La actuación del sacerdote en nombre de la Iglesia es de menor importancia

La actuación del sacerdote en nombre de la Iglesia es de menor importancia

Inter Insigniores, Pablo IV, Acta Apostolici Sedis 69 (1977) 98-116

Giovanni Paolo II

§ 33. Sin embargo -se dirá todavía-, el sacerdote, sobre todo cuando preside las funciones litúrgicas y sacramentales, representa a la Iglesia, obra en nombre de ella, «con intención de hacer lo que ella hace». En este sentido, los teólogos de la Edad Media decían que el ministro obra también in persona Ecclesiae, es decir, en nombre de toda la Iglesia y para representarla. En efecto, sea cual fuere la participación de los fieles en una acción litúrgica. es cierto que tal acción es celebrada por el sacerdote en nombre de toda la Iglesia; él ruega por todos y en la misa ofrece el sacrificio de toda la Iglesia: en la nueva Pascua, es la Iglesia la que inmola a Cristo sacramentalmente por medio del sacerdote[48]. Dado, pues, que el sacerdote representa también a la Iglesia, ¿no sería posible pensar que esta representación puede ser asegurada por una mujer, según el simbolismo antes expuesto? Es verdad que el sacerdote representa a la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Pero si lo hace es precisamente porque representa, ante todo, a Cristo mismo; que es la Cabeza Pastor de la Iglesia, según fórmula del concilio Vaticano II [49] que precisa y completa la expresión in persona Christi. En calidad de tal, el sacerdote preside la asamblea cristiana y celebra el sacrificio eucarístico. «que toda la Iglesia ofrece y en el que ella entera se ofrece a sí misma» [50].

§ 34. Si se tiene en cuenta el valor de estas reflexiones, se comprenderá mejor el válido fundamento en el que se basa la práctica de la Iglesia; y se podrá concluir que las controversias suscitadas en nuestros días acerca de la ordenación de la mujer son para todos los cristianos una acuciante invitación a profundizar más en el sentido del episcopado y del presbiterado, a descubrir de nuevo el lugar original del sacerdote dentro de la comunidad de los bautizados, de la que él es ciertamente parte, pero de la que se distingue, ya que en las acciones que exigen el carácter de la ordenación él es para la comunidad -con toda la eficacia que el sacramento comporta- la imagen, el símbolo del mismo Cristo, que llama, perdona y realiza el sacrificio de la Alianza.

[48] Cf. Conc. TRIDENTINO ses.22 c.l: DS 1741.

[49] Conc. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium n.28: «Ejerciendo en la medida de su autoridad el oficio de Cristo. Pastor y Cabeza...»; decr. Presbiterorum ordinis n.2: «De suerte que puedan obrar como en persona de Cristo Cabeza»: n.6: «El oficio de Cristo, Cabeza Pastor...»; cf. Pio XII, Enc. Mediator Dei: «El ministro del altar representa a Cristo como que ofrece -en nombre de todos sus miembros; AAS 39 (1947) 556; SiNODO DE LOS OBISPOS 1971. De sacerdocio ministeriali I n.4: «Hace presente a Cristo, Cabeza de la comunidad...>>

[50] PAULO VI, Enc. Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 761.

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