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San Pablo e el apostolado de las mujeres

San Pablo e el apostolado de las mujeres

Inter Insigniores, Pablo IV, Acta Apostolici Sedis 69 (1977) 98-116

§ 15. Cuando éstos y Pablo salen de los límites del mundo judío, la predicación del Evangelio y la vida cristiana en la civilización grecorromana les llevan a romper, a veces con dolor, con las prácticas mosaicas. Habrían podido pensar, si no hubieran estado persuadidos de su deber de ser fieles al Señor en ese punto, en conferir la ordenación sacerdotal a mujeres. En el mundo helénico diversos cultos a divinidades paganas estaban confiados a sacerdotisas. En efecto, los griegos no compartían las concepciones de los judíos. Y aunque ciertos filósofos hubieran sostenido la inferioridad de la mujer, los historiadores anotan la existencia de un movimiento de promoción femenina durante el período imperial. De hecho, comprobamos a través de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas de San Pablo que algunas mujeres trabajan con el Apóstol en favor del Evangelio[22]. El indica con complacencia sus nombres en los saludos finales de las cartas; algunas de ellas ejercen con frecuencia un influjo importante en las conversiones: Priscila, Lidia v otras, sobre todo Priscila, quien llevó a cabo el perfeccionamiento de la formación de Apolo[23]. Estos hechos ponen de manifiesto en la Iglesia apostólica una considerable evolución respecto de las costumbres del judaísmo. Sin embargo, en ningún momento se ha tratado de conferir la ordenación a estas mujeres.

§ 16. En las Cartas paulinas, exegetas de autoridad han notado una diferencia, entre dos fórmulas del Apóstol: él escribe indistintamente «mis cooperadores»[24] a propósito de los hombres y mujeres que lo ayudaban, de un modo o de otro, en su apostolado; sin embargo, él reserva el título de «cooperadores de Dios»[25] para Apolo, Timoteo y para sí mismo, Pablo, llamados así porque ellos están directamente consagrados al ministerio apostólico, a la predicación de la Palabra de Dios. A pesar de su papel tan importante en el momento de la resurrección, la colaboración de las mujeres no llega, para San Pablo, hasta el ejercicio del anuncio oficial y público del mensaje, que queda en la línea exclusiva de la misión apostólica.

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[22] Cf. Rom 16.3-12; FIp 4,3.

[23] Cf. Hech 18.26; cf. Rom 16,1.

[24] Rom 16,3; Flp 4,2-3.

[25] 1 Cor 3.9: cf. 1 Tes 3,2.


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