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Inter Insigniores, Pablo IV, Acta Apostolici Sedis 69 (1977) 98-116

§ 35. Quizá sea oportuno recordar que los problemas de eclesiología y de teología sacramental -sobre todo cuando tocan el sacerdocio, como en el caso presente- no pueden ser resueltos más que a la luz de la Revelación. Las ciencias humanas, por preciosa que pueda ser la aportación que ofrecen en este campo, no bastan, ya que ellas no pueden captar las realidades de la fe: el contenido propiamente sobrenatural de éstas escapa a la competencia de las mismas ciencias.
§ 36. Por ello hay que poner de relieve que la Iglesia es una sociedad diferente de las otras sociedades, original en su naturaleza y estructuras. La función pastoral al interior de la Iglesia está normalmente vinculada al sacramento del orden: ella no es simplemente un gobierno comparable a las formas de autoridad que se dan en los Estados. Esta no es otorgada por la espontánea elección de los hombres. Incluso cuando tal autoridad comporta una designación por la vía de elección, es la imposición de las manos y la oración de los sucesores de los apóstoles la que garantiza la elección de Dios; y es el Espíritu Santo, recibido en la ordenación, el que hace participar en el gobierno del Supremo Pastor, Cristo[51]. Es una función de servicio y. de amor: «Si me amas. apacienta mis ovejas»[52].
§ 37. Por este motivo no se ve cómo es posible proponer el acceso de las mujeres al sacerdocio, en vista de la igualdad de los derechos de la persona humana, igualdad que vale también para los cristianos. A tal fin se utiliza, a veces, el texto antes citado de la carta a los Gálatas[53], según el cual en Cristo no hay distinción entre hombre y mujer. Pero este texto no se refiere en absoluto a los ministerios: él afirma solamente la vocación universal a la filiación divina, que es la misma para todos. Por otra parte, y por encima de todo, sería desconocer completamente la naturaleza del sacerdocio ministerial considerarlo como un derecho: el bautismo no confiere ningún título personal al ministerio público en la Iglesia. El sacerdocio no es conferido como un honor o ventaja para quien lo recibe. sino como un servicio a Dios y a la Iglesia; es objeto de una vocación específica, totalmente gratuita: «no me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros...»[54]
[51] Cf. Hech -20.28.
[52] Cf. Jn 21.15-17.
[53] Gal 3-.28.
[54] Jn 15, 16; cf. Heb 5,4
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