¿MUJERES SACERDOTES? SI!header

Responsive image

ABRIR

SIETE RAZONES

¿RETAR AL PAPA?!

DEBATE

¿POR QUé NO?

Nederlands/Vlaams Deutsch Francais English language Spanish language Portuguese language Catalan Chinese Czech Malayalam Finnish Igbo
Japanese Korean Romanian Malay language Norwegian Swedish Polish Swahili Chichewa Tagalog Urdu
------------------------------------------------------------------------------------
La tradición de no ordenar mujeres sacerdotes son inválida

La tradición de no ordenar mujeres sacerdotes no fue parte de la tradición real de la Iglesia por causa de un continuo y masivo prejuicio

Las “tradiciones” no son válidas a menos que sean bíblicas, o sea, basadas en un correcto entendimiento de la Sagrada Escritura, y que sean informadas, o sea, no erradas en cuanto a aspectos claves del asunto en cuestión.

La práctica de no ordenar mujeres en la Iglesia no es una verdadera y válida tradición, porque la misma descansa en un triple prejuicio contra las mujeres:

  1. Las mujeres fueron consideradas inferiores por naturaleza y por ley.
    De acuerdo a la filosofía griega que fue adoptada también por los cristianos, las mujeres eran consideradas inferiores a los hombres por naturaleza.
    La Ley Romana, que fue la base para las leyes de la Iglesia, daba a la mujer un estatus inferior en la sociedad. Las mujeres no disfrutaban de iguales derechos en sus hogares ni en la vida civil.
    Algunos líderes cristianos enlazaban la presunción de inferioridad de la mujer con los textos escripturales: sólo el hombre, decían, fue creado a imagen de Dios; Pablo prohibió a las mujeres enseñar en la iglesia.
    Era impensable que semejante “criatura inferior” pudiera ser ordenada sacerdote.
  2. Se consideraba que las mujeres estaban en un estado de castigo por el pecado.
    Se hizo responsable a las mujeres por traer el pecado original al mundo, y por una continua fuente de seducción.
    Las historias bíblicas de la creación se interpretaron como que mantenían a la mujer en un permanente estado de sumisión al hombre, como forma de castigo.
    Hubiera sido totalmente inapropiado que semejantes “criaturas pecadoras” fueran escogidas como canales de la gracia de Dios.
  3. Las mujeres eran consideradas ritualmente impuras.
    Se suponía que el flujo menstrual de la mujer mantenía a la mujeres en un estado regular de profanación ritual.
    Los líderes de la Iglesia temían que dicha impureza pudiera profanar lo más sagrado del templo, el santuario y principalmente, el altar.
    En un clima donde se incrementaba la visión de todos los aspectos del sexo y la procreación como manchados con pecado, a una “criatura impura” como la mujer no se le podía confiar el cuidado de las realidades sagradas de Dios.

Es claro que cualquiera que esté bajo la influencia de uno de estos prejuicios, mucho más bajo la combinación de ellos, ¡no pudiera abrigar la idea de la ordenación de la mujer! Se pensaba que mujer fue sacada del ministerio del sacerdocio por definición, sólo por el hecho de ser mujer. Esto es, ¡por ser un miembro inferior, de bajo estatus, impuro, dependiente y pecador, de la raza humana.!

Cobertura

Los prejuicios que hemos enumerado arriba engranaron profundamente en el pensamiento de la Iglesia de los pasados siglos, desde tiempos de San Pablo hasta el presente.

Los mismos se encuentran, en diversas combinaciones, en la mayoría de los principales recursos de la llamada “tradición” de la Iglesia:

Por todo esto, se entiende que la llamada “tradición” contra la ordenación de la mujer es inválida. Porque:

Sí, ha habido una casi universal y constante práctica de rehusar la ordenación de mujeres, pero ésta no puede mantenerse como una fuente teológica válida para la doctrina cristiana y la fe.

Algo más sobre “prejuicio”

En muchas culturas humanas, los hombres han dominado a las mujeres social y políticamente. Las mujeres son aún las desvalidas en muchos países. Los prejuicios son perpetuados por “mitos” sociales, por prácticas culturales y por estructuras políticas.

A pesar de que podría haber una base genética para ciertos roles de género, el origen de la predominancia del hombre debe buscarse en los desarrollos históricos. Las concepciones populares y las prácticas culturales que acompañan dicha predominancia están ancladas por un poderoso “mito” social. El “mito” de la predominancia masculina puede documentarse incluso hoy día.

Los prejuicios son una importante herramienta a través de la cual, los “mitos” sociales y las percepciones se sostienen. Los rasgos característicos de dichos prejuicios sociales han sido ampliamente estudiados hoy día. Los mismos aplican mucho a las ancestrales actitudes hacia la mujer encontradas en la Iglesia.

John Wijngaards

Traducción: Ivelisse Colón-Nevárez


This website is maintained by the Wijngaards Institute for Catholic Research.

John Wijngaards Catholic Research

since 11 Jan 2014 . . .

John Wijngaards Catholic Research

“Cuando cite este documento, tenga la amabilidad de indicar que está publicado por www.womenpriests.org!”