|
|
|---|
|
La tradición válida es la de las escrituras
A fin de ser válida, la tradición debe basarse en las escrituras. Nótese, sin embargo que una tradición no se convierte en escritura solo porque los padres de la Iglesia, teólogos o el Magisterio de la Iglesia mencionan ciertos textos de las escrituras. A fin de ser válidas en base de las escrituras, el uso de las Escrituras debe ser legítimo. Esto significa que solo aquellas fuentes escritas son fuentes válidas de tradición que emplea las Escrituras de acuerdo con el sentido que le dan sus autores inspirados.
La experiencia de la Iglesia en el pasado proporciona excelente material para ilustrar el principio. Me concentraré en dos ejemplos: la falla de la Iglesia durante 19 siglos de discernir la adecuada Tradición relacionada con la esclavitud; y su aseveración que solo los Católicos pueden salvarse. En ambos casos, una de las principales causas de la falsa tradición fue una falsa interpretación de las escrituras.
El uso de la Escritura en la así llamada tradición que favorece la esclavitudPese a que muchos Papas condenaron el exceso del tráfico internacional de esclavos, el Magisterio Oficial de la Iglesia respaldó la legitimidad de la esclavitud como tal hasta el Papa Leon XIII en 1888! Examine algunos de los hechos abreviados por falta de espacio:
Note que el Santo Oficio en 1866, declaró que no es contrario a la ley divina. En términos teológicos esto significa: la esclavitud está en armonía con el sentido inspirado de las Escrituras. Entre las pruebas bíblicas que apoyan la legitimidad de la tradición se encuentran los siguientes textos de las Escrituras: 1. El uso de textos del Antiguo Testamento El Antiguo Testamento toma como un hecho la institución de la esclavitud. Vea por ejemplo Sirach 33,25-30. Los Israelitas pueden ser esclavizados por otros Israelitas como pena por robo (Ex 22,3), para pagar deudas (Ex 31,2-6; Lev 25,39), por compra hecha por un extranjero (Lev 25,47-55), y por venta de una hija por su padre (Ex 21,7-11). Esta clase de textos se convirtieron en la fuente sobre la cual los abogados canónicos y los teólogos construyeron los cuatro títulos justos de la esclavitud (vea el texto del Santo Oficio que se menciona arriba): capturas en guerra, justa condena, compra y venta y nacimiento (el hijo de una madre esclava es un esclavo!).
2. El uso de los textos del Evangelio
Lucas 17,7-10; Vea también Mateo 10,24-25; 13,27-28; 18,25; etc. Algunos Padres de la Iglesia, teólogos y Papas han usado pasajes de los Evangelios para probar que la esclavitud es un deseo de Dios. Jesus mismo, dice, aceptó la esclavitud. Jesús da ejemplos de esclavitud que mostraba que tomaba la subordinación de los esclavos como un hecho. Lo que es mas, Jesús admirable el servicio de los esclavos sumisos y humildes. Por lo tanto es algo hermoso que no es contrario al deseo de Dios! Comentario Jesús adujo el ejemplo de esclavitud para resaltar un hecho. El no abolió la esclavitud , como no abolió la dependencia social de las mujeres, pero no es legítimo concluir de tales textos que respaldaba la esclavitud. Esto se deduce de la forma literaria que el usa así como su ámbito de intención. 3. El uso de las Cartas del Nuevo TestamentoLos esclavos obedecen en todo a quienes son sus
dueños terrenales no con servicio visual como contentando a la gente,
sino con unidad de corazón complaciendo al Señor.
Estos textos se usaran para probar que los Apóstoles respaldaban la práctica de la esclavitud. Los Teólogos continuaban repitiendo esta clase de argumentos hasta fines del siglo diecinueve. Los llevaba a una firme conclusión: Es ciertamente un asunto de fe que la esclavitud en la cual un hombre sirve a su amo como esclavo, es totalmente legal. Esto puede ser probado en base a las Santas Escrituras. De un trabajo estándar LEANDER, Questiones Morales Theologicae, Lyons 1692; Volumen 8, De Quarto Decalogi Precepto, Tract.IV, Disp. I, Q.3.
Lección: En nuestro tiempo la Iglesia, incluyendo el Magisterio ha llegado al reconocimiento que la esclavitud está contra los derechos humanos y es contrario a la intención de Dios (Vaticano II, Gaudium et Spes, no 29). Este reconocimiento tiene las siguientes implicaciones:
El uso de las Escrituras en la así llamada tradición que no hay salvación fuera de la IglesiaHasta por lo menos 1854, la enseñanza oficial de la Iglesia era que no había salvación fuera de la Iglesia. Aquí veremos algunas frases del Magisterio:
El uso de las EscriturasPara los Padres de la Iglesia, teólogos y Papas, la tradición se basaba principalmente en los siguientes textos de las Escrituras:
El argumento dado era que estos textos eran exclusivos en lo que decían. Atribuían poder universal a la jerarquía y hacía del bautizo el único medio de salvación. Comentario: La forma absoluta de hablar es una forma
literaria específica la hipérbole, característica
de la forma Judía de hablar. Lea otros ejemplos: Mateo 7,4;
23,24; 5,29; 5,34-35; 24,36; 12,30 (contraste con Marcos 9,40!). Esta
forma literaria debe ser tomada en
consideración. Lección: En el siglo 19 la Iglesia empezó a modificar sus enseñanzas indicando que uno podía pertenecer a la Iglesia también en deseo y que esto era suficiente para la salvación. El Vaticano II completó este proceso indicando claramente que existe salvación para aquellos que están fuera de la Iglesia, todos aquellos que buscan a Dios con un corazón sincero (Lumen Gentium 15-17) y que sus varias religiones son también, hasta cierto punto, medios de salvación (Nostra Aetate, en relación con Religiones No Cristianas. Este reconocimiento tiene las siguientes implicaciones:
La comprensión progresiva de las Escrituras en la historia de la Iglesia que lleva a una comprensión de la verdadera mente de CristoDado que las Escrituras y Tradición son una fuente de Revelación, un único depósito de la Palabra de Dios (Vaticano II, Revelación Divina no 9 - 10 ), se entiende que se deben desarrollar juntos en el conocimiento espiritual y teológico de la Iglesia.
Yves M.J. Congar, el experto sin discusión de la tradición, describe el proceso como un entrejuego entre las palabras originales y los hechos de Cristo por un lado y la continua actividad del espíritu en la otra (Tradición y Tradiciones, London, Burns & Oates, pp. 338-347). Resumiré aquí sus pensamientos. El contenido dogmático de la Tradición consiste en la correcta interpretación de las revelaciones de las escrituras en términos de su objeto central: Cristo y la salvación que trajo. Ahora, de acuerdo con el Nuevo Testamento, pese a que Cristo es el contenido de la Escritura, nos da el entendimiento de la misma a través de su Espíritu Santo. Es el Espíritu que nos permite decir Jesús es el Señor (1 Corintios 12,3); los textos de las Escrituras son oscuros hasta que pedimos entendimiento al Señor bajo la influencia de su Espíritu Santo (2 Corintios 3,12-18). Sin lugar a dudas es por eso que San Pablo exhortó a Timoteo a guardar la verdad que le ha sido confiada por el Espíritu Santo que vive dentro de nosotros (2 Timoteo 1,14). Las cartas de San Pablo y los Actos de los Apóstoles de San Lucas, atribuyen toda la vida de la Iglesia y el trabajo de sus ministros al Espíritu. La promesa del don del Espíritu que hizo el Señor a los Apóstoles (Juan 14,18; 14,16; 15,26; 16,12-13) no solo estaba dirigido a los Doce. Por el contrario, tenemos razones para creer que aplica también a la Iglesia en todas las edades. Note la recurrencia en Juan 14 y 16, de la palabra usted: Le daré a usted, le mandaré a usted, el lo guiará a usted, el le dará a usted el entendimiento. Este usted se refiere tanto a las personas (los apóstoles) y a la comunidad. De hecho, en Pentecostés el Espíritu les es dado a todos los discípulos, en un número de ciento veinte (cf. Actos 1,15; cf. Lucas 24,33: Los once . . y aquellos que estaban con ellos). El espíritu prometido le fue dado a la comunidad de aquellos que estaban presentes; cuando se unieron nuevos miembros al primer núcleo de un grupo, entonces la Iglesia, con el transcurrir del tiempo recibiría a su vez el Espíritu que construyó el cuerpo de Cristo (cf. 1 Corintios 12,13). Básicamente, este don del Espíritu está a la par con la economía salvadora como un todo: el hecho, una vez que se suscita, se relaciona con todas las generaciones sucesivas, trabaja en ellas. El rol así impuesto en el Espíritu Santo es la actualización e interiorización de lo que Cristo dijo y vivió. La fe viva en Cristo tiene que ser vivida por seres humanos que se suceden en el tiempo, coexistiendo por separado en el espacio. El patrón de verdad y vida fijado una vez y por todas y para toda la gente debe convertirse en un patrón personal para cada persona, y un patrón común para las multitudes no mencionadas de gente que lidera cada una su vida individual en el espacio y el tiempo. Se debe hacer una apropiación personal, no simplemente por una decisión tomada por la gente que no sería ni un principio de unidad ni un principio de vida divina sino un nuevo acto de Dios mismo, no visible encarnado en un momento de historia humana sino que se da interiormente a cada uno y todos. Este es el trabajo del Espíritu. Dado que el es Espíritu, actúa en personas en forma espiritual sin forzarlos de ninguna manera. Las escrituras caracterizan esta intervención comparándola como un pensamiento, un aceite que penetra una inspiración interior que escasamente puede ser distinguible del trabajo normal de nuestra mente, una conciencia que por si solo puede trabajar en las profundidades de nuestra vida personal (1 Corintios 2,10ff.). Y sin embargo, está en toda la gente, trabajando desde el interior para crear unidad y unanimidad. Dispone de cada uno de acuerdo con su naturaleza, vocación y lugar para buscar y promover la comunión de todos. Sus dones son hechos para el bien común (1 Corintios 12,7), para construir el cuerpo de Cristo (Efesios 4,12; cf. 1 Corintios 12,13). Esto es como el sensus fidelium puede llevar una tradición latente que se explica posteriormente en la Iglesia. La estructura de nuestra fe resulta de la unión de una energía espiritual o inspiración recibida directamente de Dios con la aceptación de una enseñanza dada por la Iglesia, de Cristo y de los apóstoles a lo largo de un proceso histórico. En nuestra fe están unidos una transmisión histórica del patrón de creencias y un evento espiritual que el Espíritu saca a luz en cada nueva conciencia. Lo que se produce a nivel personal, se reproduce analógicamente a nivel eclesiástico, donde el gran Sequentia sancti Evangelii [=el desdoblamiento de los Santos Evangelios] deben comprenderse en forma progresiva. La iglesia misma está perfectamente al tanto de esto; testifica tanto en las palabras de los Padres o teólogos y en esos momentos privilegiados de auto comprensión y toma de decisiones colectivas que se llaman concilios. El aspecto dinámico en la Tradición por lo tanto debe su origen a la duradera actividad del Espíritu Santo. Conclusión Para que una tradición sea parte de la Tradición genuina de la Iglesia debe basarse en las escrituras. Esto significa que debe basarse en un entendimiento correcto del significado inspirado de los textos de las escrituras. En la historia de la Iglesia tal entendimiento correcto a menudo iba de la mano de nueva comprensión de asuntos importantes. La nueva y correcta interpretación de las Escrituras se produce mediante la siempre viva actividad del Espíritu Santo en la Iglesia. Traducción: Lola de Varas
Por favor, sírvase mencionar este documento como publicado por www.womenpriests.org!
|