosísimo influjo en la vida privada y pública de los ciudadanos de todos los órdenes, es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de justicia y caridad también en esta materia; por ello, con ayuda incluso de estos medios, ha de esforzarse por formar y extender una recta opinión pública."

Concilio Vaticano II, Inter Mirifica, No 8.

La opinión pública, con libertad de expresión, como componente necesario, juega también una papel crucial en la Iglesia, como el Papa Pio XII le recordó a los periodistas católicos en un discurso el 17 de febrero de 1950 (Acta Apostolicae Sedis 42 (1950) p.251):

De Communio et Progressio, Instrucción Pastoral Sobre los Medios de Comunicación Social, 29 de enero de 1971 (Acta Apostolicae Sedis 63 (1971) pág. 593-656).

El espíritu de desacuerdo fiel

Sería útil tratar más a fondo sobre el espíritu de obediencia teológica. Cuando la Iglesia pide "una leal sumisión de la voluntad y de la inteligencia" no pide la renuncia de la propia capacidad de pensamiento. La Iglesia pide un servicio mucho más valioso, a saber, el intento honesto de servir la fe con todas las capacidades intelectuales personales.

Cuando habla de obediencia, el Vaticano II visualiza dicho compromiso total: "Así pues los religiosos, con espíritu de fe y amor a la voluntad de Dios, obedezcan humildemente a sus superiores, según la norma de la regla y de las constituciones, empleando las fuerzas de la inteligencia y voluntad, así como los dones de la naturaleza y de la gracia, en la ejecución de sus mandatos y en el cumplimiento de los cargos que se les han confiado" (Vaticano II, Renovación de la vida religiosa, Nº 14). Una lealtad auténtica a la verdad, pero también al magisterio, requiere deseo de cuestionar más que prontitud en el conformarse. Lo que podría parecer como oposición al principio, finalmente demostrará ser una cooperación activa entre el magisterio y los teólogos con la intención de una doctrina mejor formulada.

Los teólogos juegan una tarea importante en la continua reforma "de la que la Iglesia tiene siempre necesidad", una reforma que también le concierne a "las deficiencias en el modo de exponer la doctrina" (Vaticano II, Decreto sobre Ecumenismo, Nº 6).

En lugar de hablar de un conflicto entre el Magisterio y la opinión teológica disidente, uno debería de pensar en ambos como elementos de un diálogo vivo, ambos igualmente necesarios para la reforma de la Iglesia.

El Papa Pio XII, describió la interrelación entre la enseñanza autorizada y los estudios teológicos, en un modo positivo. En su discurso al congreso de teólogos el 1º de octubre de 1966 manifestó: "El magisterio extrae un gran beneficio del ferviente y laborioso estudio teológico y de la cordial colaboración de los teólogos... Sin la ayuda de la teología, el magisterio podría, sin duda, preservar y enseñar la fe, pero llegaría, solo con dificultad, al elevado y completo conocimiento que necesita para llevar a cabo su tarea, puesto que está conciente que no es dotado con la revelación o el carisma de la inspiración, sino solo con la ayuda del Espíritu Santo (L’Osservatore Romano 2 de octubre de 1966).

John Wijngaards

Trad.: María Antonia Salazar Loyo / Francesca Toffano


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