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Solo un sacerdote de sexo masculino puede representar a Cristo en la Eucaristía

Solo un sacerdote de sexo masculino puede representar a Cristo en la Eucaristía

Inter Insigniores, Pablo IV, Acta Apostolici Sedis 69 (1977) 98-116

Giovanni Paolo II

§ 24. Después de haber recordado la norma de la Iglesia y sus fundamentos, es útil y oportuno tratar de aclarar dicha norma, mostrando la profunda conveniencia que la reflexión teológica descubre entre la naturaleza propia del sacramento del orden, con su referencia específica al misterio de Cristo, y el hecho de que sólo hombres hayan sido llamados a recibir la ordenación sacerdotal. No se trata de ofrecer una argumentación demostrativa, sino de esclarecer esta doctrina por la analogía de la fe.

§ 25. La enseñanza constante de la Iglesia, renovada y especificada por el concilio Vaticano II, recordada asimismo por el sínodo de los obispos de 1971 y por esta Congregación para la Doctrina de la Fe en la declaración del 21 de junio de 1973, proclama que el obispo o el sacerdote, en el ejercicio de su ministerio, no actúa en nombre propio in persona propria: representa a Cristo que obra a través de él: «El sacerdote tiene verdaderamente el puesto de Cristo», escribía ya San Cipriano[34]. Este valor de representación de Cristo es lo que San Pablo consideraba como característico de su función apostólica[35]. Esta representación de Cristo alcanza su más alta expresión y un modo muy particular en la celebración de la Eucaristía, que es la fuente y el centro de unidad de la Iglesia, banquete-sacrificio en el que el pueblo de Dios se asocia al sacrificio de Cristo; el sacerdote, el único que tiene el poder de llevarlo a cabo, actúa entonces no sólo en virtud de la eficacia que le confiere Cristo, sino in persona Christi[36] haciendo las veces de Cristo, hasta el punto de ser su imagen misma cuando pronuncia las palabras de la consagración[37].

§ 26. El sacerdocio cristiano es, por tanto, de naturaleza sacramental: el sacerdote es un signo, cuya eficacia sobrenatural proviene de la ordenación recibida; pero es también un signo que debe ser perceptible[38] y que los cristianos han de poder captar fácilmente.

§ 27. En efecto, la economía sacramental está fundada sobre signos naturales, sobre símbolos inscritos en la psicología humana: «Los signos sacramentales -dice Santo Tomás- representan lo que significan por su semejanza natural»[39]. La misma ley vale cuando se trata de personas: cuando hay que expresar sacramentalmente el papel de Cristo en la Eucaristía, no habría esa «semejanza natural» que debe existir entre Cristo y su ministro si el papel de Cristo no fuera asumido por un hombre; en caso contrario, difícilmente se vería en el ministro la imagen de Cristo. Porque Cristo mismo fue y sigue siendo un hombre.

§ 28. Ciertamente, Cristo es el primogénito de toda la Humanidad, mujeres y hombres: la unidad que El restableció después del pecado es tal, que <<no hay ya judío o griego, no hay varón o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jesús»[40]. Sin embargo, la encarnación del Verbo se hizo según el sexo masculino: se trata de una cuestión de hecho; pero este hecho, lejos de implicar una pretendida superioridad natural del hombre sobre la mujer, es inseparable de la economía de la salvación; en efecto, está en armonía con el conjunto del plan de Dios, tal como Dios mismo lo ha revelado, y cuyo centro es el misterio de la Alianza.

§ 32. Podría decirse que, puesto que Cristo se halla actualmente en condición celeste, sería indiferente que sea representado por un hombre o por una mujer, ya que «en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento»[46]. Sin embargo, este texto no significa que la distinción entre hombre y mujer, dado que determina la identidad propia de la persona, sea suprimida en la glorificación: lo que vale para nosotros vale también para Cristo. No es necesario recordar que en los seres humanos la diferencia sexual desempeña un papel importante, más profundo que, por ejemplo, el de las diferencias étnicas; en efecto, éstas no afectan a la persona humana de manera tan íntima como la diferencia de sexo, que se ordena directamente a la comunión entre las personas y a la generación; y que es, según la Revelación, el efecto de una voluntad primordial de Dios: «Los creó macho y hembra»[47].

[34] SAN CIPRIANO, Epist. 63,14: PL 4,397, ed. Hartel, t.3 p.713.

[35] Cf. 2 Cor 5,20; Gál 4.14.

[36] Conc. VATICANO II, Const. Sacrosanctum concilium n.33: «.„ el sacerdote que preside la asamblea representando a Cristo»: Const. dogm. Lumen gentium n.10: «El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, hace el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios..>>; n.28: «En virtud del sacramento del orden, a imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote, ... ejercen su oficio sagrado sobre todo en el culto o asamblea eucarística, donde, obrando en nombre de Cristo...»; decr. Presbyterorum ordinis n.2: «... los presbíteros, por la unción del Espíritu Santo, quedan sellados con un carácter particular y así se configuran con Cristo, de suerte que pueden obrar como en persona de Cristo cabeza»; n.13: «Como ministros sagrados, señaladamente en el sacrificio de la misa, los sacerdotes representan a Cristo...>>. Cf. SINODO DE Los OBISPOS 1971, De sacerdocio ministeriali I 4: S.ACRADA CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaratio circa catholicam doctrinam de Ecclesia n.6.

[37] SANTO TOMAS Sum. theol. II_I q.83 a.l ad 3: «,Asi como la celebración de este sacramento es imagen representativa de la cruz de Cristo (ibid.. ad 2), por la misma razón el sacerdote representa a Cristo y consagra en su nombre con su virtud».

[38] In IV Sent. dist.25 n.2 a.1 q.' 1.' ad corp.: «Dado que el sacramento es un signo, en aquello que se lleva a efecto por el mismo sacramento se requiere no sólo la res, sino también la -significación de la. res». (precisamente para rechazar la ordenación de las mujeres).

[39] In IV Sent. dist. c.2 a.2 q' 1.' ad 4.

[40] Gál 3,28.

[47] Gén 1.27.

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