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L’ordination de femmes diacres dans la tradition grecque/byzantine

La ordenación de mujeres diaconisas en la tradición greco/bizantina

El manuscrito Barberini gr. 336

Un antiguo manuscrito griego sobre la ordenación fue descubierto en la biblioteca del Cardenal Barberini. Provenía del monasterio de San Marcos en Florencia, que lo había recibido como una herencia de Nicolai de Nicolis. Un análisis de esta escritura uncial, indicaría que la copia fue realizada a fines del siglo IX y probablemente con anterioridad. El contenido es mucho más antiguo y refleja la práctica bizantina durante el apogeo del diaconato del siglo III al VIII.

El manuscrito fue traducido al latín y publicado por Jean Morinus, en Commentarius [sic!] de Sacris Ecclesiae Ordinationibus, publ. Rue Kalverstraat, en Anveres, 1695 ; pp. 55 - 57. He aquí lo que él escribe en la introducción: “Este magnífico códice ha sido escrito en mayúsculas y unciales, no en letras cuadradas sino más largas y delgadas, las cuales se formaron a partir de la forma cuadrada a lo largo del tiempo. Para quien esté familiarizado con los códices griegos antiguos, la copia no puede tener menos de 800 años, tal vez excediendo esta edad en muchos años.” [Recordar que Morinus examinó el códice en el año 1695!]

La pubblicacion definitiva del texto griego por Stefano Parenti & Elena Velkovska, L’Eucologio Barberini Gr. 336, Bibliotheca «Ephemerides Liturgicae Subsidia» no 80, Edizioni Liturgiche, Roma 2000, pp. 170-174 & 336-339.

fragment of the Barberini mss

Muestra de la escritura uncial tardía de la que habla Morinus.
Barberini gr. 336, fol. 170v. : “Os rogamos Señor que mireis a vuestra sirvienta, guiadla en la tarea de su diaconado y derramad sobre ella el don rico y abundante de vuestro Espíritu Santo. Preservadla de manera que siempre pueda cumplir su ministerio con una fe recta y una conducta irreprochable, según lo que os es agradable.” etc.





El manuscrito Barberini gr. 336

Texto traducido del griego y del latín y disponible en Internet por John Wijngaards. Traducido en espagnol por Carme Alegre.

Texto griego originale, ¡oprime aquí!

La Ordenación (cheirotonia) de los Diáconos La Ordenación (cheirotonia) de las Diaconisas
Después del sagrado ofertorio, las puertas [de la nave principal] se abren y antes que el Diácono entone la letanía de Todos los Santos, el hombre que va a ser ordenado diácono es presentado al Arzobispo. Y cuando la Divina Gracia [declaración] ha sido pronunciada , el que va a ser ordenado diácono se arrodilla. El Arzobispo hace tres veces la señal de la cruz sobre su frente, le impone la mano y reza así : Después del sagrado ofertorio, las puertas [de la nave principal] se abren y antes que el Diácono entone la letanía de Todos los Santos, la mujer que va a ser ordenada diaconisa es presentada al Arzobispo. Y después que éste haya pronunciado la "Divina Gracia" [declaración] en voz alta, la mujer que va a ser ordenada baja la cabeza. El Arzobispo pone la mano sobre su frente, hace tres veces la señal de la cruz y reza así :
“Señor Dios nuestro, por vuestra providencia enviad la fuerza y abundancia de vuestro Santo Espíritu sobre quienes, por vuestro inescrutable poder son constituidos ministros para servir en vuestros inmaculados misterios, servíos preservar, Señor a este hombre que vos deseais que yo promueva a los deberes de los diáconos [leitourgia del diaconado], a fin que con toda dignidad y con un comportamiento irreprochable pueda conservar el misterio de la fe con una conciencia pura y dadle la gracia que disteis a Esteban, vuestro primer mártir. Y después de haberle llamado a las tareas de vuestro ministerio, según vuestra voluntad, hacedle digno de asumir su grado [de responsabilidad] pues le habeis elegido. Aquellos que lleven a cabo su responsabilidad adquirirán por ellos mismos un grado elevado.
Haced perfecto a vuestro servidor pues son vuestros el poder y el reino.”
“ Santo y Omnipotente Señor, por el nacimiento de vuestro Hijo de una Virgen según la carne, habeis santificado el sexo femenino. Vos concedeis no solo a los hombres, sino también a las mujeres, la gracia de vuestro Estíritu Santo. Os rogamos Señor que mireis a vuestra sirvienta, guiadla en la tarea de su diaconado y derramad sobre ella el don rico y abundante de vuestro Espíritu Santo.
Preservadla de manera que siempre pueda cumplir su ministerio [leitourgia] con una fe recta y una conducta irreprochable, según lo que os es agradable.
A vos todo honor y toda gloria.”
Uno de los otros Diáconos entona la letanía de intercesión “por la salvación de nuestras almas, por la paz en el mundo, por nuestro Arzobispo, por nuestro Emperador, etc., etc. ” Uno de los otros Diáconos entona la letanía de intercesión “por la salvación de nuestras almas, por la paz en el mundo, por nuestro Arzobispo, por nuestro Emperador, etc., etc. ”
Mientras el Diácono hace estas intercesiones, el Arzobispo, volviendo a imponer su mano sobre la cabeza de quien se va a ordenar, reza así: Mientras el Diácono hace estas intercesiones, el Arzobispo, volviendo a imponer su mano sobre la cabeza de quien se va a ordenar, reza así:
“Dios Salvador nuestro, con una voz incorruptible habeis anunciado que el mayor de todos sería quien cumpliese con el ministerio del diaconado, tal como está escrito en vuestro santo Evangelio: "Aquel de vosotros que quiera ser el primero, que se haga servidor vuestro" [diakonos],os rogamos, Dios nuestro, que a este servidor vuestro, a quien habeis hecho digno de acceder al ministerio [leitourgia] del Diaconado, le colmeis, gracias a la venida vivificante de vuestro Espíritu Santo, con toda fe, caridad, poder y santidad.
Pues la gracia es dada a quienes vos juzgais dignos, no por la imposición de mis manos sino por la venida de vuestra abundante misericordia, a fin de que, purificado del pecado, pueda en el día del juicio ser presentado a vos sin culpa y recibir el premio de vuestra indefectible promesa. Pues vos sois nuestro Dios, Dios de misericordia y de salvación , etc., etc. [sic !] ”
“Señor y Maestro nuestro, no rechaceis a las mujeres que se consagran a vos y que desean servir con decoro vuestra Santa Casa, sino admitidlas en el orden de vuestros ministros [leitourgôn].
Conceded también el don del Espíritu Santo a vuestra sirvienta que quiere consagrarse a vos y realizad en ella la gracia del ministerio del diaconado de la misma forma como habeis concedido a Febe la gracia de vuestro diaconado, a la cual habeis llamado a la tarea de vuestro ministerio [leitourgia].
Concededle, Señor, que persevere sin falta en vuestro Santo Templo, que cuide su comportamiento, en especial su modestia y templanza.
Por último haced a vuestra sirvienta perfecta de tal manera que cuando se halle ante el juicio de Cristo, pueda obtener el fruto merecido por su excelente conducta, por la misericordia y humanidad de vuestro Unico Hijo"
El Arzobispo retira el echarpe [de hombre ] de quien se va a ordenar y le coloca una estola [sobre los hombros]. Le besa y le pasa el rhipidion, haciendole incensar las sagradas ofrendas cuando sean expuestas sobre el ara del altar. El Arzobispo pone la estola del diaconado alrededor de su cuello, sobre su echarpe, con los extremos de la estola alineados hacia delante.
Cuando [en el momento de la comunión] el nuevo ordenado ha recibido el cuerpo y sangre de Cristo, el Arzobispo le pasa el cáliz. El a su vez, servirá a todos los que se acerquen a tomar parte en la preciosa sangre. Cuando [en el momento de la comunión] la nueva ordenada ha recibido el cuerpo y sangre de Cristo, el Arzobispo le pasa el cáliz. Ella lo acepta y lo deposita en el altar.

Un análisis de estos dos rituales de ordenación muestra que la ordenación de la mujer diaconisa es la misma que para el diácono varón y que tal ordenación es sin duda alguna sacramental.

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Texto de John Wijngaards
Traducido por Carme Alegre


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