La ordenación de la mujeres pertenece a ese tipo de “doctrina ” que con tenencia es distorsionada por percepciones culturales

La ordenación de la mujeres pertenece a ese tipo de “doctrina ”
que con tenencia es distorsionada
por percepciones culturales

A través de los siglos, las formulaciones de la doctrina cristiana se han visto influenciadas por la cultura imperante en su tiempo. El cambio de cultura ha afectado incluso al núcleo de algunas doctrinas como las que afectan la Trinidad, la Encarnación, etc. Pero las ‘doctrinas marginales’ han sido a menudo totalmente secuestradas por las culturas dominantes.

  • En el orden social – La democracia estaba prohibida, los reyes se pensaba que gobernaban por ‘derecho divino’, el sistema de clases era propugnado por la iglesia, y el colonialismo justificado por los papas.
  • La creación del mundo – Galileo fue condenado por hereje (¡) por creer que la tierra da vueltas alrededor del sol, la astrología se consideraba honorable, y se tomaba como de inspiración divina la enseñanza de que Dios creo al mundo en seis días.
  • Liturgia – Los vestidos romanos habituales se convirtieron en ‘vestiduras sagradas’, los obispos eran tratados como señores feudales, se consideraba que el latín era el mismo idioma de Dios.
  • Sexualidad – El miedo al gnosticismo llevo a una aproximación negativa de la sexualidad. Las leyes romanas y germánicas dieron forma a los ritos matrimoniales.

Las mujeres fueron excluidas del ejercicio de la función sacerdotal sobre bases culturales.

Las mujeres eran consideradas ‘hermosas criaturas’, pero totalmente inferiores al hombre.

  • Menos inteligentes
  • Emocionalmente inestables
  • Volubles
  • Incapaces de ejercitar un auténtico liderazgo.

Esta inferioridad fue confirmada por la creencia de que las mujeres no eran seres humanos completos.

Puesto que la función del óvulo femenino era desconocido, la procreación se atribuía totalmente al esperma masculino que el solo, se pensaba, contenía una nueva vida.

Esta fue la razón por la que teólogos como Tomás de Aquino quitaron todas las posibilidades de la ordenación de la mujer.

Las mujeres también sufrieron de una terrible ¡enfermedad!, el periodo menstrual. Esto las hacía a ellas inadecuadas para el servicio de Dios al sagrado altar.

Se creía que el flujo menstrual era sucio, horrible e incluso peligroso para otras personas que pudieran tocarlo. El tabú fue tan fuerte que el mundo romano que ha estado en vigor a través de la Edad Media hasta el siglo XX.

A las mujeres se les prohibía la entrada en una iglesia durante la menstruación o incluso recibir la sagrada comunión. Algunas veces recibían la comunión con un paño extendido sobre sus manos. ¡Ciertamente eran demasiado ‘sucias’ para acercarse al altar!

Para acabar de completarlo, a las mujeres se las hacía responsables de hacer pecar a los hombres.

Eva fue imputada de seducir a Adán, y todas las mujeres fueron condenadas a sufrir la maldición de Dios a Eva, o sea que siempre estaría sujeta al hombre

Fueron prejuicios culturales los que sostuvieron la exclusión de las mujeres del ministerio sacerdotal. Las autoridades de la Iglesia simplemente no se han dado cuenta de este hecho.

¿Por qué nos hemos de adentrar en histrionismos feministas?

traducida por Ana Maria Arquer



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