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En el Antiguo Testamento las mujeres fueron desde el punto de vista religioso definitivamente de segunda clase. Puesto que las mujeres no estaban circuncidadas, personalmente no eran miembros de la Alianza. No podían presentar sacrificios. Siempre estaban sometidas a los hombres, incluso en temas religiosos. |
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Jesucristo cambió todo esto. Cada mujer bautizada se convierte en otro Cristo, igual que sucede con un hombre. Efectivamente todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo habéis sido revestidos. Ya no hay distinción entre judío y no judío, entre esclavo o libre, entre varón o mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús Gal. 3,26-28 Toda mujer bautizada comparte plenamente el sacerdocio de Cristo, su realeza y su misión profética. El Bautismo implica una apertura fundamental a todos los otros sacramentos, incluyendo el del Orden. |
traducida por Ana Maria Arquer
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