Para restaurar su credibilidad el Vaticano debería
detener inmediatamente las estériles practicas como:
- Bloquear las deliberaciones libres y constructivas del
Sínodo de Obispos.
El Sínodo de Obispos fue instaurado
por el Vaticano II para contrarrestar la influencia de la Curia.
- Interferir en el legítimo ejercicio de la autoridad
de las conferencias de obispos.
Los obispos no son los vicarios del
Papa, pero vicarios de Cristo que gobiernan sus diócesis por su propio
derecho.
- Nombrar solamente candidatos con su misma mentalidad para
las sedes episcopales, oficinas centrales, comisiones internacionales
teológicas, etc.
Coloca una categoría B de hombres sumisos
y subordinados en la dirección de la Iglesia.
- La supresión de teólogos que se atreven a
contradecir las versiones oficiales.
Esto está destinado a
empobrecer el pensamiento honesto y creativo en la Iglesia.
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