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La verdadera Tradición de la Iglesia es Dinámica y Creciente

La verdadera Tradición de la Iglesia es Dinámica y Creciente

“La tradición que viene de los apóstoles hace progresos en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo. Hay un crecimiento en la comprensión de las realidades y de las palabras que se transmiten. Esto viene de varias formas. Viene a través de la contemplación y estudio de los creyentes que meditan estas cosas en sus corazones (cf. Lk. 2:19 and 51). Viene del sentido íntimo de realidades espirituales que experimentan. I viene de la prédica de aquellos que han recibido junto con su derecho de sucesión en el episcopado, el verdadero carisma de la verdad. Así, con el pasar de los siglos, la Iglesia siempre avanza hacia la plenitud de la verdad divina hasta que eventualmente las palabras de Dios se cumplan en ella”

Dei Verbum. ‘Constitución Dogmática sobre Revelaciones Divinas’ no 8, en Los Documentos del Concilio y Post Concilio por A.FLANNERY, Publicaciones Dominicas, Dublin 1975, p. 754. Vea el capítulo completo aquí.

La verdadera Tradición no es estática. Crece no en el sentido que difiere substancialmente de la inspiración recibida de Jesús Cristo y los Apóstoles, sino en el sentido que muchas de sus últimas implicaciones gradualmente se cumplen con la ayuda del Espíritu Santo.

“En relación a su sustancia la fe no crece con el paso del tiempo, porque en lo que se ha creído desde entonces estaba contenida en la fe de los antiguos padres. Con relación a su explicación, sin embargo, el número de artículos ha aumentado, porque nosotros, los modernos, explícitamente creemos en lo que ellos creían implícitamente.”

Santo Tomás de Aquino (1225-74)Summa Theologica, 2-2,2,7.

Seguiremos tres pasos:

Desarrollo de la doctrina

Desde los tiempos remotos, la Iglesia ha comprendido que la fe Cristina no es estática aún si se sostiene en una base firme de verdad revelada. Existe constante progreso. El clásico texto patriarcal va hasta San Vicente de Lérins (434 AD) quien resaltó la fidelidad hacia lo que se recibe y el crecimiento de la comprensión.

“Pero, debe decirse, ¿no está la religión entonces abierta a cualquier progreso en la Iglesia de Cristo? Por el contrario, debe existir progreso, considerable progreso. ¿Quién sería lo suficientemente hostil a la humanidad y a Dios para oponerse? Pero se debe hacer una reservación; este progreso debe constituir un verdadero progreso para la fe y no una alteración: la característica del progreso es que cada elemento crece y permanece igual mientras que la característica de alteración es que una cosa se transforma en otra. Por lo tanto, deje que la inteligencia, el conocimiento y la sabiduría aumenten y progresen grandemente, así como la de las personas como las de la comunidad, como las de una sola persona, como de toda una Iglesia de acuerdo con las edades y los siglos-pero en condición de que sea grandemente de acuerdo con su naturaleza particular, esto es decir en la misma enseñanza, el mismo sentido y el mismo pensamiento” Vincent of Lerins, Commonitorium, c. 23. La última línea fue mencionada por el Primer Concilio Vaticano en Sesión III, c. 4 (Denzinger, 1800).

El progreso “en el mismo sentido y el mismo pensamiento” puede simplemente ser el descubrimiento de una idea que ya está presente. Por ejemplo, el dogma de Nicea (el Hijo es “consubstancial” con el Padre, un termino que no se encuentra en la Escritura) aclaró el contenido de una idea ya contenida en forma explícita en la Biblia. La misma es cierto para el dogma de la real presencia de Cristo en la Eucaristía, para la cual el término “transubstanciación” ha sido declarado altamente adecuado. El progreso “en el mismo sentido y el mismo pensamiento” puede también ser el desarrollo de las cualidades latentes de una idea aceptada o realidad en que se crea . El dogma de la Inmaculada Concepción, por ejemplo, o el de la Asunción de María Madre de Dios en Cuerpo, puede apenas pasar como la simple explicación de una declaración formal de Revelación, que se encuentra en forma explícita en las Escrituras. Y sin embargo estos dogmas tienen lazos estrechos con la Revelación por medio de la cual se llama la analogía de la fe.

La Iglesia posee otras fuentes de conocimientos además de los documentos escritos. Tiene la experiencia de la realidad Cristiana como tal continuamente presente dentro de ella motivada y dirigida por el Espíritu Santo, llamado algunas veces ‘el Evangelio en el corazón’ . La ‘Tradición’, si se la entiende adecuadamente, es precisamente el sitio en el cual se realiza la síntesis entre la transmisión histórica y la experiencia presente que así unida produce, en el presente y en preparación para el futuro, un profundo conocimiento de realidad Cristiana que trasciende el texto de documentos escritos del pasado. La tradición no es simplemente memoria, es la presencia real y experiencia. No es puramente conservadora, sino en cierta forma, creativa. Luego de diecinueve siglos de existencia presenta un cierto valor adicional con relación a sus declaraciones primarias por lo menos en lo que podemos deducir de estos documentos. De este aspecto de desarrollo, la Tradición del pasado más o menos distante ha preparado la tradición de hoy y la Tradición de hoy preparará la del futuro más o menos distante. En su rol real como canal dado que no es inerte sino vivo es hasta cierto punto una fuente. Al alimentar los tejidos del cuerpo la sangre se rejuvenece en las arterias que la transporta. La Tradición es la arteria viva que recibe un aumento de la misma vida que comunica en su acto de transmisión.

Maurice Blondel (1861 - 1949 AD) lo explicaba como sigue:

Fuente: Maurice Blondel, ‘Histoire et Dogme: les lacunes de l‘exégèse moderne” in La Quinzaine 56 (Enero y Febrero 1904), pp. 145-167, 349-373, 433-458.

Yves Congar habla del desarrollo de la Tradición en términos de ‘interés sumado a su capital’, el completar nuestro conocimiento del amor de Dios y un ‘enriquecimiento’ de la fe.

“La tradición en su jornada histórica, es tanto desarrollo como memoria y conservación. De esta manera gana intereses como lo es, durante los siglos que se añade a su base capital. Pese a vivir en un momento subsecuente a éste, lo que recibo es la herencia apostólica: “la fe que ha sido transmitida, una vez por todas a los santos” (Jude 3), pero ha sido vivida por la Iglesia en la comunión de los santos. No es dada, pero también se nos pide con todos los santos, “medir en todo su ancho y largo y alto y profundidad, el amor de Cristo, para saber lo que pasa conocimiento. Y estar lleno con toda la plenitud que Dios tienen para dar” (Eph. 3. 18-9). Soy llamado a vivir hoy en una relación religiosa en la forma dada por Jesús Cristo de una vez por todas, pero también en la forma que fue presentado y en ciertos respectos enriquecidos por haber vivido, expresados por generaciones de creyentes habitados y vivificados por el Espíritu de Pentecostés.” (El Significado de Tradición, Hawthorne, New York 1964, p. 114).

Algunas de las mejores exposiciones del crecimiento dinámico de la Tradición Cristiana han sido escritas por John Henry Cardinal Newman. Aquí veremos algunos extractos de su clásico Un Ensayo en el Desarrollo de la Doctrina Cristiana (1845), edición publicada por la Prensa de la Universidad de Notre Dame , 1989.

La Tradición Dinámica es toda la verdad y realidad de Cristo preservada por toda la iglesia

¿Qué es tradición?

La Iglesia es una realidad que cambia, que encuentra diferentes formas de acuerdo con las cambiantes demandas de tiempo y lugar que comprende, ,como decía el gran teólogo Francés Dominico, Ives Congar, “el contenido de fe que se diversifica y encuentra expresión en diversos contextos culturales." Congar también ha mencionado que este enfoque histórico al entendimiento de la Iglesia ha sido resaltado por el énfasis del Concilio en la descripción de la comunidad Cristiana como “La Gente de Dios” (Yves Congar, "Historia de la Iglesia, como una rama de la Teología," Concilium57 (1970), 87).

Para que la Tradición sea válida necesita “vivir en la Iglesia”. Esto significa que necesita descansar en el sensus fidelium, una apreciación espontánea, supernatural de la fe por los creyentes.

El ‘sensus fidelium’ como una norma para reconocer una doctrina en el proceso de desarrollo

Esta sección se basa en el razonamiento de John E.Thiel, ‘Tradición y razonamiento autorizado: una perspectiva no fundacionalista’, Estudios Teológicos 56 (1995) p. 627-51. Lea todo el texto aquí.

De acuerdo con el Segundo Concilio Vaticano, el “cuerpo completo de los creyentes que tienen una unción que viene del santo ... no pueden errar en asuntos de creencia.” Esta creencia aparece en “la apreciación supernatural de la fe (sensus fidei) de toda la gente, cuando ... ellos manifiestan un consentimiento general en asunto de fe o moral” (Lumen Gentium no. 12).

El sensus fidei no es una creencia auto subsistente aislada de otras dimensiones de la vida y práctica eclesiástica, incluyendo la oficina de enseñanza jerárquica. De hecho, el sentido de infalibilidad de la fe está guiada por el magisterio, que se basa en su enseñanza para la preservación de su fe.

Sin embargo, al mismo tiempo, el sentido de la fe, es la fe de "la gente de Dios, ... desde los obispos al ultimo de los creyentes,"(Lumen Gentium no. 12) y así no puede simplemente reducirse a la enseñanza del magisterio.

La enseñanza magisterial que ha sido recibida en creencia y práctica por un amplio segmento de los creyentes ofrece un criterio más confiable pero sin embargo incompleto para juzgar si la doctrina está en la actualidad en un estado de dramático desarrollo.

Este criterio no deja de tener sus ambigüedades. Los hallazgos sociológicos pueden ser útiles en ubicar enseñanzas no recibidas por los creyentes pero los resultados por si solos no pueden establecer la extensión de la recepción doctrinaria. Además queda el asunto del problema teológico de cómo uno entiende la referencia del Lumen Gentium's a "todo el cuerpo de creyentes" en el cual reside la infalibilidad.

¿Se refiere esta frase a ser bautizado, a ser prácticamente de la fe, o mas auto referencial a aquellos que no intentan poseer el sentido sin error de la fe, no importa cuan difícil sea determinar su carácter o su número? Este asunto se refiere a las dificultades inherentes con relación a los juicios acerca de la recepción doctrinaria. Pese a que se puede hacer una invocación a los datos científicos sociales en probar la recepción de la doctrina en la Iglesia, uno debe finalmente confiar en el sentido de la fe misma en juzgar si la doctrina ha sido recibida por los creyentes, quien a su vez evalúa la legitimidad del juicio. En cualquier caso, el definir la fe sin equivocación como aquellos que reciben toda la enseñanza magisterial en fe y la práctica en forma equivocada equipara la infalibilidad de la Iglesia con la obediencia al magisterium en cualquier momento histórico específico e ignora tanto la dinámica del desarrollo doctrinario y el hecho del desarrollo dramático en la tradición. El criterio de recepción, entonces, permanece ambiguo aunque por naturaleza y no por falla.

Esta ambigüedad puede ser mitigada de alguna manera por otro criterio. Un segundo criterio para juzgar los actuales desarrollos dramáticos es que el magisterium también invoca argumentos teológicos en la presentación de sus enseñanzas. La práctica magisterial de apoyar la enseñanza con u ofreciendo enseñanza a través del argumento teológico se puede encontrar tan temprano en la tradición como en el Tomo en la Persona de Cristo(FN7) de Leo I del siglo quinto, o tan reciente como la encíclica de Pablo VI (Humanae Vitae) y una instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Inter Insigniores). El uso magisterial del argumento para transmitir la auténtica enseñanza no es necesariamente un síntoma de su carácter infalible como lo testifica la ilustración del Tomo de Leo, una fuerte influencia textual sobre el Decreto Calcedonia. Pero el uso del argumento teológico en la enseñanza magisterial es un síntoma confiable que la doctrina que se enseña está en un estado de desarrollo que por si invita la necesidad de un argumento.

Existen tres razones para esta necesidad argumentativa a la cual nos podemos referir respectivamente como la circunstancial, la lógica y la retórica. Primero, se juzga necesario el argumento porque la enseñanza enfrenta circunstancias culturales cambiantes en las cuales una simple reiteración de la doctrina tradicional no será suficiente. El argumento sirve como una forma de mediar el significado tradicional a los aspectos problemas o situaciones nuevas. Segundo se juzga que es necesario el argumento porque esta enseñanza meditada requiere una aplicación específica y convincente de las creencias más básicas de la tradición, una aplicación que representa un movimiento a una doctrina más derivativa, aunque no necesariamente menos autoritaria. Lógica (aquí siguiendo sus reglas tradicionales!) sirve al magisterio demostrando lo razonable de sus aplicaciones mostrando como la conclusión de las enseñanzas derivan su autoridad de una premisa importante (creencias más básicas) adecuadamente modificada por sus menores (circunstancias culturales cambiantes) (FN9) Tercero, se juzga que el argumento es necesario porque la unanimidad de la Iglesia carece de la doctrina en cuestión. El argumento, por lo tanto, tiene la meta retórica de la persuasión.

Estos dos primeros criterios para un desarrollo dramático, cuando se toman en conjunto –la enseñanza magisterial que uno juzga que no ha sido ampliamente recibida por los creyentes y que presenta su enseñanza a través del argumento teológico- proporciona buena dirección para determinar claramente la doctrina en un estado de desarrollo.

Se debe añadir un tercer criterio, sin embargo, para distinguir el desarrollo que es más posible que sea dramático. Ese criterio en si mismo, un suplemento de los dos anteriores es que el argumento teológico mediante el cual se apoya o proporciona la enseñanza magisterial no prueba en forma convincente a un amplio segmento de teólogos católicos. Si el magisterio apoya o proporciona sus enseñanzas por la aplicación lógica de las creencias más básicas a circunstancias cambiantes a fin de persuadir a los creyentes que no están inclinados hacia su recepción y que el argumento no convence a un amplio segmento de aquellos de la Iglesia que conocen acerca de la tradición a la cual invocan y evalúan la viabilidad de la aplicación argumentativa a las circunstancias actuales, entonces hay una mayor posibilidad que tal enseñanza se desarrolle dramáticamente si tales condiciones no prevalecen.

Se puede animar un desarrollo dramático en tal eventualidad como los teólogos ofrecen críticas de la actual enseñanza mostrando como y por qué el argumento doctrinario avanzado no justificaba la enseñanza o el ofrecimiento de argumentos alternativos que adelantaran otra versión de consistencia con creencias tradicionales y con las creencias actuales de muchos en la Iglesia.

El principio aplicado a INTER INSIGNIORES

Inter insigniores, que representan una racionalización para la práctica largamente establecida de la Iglesia de ordenación sacerdotal solo a varones,….parece que no ha recibido una amplia recepción entre los creyentes. De hecho, la evidencia sociológica sugiere que la aceptabilidad de la ordenación de mujeres entre los católicos en los años desde la publicación del documento ha aumentado en forma substancial. Por ejemplo (y uno típico de Norte América y países de Europa Occidental), una encuesta Gallup de 1977 determinó que 41% de los Católicos Americanos estaban a favor de la ordenación de mujeres, una estadística que en 1993 había subido a 63%.

Una encuesta Gallup de 1993 encontró que el 33% de los Católicos que respondieron "estaban fuertemente de acuerdo" y 30% "estaba moderadamente de acuerdo" que sería "una buena cosa si a las mujeres se les permitiera ordenarse como sacerdotes " (La Encuesta Gallup: Opinión Pública 1993 144). Una encuesta de 1994 del New York Times/CBS estableció que el 59% de los Católicos Americanos estaban en favor de la ordenación de mujeres para el sacerdocio (The New York Times [1 Junio 1994] B8).

Como lo indicáramos anteriormente, uno debe estar al tanto de reducir el sensus fidei en lo que establecen los sociólogos y doblemente cuidadoso acerca de las creencias de los Católicos sobre ciertas nociones que aparecen como la creencia de toda la Iglesia. Sin embargo, este aumento de la creencia en la ordenación de mujeres es revelador y suficiente para juzgar que la enseñanza de la iglesia en cuestión no ha sido ampliamente recibida por los creyentes. La explicación más posible para este aumento es una mayor comprensión de las injusticias hacia las mujeres en las sociedades tradicionales, la fortaleza de los movimientos para los derechos iguales de las mujeres, y una resultante expansión del papel de la mujer en estructuras sociales y responsabilidades usualmente reservadas para los hombres. Uno no puede descontar por completo, sin embargo, la influencia de los argumentos de documentos mismos en la cada vez mas amplia falta de recepción de la enseñanza entre los creyentes durante este período de tiempo.

Encontramos en Inter insigniores las tres razones, circunstancial, lógica y retórica para apelar al argumento en la promulgación de la enseñanza magisterial. La ordenación exclusiva de hombres para el sacerdocio es después de todo, una práctica que data en alguna forma de la iglesia del Primer Siglo. La necesidad que se siente de justificar tales prácticas antiguas surgen de las cambiantes circunstancias en las cuales se usa el argumento para enfrentar los desafíos a la tradición. Los párrafos iniciales del documento identifican esas circunstancias cambiantes como el total reconocimiento de la total igualdad de las mujeres, la mas amplia participación de las mujeres en el apostolado de la Iglesia, la no calificada admisión de mujeres a la oficina pastoral en algunas iglesias Protestantes y los argumentos de los teólogos católicos para la ordenación de mujeres al sacerdocio. La mediación lógica se juzga necesaria en Inter insigniores para llevar las creencias más básicas de la tradición sobre estas cambiantes circunstancias.

Hay varios argumentos de apoyo en el documento que sirven para regular las defensas de la ordenación de mujeres en base de las Escrituras y la historia. Las notas de enseñanza, por ejemplo que la “Innegable influencia de prejuicios desfavorables a las mujeres” en las escrituras de los Padres de la Iglesia tuvo efectos negativos en su práctica pastoral y dirección espiritual. El argumento”de los orígenes” continua observando que “Jesús no convocó a ninguna mujer a forma parte de los Doce” aunque su actitud hacia las mujeres no esta de acuerdo con esto y de hecho aun “deliberadamente y con valor rompió con ellas” las costumbres de su tiempo. Además, los apóstoles no consideraron mujeres candidatos para completar los Doce en la Iglesia de Pentecostés, aunque María mismo ocupaba un lugar privilegiado en su círculo. Tampoco Pablo extendió poderes ministeriales completos a las mujeres.

Tan importantes como son estos argumentos “de los orígenes” en el documento para defender la continuidad de la práctica eclesiástica contra los contra argumentos para el cambio, son secundarios a lo que llamaremos su argumento “de representación”. Pese a que Inter insigniores establece su razonamiento “de representación” como un asunto “de aclarar sus enseñanzas por la analogía de la fe” y no como un asunto “de presentar un argumento demostrativo” la forma en que esta premisa lleva a su conclusión parece involucrar deducción elemental. La mayor premisa es la “enseñanza constante de la Iglesia” que “el obispo o el sacerdote, en el ejercicio de su ministerio no actúa en su propio nombre, en persona propia: el representa a Cristo, quien actúa a través de el…”. En el ministerio, entonces, el sacerdote “actúa no solo a través del poder efectivo conferido a el por Cristo, sino en la persona de Cristo”. Esta importante premisa es calificada por la premisa menor que la encarnación de la palabra “se hizo de acuerdo con el sexo masculino”, un hecho que no implica una superioridad de los hombres sobre las mujeres pero que sin embargo proporciona una armonía en el plan de salvación revelado por Dios y simbólicamente importante para la economía de la revelación.

La mediación lógica proporciona la conclusión de la enseñanza que las mujeres no pueden ser sacerdotes porque como mujeres no pueden actuar ministerialmente en la persona de Cristo puesto que el salvador fue un hombre. La premisa menor de este argumento presenta cambios culturales contemporáneos en los cuales las sensibilidades feministas no asumen mas que las concepciones metafísicas como personas son intrínsicamente masculinas o insisten que tales concepciones trasciendan las dualidades sociales (y eclesiásticas) solo cuando se entiendan en una forma que incluya los géneros. La retórica del argumento exhibe un conocimiento de las aseveraciones de estas sensibilidades y de la necesidad de convencer a aquellos que encuentran increíble la creencia tradicional - aun al punto que el documento anticipa y rechaza los contra argumentos de la centralidad que concede a la masculinidad de Cristo. Como encontramos en el caso de Humanae vitae, tantos teólogos han encontrado que la argumentación de Inter insigniores es problemática que demostrar su falta de coherencia a un amplio segmento de sus números se convierte en una tarea redundante.

Ambas enseñanzas entonces, Humanae Vitae y Inter Insigniores, parecen adaptarse a nuestro criterio de una doctrina de desarrollo dramático principalmente porque no parece que haya sido ampliamente recibida por los creyentes y en forma secundaria, pero igualmente importante, porque ellos también mejoran su enseñanza mediante argumentos que no han sido probados como convincentes para aquellos que la Iglesia que están profesionalmente comprometidos a la tarea de dar entendimiento a la fe.

Como conclusión:

“Los cambios en la doctrina de la Iglesia que han tenido lugar en el curso de la historia muestran que una tradición puede mantenerse firme hasta que los avances en el conocimiento humano o la cultura obligaron a la iglesia a considerar el asunto en una nueva visión. Mediante una re reexaminación honesta de su tradición en esta nueva luz, la iglesia en algunas ocasiones ha comprendido que las razones para mantener sus posiciones previas no eran después de todo válidas.”

FRANCIS A. SULLIVAN, ‘Guias de la Tradición Católica. Doctrina de la Infalibilidad mencionado en una declaración contra la ordenación por la Congregación para la Doctrina de la Fe’, America 173 (Dec. 9 '95) pp. 5-6. Sullivan fue profesor de eclesiología en la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma por 36 años antes de retirarse en Junio 1992. El es autor de Magisterium: Autoridad de la Enseñanza en la Iglesia Católica (Paulist, 1983) y Fidelidad Creativa: Pesando e interpretando los Documentos de la Iglesia (Paulist, 1996).

Conclusión

La Tradición de la Iglesia no es estática. Crece. Se enriquece por nuevos conocimientos de la verdad y nuevas experiencias espirituales. La tradición por lo tanto, rechaza las falsas interpretaciones y descubre en forma explícita lo que siempre mantuvo en forma implícita en su tesoro de fe. Este crecimiento en el entendimiento se lleva adelante por la incesante actividad del Espíritu Santo en la Iglesia.

John Wijngaards

Traducción: Lola de Varas

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