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El Magisterio Ordinario Universal

El Magisterio Ordinario Universal

por John Wijngaards

"I would want to be a priest"

Condiciones que afectan su enseñanza infalible

El Concilio Vaticano II describió el magisterio ordinario universal de una manera más precisa y expresó las condiciones bajo las cuales enseña infaliblemente:

“Aunque cada uno de los obispos no goce por sí de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando, aun estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el vínculo de comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñando auténticamente en materia de fe y costumbres, convienen en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo.
Pero todo esto se realiza con mayor claridad cuando, reunidos en concilio ecuménico, son para la Iglesia universal los maestros y jueces de la fe y costumbres, a cuyas definiciones hay que adherirse con la sumisión de la fe.” Lumen Gentium § 25d-e.

De este texto conciliar y de otros textos de los que depende, se pueden reconocer claramente 5 condiciones:

  1. Acción colegial.
    Está claro que los obispos deben de participar del ejercicio colegial del magisterio.
  2. Como ‘jueces’.
    Los obispos deben expresar libremente su propia opinión una vez considerada.
  3. Al servicio de la fe en la Iglesia entera.
    Los obispos deben escuchar la Palabra de Dios y el ‘sentir de los fieles’.
  4. Con respecto a la fe y a las costumbres.
    La enseñanza debe referirse a asuntos relacionados con materias de fe.
  5. En una enseñanza conscientemente impuesta como ‘definitiva’.
    Los obispos deben querer imponer que la doctrina ha de ser tenida como definitiva.

Estudiaremos ahora detalladamente cada una de estas condiciones:

Condición 1. Acción colegial

‘Aunque cada uno de los obispos no goce por sí de la prerrogativa de la infalibilidad, ellos pueden sin embargo proclamar la doctrina de Cristo infaliblemente. Esto es así, incluso cuando están dispersados por todo el mundo.’

Puesto que la primera frase deniega a cada uno de los obispos la prerrogativa de la infalibilidad, ese ‘ellos’ que pueden hablar infaliblemente son evidentemente los obispos, entendiéndolo como colectividad: en otras palabras, es el colegio episcopal como talquien disfruta de la prerrogativa de la infalibilidad. Ahora bien, si cada obispo no es infalible, la simple suma de ellos tampoco lo sería. Por ello de algún modo, una enseñanza infalible por parte de los obispos debe implicar un ejercicio colegial de su magisterio. Esto por supuesto requiere la participación del Papa como cabeza del colegio.

El colegio episcopal puede enseñar infaliblemente no sólo cuando está reunido en concilio ecuménico, sino también cuando están dispersos por el mundo. Pero el problema es: ¿cómo puede el colegio dispersado enseñar de un modo colegial?. Francis Sullivan discute alguna de las opciones:

“La proclamación de una definición dogmática solemne es un ejercicio extraordinario de magisterio en el que el colegio episcopal delibera sobre un asunto de fe y lo juzga en un sentido estrictamente colegial. Hasta ahora, esto ha sido posible sólo cuando los obispos se han reunido de hecho en concilios ecuménicos. Por eso, históricamente, la condición requerida para que el colegio episcopal pueda ser sujeto de una definición dogmática infalible ha sido que estén reunidos en un concilio ecuménico.”

“La cuestión puede surgir si, en el futuro, fuera posible para el colegio episcopal ejercer tal deliberación y juicio en un sentido estrictamente colegial, sin estar físicamente reunidos en ningún lugar. Dado el reciente avance en métodos de comunicación global, no parece fuera de lugar la pregunta de que el tipo de deliberación común requerida para una decisión estrictamente colegial pudiera ser posible sin una asamblea real de los obispos en un aula conciliar.”

“Otra cuestión es si un grupo de obispos elegidos y autorizados por otros obispos compañeros que representaran a todo el episcopado pudieran, junto con el Papa, ser sujetos de un magisterio supremo, capaces de definir un dogma de fe. En vista del hecho de que en los concilios ecuménicos del primer milenio todo el episcopado occidental fue representado por sólo dos o tres obispos, delegados del obispo de Roma, no sería imposible para el magisterio de todo el colegio episcopal que se ejerciera por un cuerpo de sus representantes elegidos. Tal cuerpo tendría que ser autorizado a tomar decisiones junto con el Papa con voz totalmente deliberativa. De esta manera tendría que ser diferente del ‘Sínodo de los Obispos’ establecido por el Papa Pablo VI en 1965, que como algo constituido, es simplemente un órgano consultivo para el Papa, con voz meramente consultiva.”

De Francis A. Sullivan, Magisterium. El magisteio en la Iglesia Católica, Gill y MacMillan, Dublín 1983, págs. 100-101.

Se debe tener en cuenta que una verdadera ‘acción colegial’ no sólo requiere discusión del Papa con cada uno de los obispos o conferencias episcopales, sino también discusión libre de los obispos entre ellos.

Valoración: Con respecto a la ordenación de la mujer no ha tenido lugar tal participación colegial del episcopado mundial.

Condición 2. Los obispos actúan como ‘jueces de la fe’.

‘Ellos son para la Iglesia universal los maestros y jueces de la fe y las costumbres...’

Es un principio general de teología moral y de derecho canónico que las acciones humanas no son válidas, a menos que se hagan con total deliberación humana y libertad de elección.

“Es cierto que para que el colegio episcopal sea sujeto de una definición dogmática, los obispos tienen que ejercer su función como ‘jueces de la fe’ (Lumen Gentium § 25) en un sentido verdaderamente deliberativo. Esto necesariamente incluye la condición de que los obispos sean libres de expresar su propio juicio: en otras palabras que ellos no estén presionandos o coaccionados porque les privaría de auténtica libertad a la hora de expresar sus opiniones. Es bien sabido que las críticas del Vaticano I, tanto en el siglo pasado como recientemente, han insistido en que el Papa Pío IX presionó a los obispos de tal modo que las deliberaciones de ese concilio no fueron auténticamente libres. Por lo que yo sé, ningún defensor del Vaticano I ha cuestionado la principal premisa de su argumento: a saber, que el episcopado tiene que ser libre de coacción para que sea sujeto de hacer decisiones deliberadas requeridas para una definición conciliar de fe. Lo mismo se supone entonces para el colegio episcopal.”

De: Francis A. Sullivan, Magisterium. El Magisterio en la Iglesia Católica, Gill y MacMillan, Dublín 1983, pág. 101.

Valoración: Hay ciertas dudas tanto sobre el conocimiento adecuado poseído por los obispos como sobre su libertad en el clima presente de la Iglesia.

(1) A causa de la supresión vigorosa de las opiniones teológicas contrarias, se duda que los obispos hayan sido capaces de familiarizarse suficientemente con una adecuada información de fondo sobre la Escritura y la Tradición en este asunto. Ciertamente la mayor parte de los obispos no son del todo conscientes del hecho de que gran parte de los teólogos no ven objeciones fundamentales a la ordenación de la mujer.

(2) Hay evidencia de que Roma ha estado presionando considerablemente a los obispos para que piensen de la misma manera que ella. A los obispos se les ha dicho, tanto en público como en corrrespondencia privada, que se opongan vigorosamente a los que presenten argumentos para la ordenación de la mujer. “Los obispos deberían probar su habilidad pastoral y cualidades de liderazgo rechazando decididamente cualquier apoyo a esas personas -ya sea individualmente o en grupo- que defienden la ordenación sacerdotal de la mujer, ya lo hagan en nombre del progreso, de los derechos humanos, por compasión o por la razón que sea” (Carta de la Congregación para la Doctina Cristiana, Observatore Romano 13 de Septiembre de 1983). Tal acción por parte de Roma viene a ser una coacción moral que podría invalidar la capacidad de muchos obispos para actuar como ‘jueces de la fe’ independientes.

Las mismas condiciones obviamente se refieren también al Papa. “El Papa debe tomar su decisión para definir con sano juicio y libre de coacción. De otro modo no se puede decir que esté ejerciendo su supremo magisterio.” (F.Sullivan, ib.).

Condición 3. Escuchar la fe de toda la Iglesia.

En respuesta a los artículos del clero Galicano (en Francia) en 1682 que estipulaban que una afirmación infalible de un Papa necesita el consentimiento posterior de la Iglesia, el Concilio Vaticano I enseñó que ‘las definiciones del mismo Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia’ (Pastor Aeternus, §11). El consentimiento posterior como condición para la infalibilidad haría nulo de hecho el magisterio de los Papas y los obispos.

Sin embargo, esto no significa que bien el Papa o el colegio episcopal puedan simplemente enseñar por sí mismos. Ellos sólo pueden presentar como enseñanza lo que encuentran en el ‘depósito de la fe’, que está transmitido en la consciencia de fe explícita e implícita de toda la Iglesia, incluídos los fieles. Esto es lo que el Vaticano II dice sobre ello:

Lumen Gentium §25(k).“El Romano Pontífice y los obispos, por razón de su oficio y la importancia del asunto, trabajan celosamente con los medios oportunos para investigar adecuadanente y para proponer de una manera apta esta Revelación; y no aceptan ninguna nueva revelación pública como perteneciente al divino depósito de la fe.”

Comentario: ‘Trabajan para investigar adecuadamente’ incluye obviamente una justa y completa investigación de los argumentos de la Escritura y la Tradición y una consulta fiable e independiente de los teólogos que han demostrado su competencia en este asunto.

Lumen Gentium §12(a). “El Pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre (cf. Hbr 13,15). La totalidad de los fieles que tienen la unción del Santo, no puede equivocarse cuando cree”.

Lumen Gentium §35(b).“Cristo cumple su misión no sólo a través de la jerarquía que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe (sensus fidei) y de la gracia de la palabra para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria familiar y social.”

Comentario: El Papa y los obispos tienen que prestar atención al sentir de los fieles, es decir a la conciencia de fe sentida y experimentada por los fieles ordinarios que participan de todo el oficio profético de la Iglesia y de la inerrancia (imposibilidad de errar) de la misma.

Dei Verbum §10 (d).“El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído”.

Comentario: El Papa y los obispos dependen de la fe de la Iglesia en el oficio de su magisterio. Por citar a F. Sullivan: “Es más importante, sin embargo, observar que mientras el Vaticano I excluye una dependencia jurídica de las definiciones papales del consentimiento episcopal, no excluye de hecho una dependencia real de las definiciones papales sobre la fe de la Iglesia. Pues el Papa [y los obispos] pueden definir como dogma de fe sólo lo que se contiene en el depósito de la revelación, ahora bien la Dei Verbum dice que ‘el sagrado depósito de la Palabra de Dios ha sido confiado a la Iglesia’ (Dei Verbum 10), y es la Iglesia quien ‘en su enseñanza, vida y culto perpetúa y transmite este depósito para todas las generaciones’ (Dei Verbum 8). Si entonces, antes de que el Papa pueda definir algo como divinamente revelado, debe ‘escuchar la Palabra de Dios’ (Dei Verbum 10), y si ‘esta Palabra de Dios ha sido confiada a la Iglesia’ (Dei Verbum 10), y es entregada ‘en su enseñanza, vida y culto’ (Dei Verbum 8), se sigue que antes de que él pueda definir un dogma, debe escuchar a la Iglesia, y que él puede definir como dogma sólo lo que encuentra en la fe de la Iglesia. El Papa no tiene la fuente de la revelación como algo independiente de la vida de fe de la Iglesia. Como ya dijo el Vaticano I, se le prometió el Espritu Santo no sólo para que por la revelación del Espíritu pudiera proclamar una nueva doctrina sino para que con la asistencia del mismo pudiera guardar y explicar la revelación entregada a los Apóstoles. De esto se deduce que el Papa [y los obispos] no pueden simplemente definir un dogma de fe sin haber consultado de algún modo real la fe de la Iglesia, puesto que pueden definir como dogma sólo algo que ha sido y está siendo transmitido a la enseñanza, la vida y el culto de la Iglesia.” (Magisterium,ib. págs. 103-04).

“El Concilio Vaticano II incorpora en su formulación de la doctrina de la infalibilidad papal varias aclaraciones que en el Vaticano I fueron dejadas al Obispo Gasser para que las introdujera en su relatioexplicatoria: (1) el concilio distinguió explícitamente entre el Papa como pastor universal y como persona particular; (2) mencionó la necesidad del Papa de emplear los medios apropiados de investigación, y más importante aún, (3) reclamó que en el propio ejercicio del magisterio extraordinario nunca puede faltar el consentimiento de toda la Iglesia.” Richard R. Gaillardetz, Enseñanza con Autoridad. Una teología del Magisterio de la Iglesia, Prensa Litúrgica, Collegeville 1997, pág. 219.

Valoración: Parece que ni el Papa ni los obispos han consultado adecuadamente la fe de la Iglesia.

(1) Un número considerable de fieles está profundamente convencido de que no hay razones válidas en nuestra Tradición cristiana para excluir a la mujer de las Órdenes Sagradas. Esta convinción está creciendo poco a poco a pesar de la oposición de Roma, y especialmente por eso, en países donde los fieles ordinarios tienen acceso a una mejor educación teológica.

(2) La gran mayoría de los teólogos independientes están convencidos de que ni el estudio de la Escritura y la Tradición, ni las reflexiones de los teólogos pueden justificar la presente prohibición del sacerdocio de la mujer. Esta convicción está siendo claramente expresada a pesar de los intentos de Roma de silenciar la oposición de los teólogos.

Condición 4. Por lo que respecta a la fe y las costumbres.

Está claro que el ‘magisterio ordinario universal’ puede sólo enseñar infaliblemente en materias que entran dentro del depósito de la fe o que están necesariamente relacionadas con ellas.

El objeto de la enseñanza infalible ha sido descrito en varios concilios:

Valoración: Un argumento que considere la ordenación o no de la mujer podría ser un asunto que no estaría dentro de los objetivos legítimos del magisterio infalible.

Jesucristo vió como algo bueno establecer en la tierra ‘el Reino del Padre’. El consenso entre los teólogos es que él no intentó directamente fundar la institución eclesial como la conocemos ahora. Él ciertamente no diseñó las estructuras institucionales con detalle. El sacramento de las Órdenes Sagradas ha tomado su forma actual en respuesta a las presiones culturales de un ambiente ligado a la época. Leer Kerkelijke Ambt, por E.Schillebeeckx, Overveen 1980.

La Congregación para la Doctrina no ha producido argumentos convincentes para mostrar que el género de aquellos que pueden o no ser ordenados es parte de la doctrina revelada, o necesariamente relacionado con ella. Edward Schillebeeckx OP ha dicho que la infalibilidad de la afirmación sobre el sacerdocio de la mujer es dogmáticamente imposible porque es un asunto de orden en la Iglesia, no del centro de nuestra fe (National Catholic Reporter, 8 de Diciembre 1995).

Condición 5. En una enseñanza conscientemente impuesta como definitiva.

Para que los obispos ejerzan su magisterio ordinario infaliblemente, deben convenir en que una doctrina ‘ha de ser tenida como definitiva’(tamquam definitive tenemdam) (Lumen Gentium 25d). La explicación de esta expresión en el momento del Concilio fue la siguiente: ‘Los obispos enseñan que una doctrina ha de ser tenida como definitiva cuando, con el más alto grado de su autoridad, obligan a los fieles a adherirse irrevocablemente a ella.’

En su comentario a este párrafo de la Lumen gentium, Karl Rahner señala la importancia de esta condición:

‘El texto afirma explícitamente que puede haber un asunto de magisterio ordinario infalible ...sólo cuando la enseñanza unánime de todo el episcopado propone que un asunto de fe y costumbres ‘ha de ser tenido como definitivo’ (tamquam definitive tenendam). Un consentimiento absolutamente estricto e irrevocable debe ser explícitamente pedido...De ahí que no toda doctrina enseñada unánimemente por todo el episcopado es por sí misma infalible, incluso cuando trate de fe o costumbres o intente hacerlo. El borrador del 10 de Noviembre de 1962, núm. 30, págs. 29-31, no contenía la frase tamquam definitive tenemdam, que es muy importante al juzgar la intención del texto final. La única unanimidad de este modo determinada es un criterio que podemos usar de infalibilidad de la doctrina propuesta. El texto, por supuesto, no recoge la cuestión difícil, que puede ser de consecuencias prácticas a veces, de cómo esta unanimidad especialmente cualificada ha de ser determinada por los fieles que están obligados a creer.’ Karl Rahner, Comentarios sobre los Documentos del Vaticano II, Nueva York 1965, págs. 210-211.

Rahner además esclarece este asunto en su articulo sobre ‘El Magisterio’ en Sacramentum Mundi, donde dice:

‘Cuando un dogma es enseñado por el magisterio ordinario de todo el episcopado, sin definición conciliar o papal -como es bastante posible- no es suficiente que una doctrina sea propuesta con unanimidad moral por todo el episcopado. Se requiere además que la doctrina sea explícitamente propuesta ‘tamquam definitive tenemdam’ (Lumen Gentium 25). De ahí que la mera universalidad de facto de la doctrina de la Iglesia relacionada con la fe no es suficiente. A menudo se ha asumido en el pasado, con efectos prácticos, que una doctrina es irreformable en la Iglesia simplemente porque ha sido generalmente enseñada sin contradición claramente notable a lo largo de un periodo considerable de tiempo. Esta opinión va en contra de los hechos, pues muchas doctrinas que fueron en algún momento tenidas como definitivas han demostrado ser problemáticas o erróneas, y es fundamentalmente poco sólido.’ Cf. Magisterium, Sacramentum Mundi, Herder y Herder, Nueva York -Dublín, vol. III, pág. 356.

Valoración: El colegio episcopal no ha propuesto como doctrina para ser tenida como definitiva la prohibición de la ordenación de la mujer.

¿Objeción?¿Roma no puede hablar en nombre de todos los obispos? Respuesta: No. Es decir: no, hasta que los haya consultado de un modo verdaderamente colegial, para que ellos, ejerciendo su responsabilidad colegial, con conocimiento completo de los hechos y sin coacción moral, puedan libremente ‘juzgar’ el asunto y expresar sus propias opiniones.

Conclusión General

El magisterio ordinario universal no ha decidido con autoridad infalible que se deba prohibir a la mujer la ordenación sacerdotal, pues de hecho ninguna de estas condiciones esenciales se ha cumplido :

Por tanto, el principio teológico implica aquí que ‘ninguna doctrina se entiende como definida infaliblemente a menos que sea claramente establecida como tal.”Canon 749, § 3.

Lee también como teólogos claves de todo el mundo han rechazado las afirmaciones sobre la ‘infalibilidad’ de la Congregación para la Doctrina.


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