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En la Eucaristía el sacerdote actúa no sólo “en la persona de Cristo”, sino también y más directamente “en la persona de la Iglesia”

En la Eucaristía el sacerdote actúa no sólo “en la persona de Cristo”, sino también y más directamente “en la persona de la Iglesia”

por John Wijngaards

Image of Christ

Women too bear Christ's image Women reflect Christ's feminine traits Women too can act as another Christ Women too represent Christ's love Women are equal 'in Christ'

Roma ve como algo secundario la representación de la Iglesia que hace el sacerdote.

“ Es verdad que el sacerdote representa a la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Pero si lo hace es precisamente porque representa, ante todo, a Cristo mismo, que es Cabeza y Pastor de la Iglesia, según fórmula del Concilio Vaticano II que precisa y completa la expresión in persona Christi. En calidad de tal, el sacerdote preside la asamblea cristiana y celebra el sacrificio eucarístico «que toda la Iglesia ofrece y en el que ella entera se ofrece a sí misma». Inter Insigniores § 33.

¿Qué es primero: representar a la Iglesia o representar a Cristo?

Indudablemente, el sacerdote en último término representa a Cristo, pero hay buenas razones teológicas para decir que el sacerdote comienza su ministerio como alguien que recibe la ordenación en una línea de sucesión apostólica. En una ‘teología ascendente’el sacerdote recibe su mandato de la Iglesia en la tierra. Sin embargo, a causa del indisoluble lazo que existe entre la cabeza (Cristo) y los miembros de la Iglesia, concretamente el Espíritu Santo, el sacerdote que representa a los miembros representa a Cristo la cabeza.

“Lo primero (en la persona de la Iglesia) comienza con lo que es más cercano y progresa hacia lo que en último término se significa; lo segundo (en la persona de Cristo) analiza el proceso real en el que lo que en último término se significa ordena el proceso entero de simbolización.”

E.Kilmartín, ‘Obispo y Presbítero como Representantes de la Iglesia y de Cristo’, en Mujeres Sacerdotes: un Comentario Católico de la Declaración Vaticana, editores A. y L.Swidler, Prensa Paulista, Nueva York 1977, págs. 295-302; aquí pág. 296. Ver también David Coffey, ‘Representación Sacerdotal y la Ordenación de las Mujeres’, en Sacerdocio. Las Cuestiones Difíciles editado por Gerald P. Gleeson, Columbia, Dublín 1993, páginas 79-99; aquí pág. 96.

La cuestión es más relevante cuando lo aplicamos al sacerdote como celebrante durante la Misa.

En la Plegaria Eucarística el sacerdote actúa más directamente en nombre de la comunidad creyente, aunque en último término en nombre de Cristo.

La razón por la que se dice esto es la propia liturgia.

1. A lo largo de la plegaria eucarística el sacerdote habla en nombre de la comunidad

Es suficiente leer la propia plegaria, como lo encontramos, por ejemplo, en la Plegaria Eucarística I. El sacerdote siempre dice ‘nosotros’, ‘a nosotros’, ‘todos nosotros’, etc. Solamente indicaré los comienzos.

2. Las palabras de la consagración no pueden entenderse fuera de contexto

Siguiendo a Santo Tomás de Aquino y otros teólogos medievales, Roma entiende que las palabras de la consagración se pueden entender fuera de contexto, que -mientras el sacerdote dice estas palabras- él da un paso fuera de su papel como lider de la comunidad y de repente habla sólo en nombre de Cristo. “El sacerdote, que sólo tiene el poder de realizarlo, actúa entonces no sólo a través del poder efectivo conferido a él por Cristo, sino también en la persona de Cristo, haciendo el papel de Cristo, hasta el punto de ser su propia imagen, cuando él pronuncia las palabras de la consagración.”Inter Insigniores § 25.

Vamos a echar un vistazo al propio texto, como lo encontramos en la Plegaria I (la conocida como Canon Romano). Haré una traducción literal del texto latino que tiene al menos diez siglos de antigüedad.

[oración de invocación]
“Bendice y acepta nuestra ofrenda; hazla aceptable ante ti, una ofrenda en espíritu y verdad. Haz que se convierta para nosotros en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, tu único Hijo, nuestro Señor
[narración institucional]
que en el día anterior a su pasión tomó pan en sus santas manos y elevando los ojos al cielo ante ti, su Padre todopoderoso, te dió gracias y te alabó.
Él partió el pan, lo dió a sus discípulos, y dijo: ‘Tomad y comed todos de él: este es mi cuerpo que será entregado por vosotros’.
Después, Él tomó la copa. De nuevo te dio gracias y te alabó, se la dio a sus discípulos, y dijo: ‘Tomad y bebed todos de ella: esta es la copa de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna. Será derramada por todos vosotros para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria mía’.”

Está claro que las palabras de la consagración forman parte de toda la plegaria eucarística:

El conocido liturgista, Ralph A.Keifer llega a esta conclusión:

“En la liturgia Romana la narración institucional no está desunida del resto de la plegaria eucarística. Y en ningún momento de la oración el sacerdote habla directamente en nombre de Cristo. Él continuamente habla en nombre de la Iglesia. Incluso en la narración institucional, que cita las palabras de Cristo, se habla en tercera persona: es una cita dentro de un narración recitada que se dirige a Dios Padre como parte de una oración , y es incluida dentro de la oración dicha en nombre de toda la Iglesia. La Declaración sostiene que el sacerdote representa a la Iglesia porque él primero representa al mismo Cristo como cabeza y pastor de la misma. No es la intención de este artículo discutir la verdad teológica de esta afirmación. Pero desde el punto de vista del signo, en lo que es dicho y hecho en el acto de la Eucaristía, exactamente lo contrario es el caso: es sólo rezando en nombre de la Iglesia cuando el sacerdote realiza su papel como representante consacratorio de Cristo.”

“Por tanto en la articulación de la plegaria eucarística en el rito Romano no se hace una clara distinción entre el sacerdote que representa la Iglesia orante y su representación de Cristo cabeza y pastor de la Iglesia. Los dos papeles son realizados al mismo tiempo. Incluso en una opinión que insiste en precisar un momento temporal de la consagración con la recitación de las palabras de Cristo, ni siquiera hay una desunión en la representación de Cristo como cabeza y pastor de la Iglesia a parte de la representación que el sacerdote hace de ella como cuerpo y novia de Cristo. Al recitar la narración institucional, el sacerdote continua hablando en nombre de la Iglesia orante. Y puesto que, al nivel del signo, la representación de Cristo se basa en la representación de la Iglesia, parecería que una mujer pudiera desarrollar el papel sacerdotal de representar a Cristo tan bien como un hombre.”

Ralph A.Keifer, ‘El sacerdote como "Otro Cristo" en la Oración Litúrgica’, en Mujeres y Sacerdocio. Direcciones Futuras,Prensa Litúrgica, Collegeville 1978, págs. 103-110; aquí págs. 109-110. Keifer es Profesor Asociado de Liturgia en la Unión Teológica Católica; ha dado conferencias en varias universidades y ha escrito varios libros. Desde 1971 a 1973 fue Editor General para el Comité Internacional de Liturgia en inglés.

Traducción: María Teresa Salamanca


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