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LA ACTITUD DE CRISTO

LA ACTITUD DE CRISTO

Inter Insigniores, Pablo IV, Acta Apostolici Sedis 69 (1977) 98-116

§ 9. Jesucristo no llamó a ninguna mujer a formar parte de los Doce. Al actuar así, no lo hizo para acomodarse a las costumbres de su tiempo, ya que su actitud respecto a las mujeres contrasta singularmente con la de su ambiente y marca una ruptura voluntaria y valiente.

§ 10. Así, pues, con gran sorpresa de sus propios discípulos. El conversa públicamente con la samaritana[10], no tiene en cuenta el estado de impureza de la hemorroísa[11] -permite que una pecadora se le acerque en casa de Simón el fariseo[12], perdona a la mujer adúltera v a la vez manifiesta que no se debe ser más severo con las faltas de una mujer que con las del hombre[13]. Jesús no duda en alejarse de la ley de Moisés para afirmar la igualdad en los derechos y en los deberes, por parte del hombre y de la mujer, en lo que se refiere a los vínculos del matrimonio[14].

§ 11. Durante su ministerio itinerante, Jesús se hace acompañar no sólo por los Doce, sino también por un grupo de mujeres: «María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios: Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; Susana y otras varias, que le servían de sus bienes»[15]. Al contrario de la mentalidad judía, que no concedía gran valor al testimonio de las mujeres, como lo demuestra el derecho judío, son éstas las primeras en tener el privílegio de ver a Cristo resucitado y son ellas las encargadas por Jesús de llevar el primer mensaje pascual, incluso a los Once[16], para prepararlos a ser testigos oficiales de la resurrección.

§ 12. Es verdad que estas constataciones no ofrecen una evidencia inmediata. No habría que extrañarse, pues los problemas que suscita la Palabra de Dios sobrepasan la evidencia. Para comprender el sentido último de la misión de Jesús, así como el de la Escritura, no basta la exégesis simplemente histórica de los textos; sino que hay que reconocer que hay aquí un conjunto de indicios convergentes que subrayan el hecho notable de que.Jesús no ha confiado a mujeres la misión de los Doce[17]. Su misma Madre, asociada tan íntimamente a su misterio, y cuyo papel sin par es puesto de relieve por los evangelios de Lucas y de Juan, no ha sido investida del ministerio apostólico, lo cual induciría a los Padres a presentarla como el ejemplo de la voluntad de Cristo en tal campo: «Aunque la bienaventurada Virgen María superaba en dignidad y excelencia a todos los apóstoles, repite a principios del siglo XIII Inocencio III, no ha sido a Ella, sino a ellos, a quienes el Señor ha confiado las llaves del reino de los ciclos»[18].

[10] Cf. Jn 4,27.

[11] Cf. Mtt 9.20-22.

[12] Cf. Lc 7.37ss.

[13] Cf Jn 8.11

[14] Cf. Mc 10,2-11; Mt 19,3-9.

[15] Lc 8.2-3.

[16] Cf. Mt 28,7-10; Lc 24,9-10; Jn 20,11-18.

[17] Se ha querido explicar también este hecho por una intención simbólica de Jesús: los Doce debían representar a los jefes de las doce tribus de Israel (cf. Mi 19.28; I,c 22,30). Pero en estos textos se trata solamente de su participación en el juicio escatológico. El sentido esencial de la elección de los Doce hay que buscarlo, más bien. en la totalidad de su misión (cf. Mc 3.14): ellos deben representar a Jesús ante el pueblo y continuar su obra.

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[18] INOCENCIO III, Epist. ( 11 dic. 1210) a los obispos de Palencia y Burgos, insertada en el Corpus Iuris decr.15 tít.38: De pamitentia c.10: Nova. ed. Friedberg, t.2, col.886-887; cf. Glossa in Decretalia I tít.33 e.12; Dialecta r. Iurisdictioni. Cf. Sum. theol. III q.27 a.5 ad 3: PSEUDO ALBERTO MAGNO, Mariale 1.42, ed. Borgnet, 37,81.

[19] Cf. Hech 1,14.

[20] Cf Hech 2,1: 1,14.

[21] Hech 2, 14

[22] Cf. Rom 16.3-12; FIp 4,3.

[23] Cf. Hech 18.26; cf. Rom 16,1.


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