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A través de los siglos, los fieles habían tenido una devoción a María como sacerdote. Intuitivamente vieron, con su "sentido católico", que María compartía el sacerdocio de Cristo más que nadie. Implícitamente, su devoción contenía una fuerte, aunque inusual, convicción silente de que María, aún siendo mujer, podría haber sido ordenada como sacerdote tanto como un hombre. Por momentos, esta convicción era expresada explícitamente.
La Iglesia siempre ha
creído que su verdadera Tradición no se expresa totalmente por
argumentos o prácticar externas solamente. La Tradición contiene
"el evangelio que nuestro Señor no escribió, pero
enseñó de palabra e implantó en el corazón de la
gente, y parte de él fue escrito por los evangelistas, mientras que
mucho de él fue simplemente confiada al corazón de los fieles"
(Joseph Ratzinger, On the Interpretation of the Tridentine Decree on
Tradition, en Revelation and Tradition por K. Rahmer y J.
Ratzinger, Burns & Oates, Londres, págs. 50-68). Esta
tradición es conocida como "el Evangelio en el corazón".
Es mi argumento que, a través de los siglos, los católicos han sabido, en sus corazones y en la médula de sus huesos, que las mujeres son iguales ante Dios y que no puede haber una objeciión fundamental a la ordenación de las mujeres al sacerdocio. Esta convicción interior fue el "sensus fidelium", el sentido cristiano de fe, la mente de la Iglesia: Ecclesiae Catholicae sensus, también llamado consensus Ecclesiae, recordando en estas últimas expresiones que la "Iglesia" sobrevive y se mantiene por toda la comunidad de los fieles.
Lea cómo el Cardenal Henry Newman y el Fr. Yves Congar describen esta tradición "latente".
A medida que examinamos la historia de la Iglesia nuestra historia como la comunidad creyente en Crisot descubrimos bajo la oposición cultural a las mujeres sacerdotes, una percepción constante que va contra las ideas sociales y culturales oficialmente aceptadas. Una forma en que este sensus fidelium expresaba su convicción es a través de la aceptación, por mucho tiempo, de María como el más eminente de los sacerdotes.
Esta devoción puede ser documentada de varias maneras:
Los antiguos escritores estaban bien conscientes del detalle de que, de acuerdo con las percepciones culturales y teológicas de su tiempo, las mujeres no podían ser ordenadas. ¿Cómo se relaciona esto con María?
La solución que ofrecieron fue que, aunque María no recibió el Sacramento del Orden como lo reciben los sacerdotes hoy día, ella poseía un sacerdocio equivalente y eminente. Señalaban en particular:
Lea María y el Sacramento del Orden para más detalles.
Lea también el excelente artículo de la Dra. Tina Beattie, "¿María la Virgen Sacerdote?".
La devoción de María Sacerdote revela una tradición latente, de acuerdo a la cual, no hay razón válida para excluir a las mujeres de la ordenación, simplemente por ser mujeres.
Texto: John
Wijngaards
Traducción: Ivelisse
Colón-Nevárez

Sírvase mencionar este documento como publicado por www.womenpriests.org!