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Las mujeres y los hombres son iguales en Cristo

Una Mujer también puede actuar en la persona de Cristo porque las mujeres y los hombres son iguales en Cristo

por John Wijngaards

Image of Christ

Women too bear Christ's image Women reflect Christ's feminine traits Women too can act as another Christ Women too represent Christ's love Women are equal 'in Christ'

Roma sostiene que la mujer no puede ser ordenada sacerdote ya que por el hecho de serlo, no puede representar a Cristo que era hombre.

«Los signos sacramentales -dice Santo Tomás- representan lo que significan por su semejanza natural»[39]. La misma ley vale cuando se trata de personas: cuando hay que expresar sacramentalmente el papel de Cristo en la Eucaristía, no habría esa «semejanza natural» que debe existir entre Cristo y su ministro si el papel de Cristo no fuera asumido por un hombre; en caso contrario, difícilmente se vería en el ministro la imagen de Cristo. Porque Cristo mismo fue y sigue siendo un hombre. Inter Insigniores § 27.

La mujeres no son inferiores

La primera razón por la que el argumento es falso es que la filosofía que presupone también lo es. Los escolásticos, a los cuales el documento se refiere como fuente del argumento, proponían una filosofía de los sexos que no puede ser defendida durante más tiempo por ningún cristiano. Para Santo Tomás de Aquino la mujer es sólo un ‘hombre incompleto’ que por tanto ‘no puede significar la eminencia del grado (más alto).’ Santo Tomás concluía por consiguiente que ella no podía ‘semejar’ a Cristo o ser su ‘imagen’. Pero seguramente tal razonamiento contradice la misma Escritura, e incluso una mejor filosofía de la dignidad humana.

Lee al mismo Santo Tomás.

El sexo femenino no puede significar la eminencia del grado (más alto).

La incapacidad de la mujer para ser ordenada se basa en una supuesta triple inferioridad en ellas.

a.Las mujeres son biológicamente inferiores.Siguiendo La visión de la procreación de Aristóteles,Aquino creía que una mujer nace por algún defecto en el proceso de generación. Una mujer es un ‘hombre defectuoso’.El estado biológicamente secundario es también claro por la creencia de que la semilla masculina contiene el poder de reproducción. La madre sólo proporciona un vientre que da alimento a la semilla o feto. Esta visión era común entre los Padres.

b.Las mujeres son socialmente inferiores.Una mujer está sometida al hombre por naturaleza pues aunque la razón humana de algún modo esté presente tanto en los hombres como en las mujeres, sin embargo predomina en lo masculino.

c.Las mujeres son ceadas como dependientes de los hombres.El hombre fue creado primero .Aunque tanto los hombres como las mujeres somos imagen de Dios en cuanto a nuestra naturaleza intelectual, el hombre es la imagen de Dios en un sentido especial.

Aquino argumenta que, considerando estos defectos inherentes, la mujer no puede significar la eminencia de grado y, por tanto, no puede representar a Cristo como ministro ordenado.

Conclusión: Puesto que sabemos que las mujeres son absolutamente iguales a los hombres, tanto biológicamente, como socialmente y en el orden de la creación, el argumento es inválido. De hecho, se basa en prejuicios sociales y culturales de otros tiempos.

Aquí está el juicio de un teólogo contemporáneo:

“Santo Tomás de Aquino era sabio en algunas cosas, pero él también era producto de su época. En la Suma Teológica leemos que "puesto que no es posible para el sexo femenino significar la eminencia de grado, ya que la mujer vive en estado de sometimiento, se sigue que ella no puede recibir el sacramento del Orden". Además según Sto. Tomás, el sometimiento de la mujer no es debido a condicionamientos sociales. Tratando la cuestión de si la esclavitud es un impedimento para la ordenación, Tomás escribió en la Suma que "los signos sacramentales significan por razón de su igualdad natural; entonces una mujer es una súbdita por naturaleza, mientras que un esclavo no lo es." Aquino también creía que "en las mujeres no hay suficiente fuerza mental para resistir la concupiscencia". Se podrían ciertamente tener dudas para ordenar a una criatura de tan limitada consistencia.”

“No podemos juzgar a Tomás de Aquino. Pero conozcámosle mejor. Sabemos que las mujeres no son por naturaleza inferiores a los hombres (ver la carta apostólica de Juan Pablo II de 1988, Mulieres dignitatem). Sabemos que una mujer ya no vive en estado de sometimiento por su naturaleza más que el hombre. Las objeciones de Aquino ya no pueden ser citadas como razones para rechazar la ordenación de la mujer. Ni tampoco cualquier otra razón que implique inferioridad. Hacer eso estaría en contradición con lo que ahora entendemos de la Buena Nueva de Cristo.”

Rose Hoover, ‘Considerar la tradición. El argumento para la ordenación de la mujer’, Commonweal 126 núm. 2 ( 29 de Enero, 1999), págs. 17-20. Hoover pertenece al personal retirado del Cenáculo en Metairie, Louisiana.

Un símbolo no implica igualdad física

El segundo error en el razonamiento de Tomás es que para él es lo mismo ‘igualdad natural’ [=similitud exacta] que símbolo [=un signo con significado]. El sexo de Jesús puede importar cuando le pintamos en un cuadro, pero no cuando es representado por un signo sacramental que es un símbolo.

·La confusión es ya evidente cuando Aquino habla de la Eucaristía como signo de la Pasión de Cristo.¡Esto es así, pero él lo compara con un retrato!. La Eucaristía, sin embargo, no es un retrato de la Pasión, sino que significa la Pasión en un sentido realmente simbólico.

·Aquino indica otros símbolo: el altar. Éste, dice, representa la cruz. Aquí él habla de un símbolo real, puesto que por similitud natural el crucifijo sobre el altar muestra una igualdad mejor que la cruz. El altar no parece una cruz pero simboliza la cruz porque igual que el Pan y el Vino consagrados permanecen sobre el altar, Cristo cuelga de la madera de la cruz.

·Aquino dice sobre el sacerdote:‘el sacerdote también lleva la imagen de Cristo, en cuya persona y por cuyo poder, él pronuncia las palabras de la consagración’.

Conclusión: Aquino se debería haber dado cuenta de que en el sacerdote tampoco hay una igualdad natural que importe más que el acto sacrificial de Cristo. El sacerdote también es un ‘símbolo’, no una igualdad natural.

Esto es lo que Eric Doyle dice sobre ello:

“Compara estos dos textos:

Suma Teológica III, cita 83, art: I, ad 2: ‘Puesto que la celebración de este sacramento es una imagen que representa (imago repraesentiva) la Pasión de Cristo, así el altar representa la cruz en la que Cristo fue crucificado en su propia forma y figura. Santo Tomás claramente distingue por un lado entre imago repraesentativus y el altar como repraesentativam dela cruz y, por otro, el sacrificio de Cristo in propria specie.

Segundo, la misma cuestión y artículo, ad 3: ‘Y por la misma razón el sacerdote también lleva la imagen de Cristo (gerit imaginem Christi), en cuya persona y por cuyo poder, él pronuncia las palabras de la consagración como se ha mostrado. Y por eso y en cierta medida, el sacerdote y la víctima son lo mismo’. La Declaración desea concluir de la comparación de ad 3 y ad 2 que el sacerdote debe ser de género masculino. Pero ésta, de hecho, no es la conclusión que debemos sacar de la comparación, ya que si ad 3:gerit imaginem Christi no se refiere a la mediación de Cristo de una manera simbólica, el paralelismo con ad 2 resulta ridículo.

“La celebración de la Eucaristía es la imago repraesentativa de la pasión de Cristo y el altar representa la cruz. Ni la doble consagración ni el altar tienen una igualdad física o son una reproducción fotográfica del sacrificio de Cristo en la cruz. Sin embargo, como símbolos reales tienen un parecido natural [interno] con lo que es representado. En la Eucaristía el sacrificio de Cristo es sacramental, es in genere signi, es simbólico. Si entonces, el sacerdote representa la imagen de Cristo (gerit imaginem Christi) ‘igual que la celebración de este sacramento es la imagen representativa de la cruz de Cristo’ [Santo Tomás dice ‘pasión’] como la Declaración ha dicho, entonces no puede ser un asunto de igualdad física sino de semejanza natural, es decir de representación simbólica de Cristo el Mediador. Santo Tomás no ha cambiado su noción de ‘imago’ en el texto de ad 3 ni le ha dado un significado diferente, como la Declaración parece decir; Santo Tomás dice: ‘Puesto que la celebración de este sacramento es una imagen que representa la Pasión de Cristo...Y por la misma razón, el sacerdote también lleva la imagen de Cristo’...”

“La celebración de la Misa no es una copia exacta de la Última Cena o del Calvario. Si la semejanza natural entre el ministro de la eucaristía y Cristo formalmente implica la masculinidad de Cristo, entonces estrictamente hablando todo tendría que hacerse para que el sacerdote hoy se pareciera lo más posible a lo que creemos que podría ser un judío del S.I. Esto no es una cuestión indiferente; es el final lógico del argumento de la Declaración. Si semejanza natural significa igualdad física, entonces para tener una imagen más perfecta el sacerdote debería vestirse en Misa como vestía un judío del S.I. Es por ello que el sacerdote en la Misa se pone vestiduras que sirven para esconder su masculinidad y para destacar su ministerio como imagen representativa o símbolo en la humanidad de Cristo Mediador. Por tanto lo que la Declaración dice sobre la Eucaristía se puede decir de todos los sacramentos: ‘el sacerdote...actúa ...en la persona de Cristo, haciendo el papel de Cristo, hasta el punto de ser su misma imagen, cuando él pronuncia las palabras de la consagración’. También se puede decir de una mujer ministra del bautismo: ella actúa en la persona de Cristo, haciendo el papel de Cristo, hasta el punto de ser su misma imagen, cuando ella pronuncia las palabras del bautismo.”

Eric Doyle, ‘La Cuestión del Sacerdocio de la Mujer y el Argumento In Persona Christi, ’Publicación Trimestral Teológica Irlandesa 37 (1984) 212-221, aquí págs. 217-218.

Traducción: María Teresa Salamanca



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