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¿Jesús lo sabía todo?

¿Jesús lo sabía todo?

Una reflexión de lo que realmente significa la Encarnación

Una correcta interpretación de las Sagradas Escrituras
* el sentido literal
* la forma literaria
* el área pretendida
* racionalizaciones

Hace algún tiempo, en un día de recogimiento para jovencitos, me preguntaron cuántos lenguajes hablaba Jesús. “Arameo era su lengua materna”, les dije, “y probablemente sabía algo de griego, como muchos judíos de su tiempo. Pero definitivamente no sabría inglés.”

Julián, un refinado chico goano[1], estaba visiblemente molesto con ésto. “Jesús fue Dios”, protestó. “Era omnisciente. Lo sabía todo. Debía saber inglés. De hecho, a lo mejor no le tomaba más de cinco minutos llenar un crucigrama. ¡Todo estaba en su mente!” Julián, tal vez, no es la única persona que nunca se ha dado cuenta de lo que la Encarnación, el hecho de Dios volverse humano, realmente implica.

Sí, creemos que Jesús era realmente Dios y realmente humano. Lo que no tenemos en cuenta es que volverse humano significa ser completamente humano. Negar la finalidad humana es tan malo como negar la realidad divina. Presionado por mí, Julián admitió a regañadientes que Jesús necesitaba usar sus pies para caminar de un lugar a otro, como cualquiera de nosotros. Que, de hecho, no era el más rápido corredor de su tiempo. Que podía estar cansado y hambriento, y que necesitaría descansar de vez en cuando. (Juan 4:6)

Nunca se le ocurrió a Julián que la mente de Jesús estaba sujeta a las mismas limitaciones humanas que la nuestra. Que Jesús, como sus contemporáneos, no podría imaginarse lo que sería un tren eléctrico, o un automóvil, o un aeroplano. Que podría aprender cosas nuevas (Lucas 2:52) y que podría sorprenderse (Mateo 8:10). El golpe que significó ésto para Julián también le pasó a los primeros cristianos. Para ellos, fue el escándalo de Nazareth.

Dicho pueblo era, después de todo, la más inocua de las aldeas, una pequeña villa con apenas 20 casas, como demostró la arqueología. No en balde Natanael exclamó “Pero, ¿qué cosa buena puede salir de Nazareth? (Juan 1:46) Además, el mismo Jesús fue el carpintero, que propiamente traducido, significa el artesano[2] del pueblo. (Marcos 6:3) Repararía arados y goteras de techos, instalaría cerraduras, construiría muros de piedra y trabajaría como granjero en tiempos de cosecha. Como humano era como todos, en todos los aspectos, tal y como quería.

Se llamaba así mismo el “Hijo del Hombre”, una expresión aramea que significa “persona común y corriente”. Imagine que usted es un educado escriba en los tiempos de Jesús. Usted hubiera, probablemente, visto a Jesús como un jibarito[3] sin educación. Sí, Jesús hubiera aprendido un poco de alfabeto hebreo, como muchos chicos de familias religiosas, lo suficiente para cuando le tocara leer las Escrituras (Lucas 4:16). Pero tendría un tosco acento galileo (Juan 7:52) y su temperamento también galileo estallaría en alguna que otra ocasión (Marcos 3:5, Mateo 21:12-13 y Marcos 11:12-14) [4].

Cometería también errores simples, como decir que Abiatar era sumo sacerdote cuando David comió los panes consagrados (Marcos 2:26), mientras que en el Libro de los Reyes, quien era sumo sacerdote en ese entonces era Ajimelec (I Samuel 21:1-6). Abiatar se convirtió en sumo sacerdote más tarde (I Samuel 22:20-30). Dado que Jesús no tenía su propia copia de la Biblia para consultar, tenía que recordar los textos de memoria, de lo que había escuchado en las lecturas del Sabath. Confundir nombres como Abiatar y Ajimelec es el tipo de desliz que cualquiera de nosotros hubiera cometido. Y dicho desliz no invalidaba el ejemplo que Jesús mencionó. Se trata sólo de un error humano.

Jesús era, por supuesto, muy inteligente y recibió revelaciones del Padre (Lucas 10:22). Pero por ser humano no era omnisciente. Él no era, como manifestaron los herejes Docéticos[5] durante los primeros siglos, un espíritu divino usando la naturaleza humana como disfraz. No, para ser realmente humano, Dios el Hijo debía ser “semejante a los hombres” (Filipenses 2:7). Debía renunciar a la Gloria de Dios, a sus divinos poderes, tales como la omnipotencia, omnisciencia e inmortalidad.

¿Por qué Dios haría una cosa así? La respuesta es abrumadora. Como nos dice el Credo, Dios lo hizo “por nosotros y por nuestra salvación”. No fue para la propia Gloria de Dios, ni porque necesitara hacerlo; simplemente, fue por nosotros, porque nos amaba y buscaba sanarnos desde adentro, siendo miembro de la raza humana, como uno de nosotros.

Claro que Jesús es Dios, y cuando le oramos como el Cristo resucitado, le hablamos en cualquier lenguaje, incluyendo el inglés o español. ¿Mas qué puede darnos más confianza cuando nos acercamos a él, que el saber que Cristo conoce nuestra debilidad humana, por su propia experiencia? ¿Nuestra búsqueda, nuestra confusión, nuestro llanto o angustia?

“Nuestro Sumo Sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que, a él, no lo llevaron al pecado.” (Hebreos 4:15)

Tomado de “Did Jesus Know Everything?” por John Wijngaards, en Mission Today, 19 de marzo de 1999.

Notas de la traductora: -------------------------------------------------------------------------------- [1] Natural de Goa, un estado en el área oeste de la India.

[2] “Handyman”, persona que hace toda clase de labores.

[3] Campesino, aldeano.

[4] También en Mateo 23:13-18, donde echó siete maldiciones contra los Fariseos, y hasta los insultó.

[5] Eran quienes profesaban el docetismo, una doctrina herética que argumentaba que la divinidad de Cristo era incompatible con el hecho de haber sido encarnado humano, de que dicha humanidad y todo lo que ella indicaba, era sólo apariencia.

Traducción: Ivelisse Colón-Nevárez

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