¿MUJERES SACERDOTES? SI!header

Responsive image

ABRIR

SIETE RAZONES

¿RETAR AL PAPA?!

DEBATE

¿POR QUé NO?

Nederlands/Vlaams Deutsch Francais English language Spanish language Portuguese language Catalan Chinese Czech Malayalam Finnish Igbo
Japanese Korean Romanian Malay language Norwegian Swedish Polish Swahili Chichewa Tagalog Urdu
------------------------------------------------------------------------------------
Las mujeres ya actúan como “otros Cristos”

Las mujeres también actúan como "otros Cristos"

por John Wijngaards

Image of Christ

Women too bear Christ's image Women reflect Christ's feminine traits Women too can act as another Christ Women too represent Christ's love Women are equal 'in Christ'

Como hijas adoptivas de Dios, las mujeres, tanto como los hombres, son imagen de Cristo.

La Palabra de Dios une a ambos sexos cuando se refiere a la divina semejanza: "Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó". (Génesis 1:27). San Pablo dice que todos, hombres y mujeres, se revisten de Cristo (Gálatas 3:27). Él habla de todos los cristianos cuando dice que "Por eso todos andamos con el rostro descubierto, reflejando como un espejo la Gloria del Señor, y nos vamos transformando en imagen suya más y más resplandeciente, por la acción del Señor que es espíritu" (2 Corintios, 3:18).

La razón para ésto es que, en y a través de Cristo, nos convertimos en hijos adoptivos de Dios. "Pero a todos los que lo recibieron, (Cristo) les concedió ser hijos de Dios" (Juan 1:12). "El mismo Espíritu le asegura a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios" (Romanos 8:16). Esto aplica a todos, hombres y mujeres por igual.

La igualdad entre hombres y mujeres surge del igual revestimiento en Cristo a través del Bautismo

Cuando nos preguntamos: ¿es la relación de una mujer con Jesús como el Cristo esencialmente distinta de la relación de un hombre con Jesús como el Cristo?, la tradición tiene claramente mucho que decir, si no a través de la reflexión teológica, al menos a través de la práctica. Lo más importante en esta conexión es el simple y mero hecho de que las mujeres son bautizadas; esta acción sacramental las establece en una cierta relación con Dios en Cristo. ¿Cuál es esta relación y cuáles son sus implicaciones, para entender el rol de la mujer en la Iglesia?

La relación con Cristo, que sella el bautismo, no es meramente una en que el feligrés recibe un "regalo" de Cristo, distinguible de y externo al dador. Puede decirse, propiamente, que el bautizo confiere el perdón por los pecados o la gracia de la justificación. Esto aparenta, sin embargo, a la luz del entendimiento que tiene el Nuevo Testamento del bautizo, que dichos regalos pertenecen al bautizado en virtud del hecho de que él o ella son unidos a Cristo, revestidos de Cristo, se convierten en miembros de Cristo, enterrados con Cristo, etcétera. Ser bautizado es estar asociado con Cristo en el poder del Espíritu que comparte en su relación con el Padre. "Ustedes ahora son hijos; por esta razón, Dios mandó a nuestros corazones el Espíritu de su propio Hijo, que clama al Padre: ¡Abba! o sea, ¡Papá!" (Gálatas 4:6). Por consiguiente, Cirilo de Jerusalén observó que el significado de bautismo es simplemente, compartir el ser hijos de Dios como Cristo, así como su muerte, resurrección y su poder para conquistar al mal (Catechetical Oration III, en varios lugares).

Es obvio ver, desde estas consideraciones, que la costumbre de bautizar mujeres tenga implicaciones en el problema de las mismas representando a Cristo en la Eucaristía. Dicha costumbre no implica meramente una creencia de que las mujeres puedan ser "salvadas", esto es, que sus pecados sean perdonados o que ellas sean recipientes propias de la gracia santificadora. Conlleva también la creencia de que las mujeres pueden y que de hecho, comparten la identidad de Jesús como el Cristo, que están incorporadas en Él, como representante de la raza humana, y que en consecuencia, Cristo vive en ellas. Debe decirse que el bautismo establece a las mujeres, tanto como a los hombres, en el rol de representantes de Cristo – personas en quienes la realidad de la vida de Cristo, la reconciliación con Dios, se manifiesta simbólicamente. La implicación lógica es que las mujeres, al igual que los hombres, pueden representar a Cristo en la Eucaristía.

Nadie ha explicado ésto mejor que R.A. Norris:

"En cuanto al significado del bautismo se refiere, entonces, las mujeres tiene la misma relación de Dios-en-Cristo que los hombres. Además, esta relación no tan sólo las constituye meramente como beneficiarias de la salvación, sino también como partícipes en la identidad de Cristo – que significa ser Hijo de Dios, por consiguiente su servidumbre, su sacerdocio y su dignidad soberana y profética en relación al mundo. El que ellas no sean o no puedan compartir la masculinidad de Cristo no es, aparentemente, ningún obstáculo en esa relación o en el ministerio que dicha relación envuelve – y con buena razón, como hemos visto, ya que es la humanidad de Cristo, y no su masculinidad, en virtud de lo cual es "Dios-con-nosotros". La práctica bautismal y la doctrina cristológica se refuerzan una a la otra en esta materia."

"¿Pero qué tiene que ver todo ésto con la ordenación? La ordenación no es el bautismo. Es ‘otro’ sacramento, y se presume por consiguiente, que el hecho de que las mujeres sean bautizadas no necesariamente indica si pueden ser o no ordenadas..."

"Es cierto, por supuesto, que la ordenación es ‘otro’ sacramento, y que no establece a una persona como miembro justo y perdonado de Cristo, sino como alguien que ocupa cierta relación con la Iglesia – una relación que constituye al ministro como una persona sacramentada, significando la presencia del Verbo Divino por el cual la Iglesia vive. No obstante debe cuestionarse, ¿qué aparta la ordenación en sí, qué se requiere para que una persona pueda realmente llevar a cabo este rol sacramental en relación con la Iglesia? Además, al hacer esta pregunta, debemos considerar que mientras hay más sacramentos que uno, se diferencian entre ellos no en lo que a fin de cuentas significan, sino en la manera en la cual y el propósito por el cual significan. La gracia y la verdad, las cuales son una en el Verbo Encarnado..."

"Un requisito para la ordenación es y siempre ha sido el bautismo... ¿pero es la masculinidad también una condición necesaria para la ordenación? Es en este punto que la relevancia de la discusión del bautismo se vuelve aparente en la cuestión de la ordenación de mujeres. El hecho de que las mujeres sean bautizadas, que las bautizadas están ‘en Cristo’ y que comparten su identidad, que en virtud de esa identidad, ellas practican un ministerio laico que envuelve la ‘imagen’ y ‘representación’ de Cristo en y para el mundo – estos hechos crean la presunción de que ellas también son capaces de ‘representar’ a Cristo en el rol de una persona ordenada. Dicha presunción es además fortalecida, cuando se reconoce que la identidad con la cual Cristo es presentado al mundo y a la Iglesia como su salvador no es la de un varón, sino de humanidad, como portador del Verbo Divino. La Nueva Criatura no se constituye por su masculinidad; por lo que hay razón de más para suponer que la masculinidad no es requerida para su ‘representación’ o ‘imagen’."

"De modo que, en última instancia, la pregunta se resume de la siguiente manera: ¿Es el Cristo del misterio bautismal a quien la persona ordenada representa, o un Cristo entendido y cualificado de otra manera? El Cristo del misterio bautismal – el Cristo por quien el nuevo orden de la creación es encarnado y realizado – es con el que hombres y mujeres, judíos y griegos, esclavos y libres comparten su identidad. Más aún, es este Cristo, y no otro, a quien la tradición cristológica claramente da a conocer, por su insistencia en la humanidad integral y abarcadora de la Palabra. Insistir, entonces, que el sacerdocio eclesial debe ser masculino para representar a Cristo, es argumentar que dicho sacerdocio representa a un Cristo distinto al cual los otros sacramentos de la Iglesia encarnan y proclaman."

R.A. Norris, "The Ordination of Women and the Maleness of the Crist", The Anglican Theological Review, junio de 1976; también se encuentra en Feminine in the Church, editado por Mónica Furlong, SPCK, Londres, 1984, págs. 71-85; aquí se citan las págs. 80-83.

En la administración del bautismo y el matrimonio, la mujer actúa en la persona de Cristo

Es común en la doctrina sacramental que el ministro de los sacramentos actúe como vicario de Cristo. En consideración a la validez del bautismo, es una enseñanza explícita de la Iglesia que cualquiera con uso de razón, teniendo la intención correcta y empleando la debida materia y forma, puede ser el ministro de este sacramento y el ministro, ya sea hombre o mujer, actúa en la persona de Cristo (in persona Christi).

"Por su poder, Cristo está presente en los sacramentos, así que cuando una persona bautiza, es realmente Cristo quien bautiza". (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, § 7)

Los ministros del sacramento de matrimonio son ellos mismos compañeros. Como concisamente lo expresó Pío XII en Mystici Corporis: "Los esposos son ministros de gracia el uno para el otro" (Acta Apostolicae Sedis 35 – 1943 – pág. 202). El sacramento del matrimonio es un sacramento permanente. Por tanto, mientras el matrimonio dure, los esposos permanecen como ministros del amor y la gracia de Cristo el uno para el otro.

"Los sacramentos son los actos de Cristo. Por tanto, con respecto al bautismo, dadas las condiciones mencionadas, una mujer pagana podría ser la ministro y en dicho caso, actúa in persona Christi, es Cristo quien bautiza. En referencia al matrimonio, la mujer que se convierte en esposa y el hombre que se convierte en marido, se mantienen como ministros permanentes de la gracia sacramental y, de acuerdo a las palabras de San Agustín: ‘Cuando un hombre se casa, es Cristo quien se casa; cuando una mujer se casa, es Cristo quien se casa’ (In Iohannis Evangelium VI; PL 35, 1428)."

Eric Doyle, "The Question of Women Priests and the Argument In Persona Christi", Irish Theological Quarterly 37 (1984), págs. 212-221; aquí citamos las págs. 215-216.

Traducción: Ivelisse Colón-Nevárez

¡Gradualmente traduciremos al español todos nuestros documentos!
¡Por favor, ayúdenos! Necesitamos a más voluntarios.


This website is maintained by the Wijngaards Institute for Catholic Research.

John Wijngaards Catholic Research

since 11 Jan 2014 . . .

John Wijngaards Catholic Research

Sírvase mencionar este documento como publicado por www.womenpriests.org!