¿MUJERES SACERDOTES? SI!header

Responsive image

ABRIR

SIETE RAZONES

¿RETAR AL PAPA?!

DEBATE

¿POR QUé NO?

Nederlands/Vlaams Deutsch Francais English language Spanish language Portuguese language Catalan Chinese Czech Malayalam Finnish Igbo
Japanese Korean Romanian Malay language Norwegian Swedish Polish Swahili Chichewa Tagalog Urdu
------------------------------------------------------------------------------------
Se consideraba que las mujeres estaban en castigo por el pecado

Se consideraba que las mujeres estaban bajo castigo por causa del pecado

Las historias bíblicas de la creación fueron interpretadas como colocando a las mujeres en un estado permanente de sumisión a los hombres, como forma de castigo.
Los Padres Latinos de la Iglesia hacían a las mujeres responsables por traer el pecado original al mundo, y por ser constante fuente de seducción.

Las mujeres continuaron siendo condenadas por los teólogos medievales. En los tiempos post-escolásticos, encontramos una verdadera "misoginia" e incluso persecución.

Podría ser totalmente inapropiado, entonces, que tales "criaturas pecadoras" sean escogidas para ser canales de la gracia de Dios.

Textos bíblicos mal interpretados

La costumbre de ciertos escritores cristianos, de culpar a la mujer del pecado surge de una desigual interpretación de los textos de las Sagradas Escrituras.

No hay teólogo moderno que interprete estos textos como enseñando que las mujeres son más culpables que los hombres del pecado, o de que el bajo estatus social o cultural de las mujeres sea deseado directamente por Dios como un castigo.

Los Padres de la Iglesia

El Padre griego San Ireneo (140-203 DC) presenta en cambio, una interpretación más imparcial del relato del Génesis. Él culpa al demonio, en vez de a Adán y a Eva. Él sostiene que Adán es más responsable que Eva. Él también muestra gran empatía hacia las mujeres, cuando comenta sobre la súplica de la madre de los dos Zebedeos.

Tampoco San Ignacio, otro Padre griego (murió en el 110 DC), tuvo resentimiento hacia las mujeres. Sí, la caída vino a través de una mujer, Eva, pero la redención vino a través de otra mujer, María. Desafortunadamente, Padres latinos tardíos, como San Juan Crisóstomo (344-407 DC), ofrecieron una interpretación mucho más negativa de la caída y sus consecuencias para las mujeres.

La retórica anti-femenina comenzó particularmente con los Padres latinos. Tertuliano de Cártago (155-245 DC) fue uno de los peores. Lean esta obra maestra suya:

("Cada mujer debiera estar...) caminando como Eva, acongojada y arrepentida, de manera que por cada vestimenta de penitencia, ella pueda expiar más completamente lo que ella obtuvo de Eva, - el estigma, quiero decir, del primer pecado, y aborrecimiento (atado a ella como la causa) de la perdición humana.
‘Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido y él te dominará.’
¿No saben que cada una de ustedes es una Eva? La sentencia de Dios en el sexo de ustedes viven en estos tiempos: la culpa debe existir también por necesidad."

"¿Y piensan en adornarse ustedes mismas y sobre sus túnicas de pieles?" Tertuliano, De Cultu Feminarum, libro 1, capítulo 1.

También San Jerónimo (347-419 DC) culpa a la mujer de la caída de la gracia. Las mujeres sólo pueden superar su culpa teniendo hijos o absteniéndose del sexo y siendo vírgenes.

Encontramos en Ambrosiastro (Siglo IV DC) la misma actitud, cuyo escritos fueron erróneamente atribuidos a San Ambrosio. Él se las ingenia para combinar muchos prejuicios contra las mujeres en un mismo pasaje.

"Las mujeres deben cubrirse sus cabezas, porque ellas no son la imagen de Dios. Ellas deben hacer esto como signo de sumisión a la autoridad y porque el pecado entró al mundo a través de ellas. Sus cabezas deben estar cubiertas en la iglesia, para honrar al obispo. De igual manera, ellas no tienen autoridad de hablar porque el obispo es la personificación de Cristo. Ellas deben hacer esto ante el obispo como ante Cristo, el juez, dado que el obispo es la representación del Señor. Por el pecado original, ellas deben mostrarse sumisas."
"¿Cómo puede alguien insistir que una mujer es imagen de Dios, cuando ella está obviamente sujeta bajo el dominio del hombre y no tiene ningún tipo de autoridad? Por cuanto ella no puede enseñar ni ser testigo en una corte, ni ejercer ciudadanía ni ser juez – entonces, ciertamente, no puede ejercer dominio." (Sobre 1 Corintios 14:34, apriete aquí.)

El Concilio local de Gangra en el Norte de África (325-381 DC) condenó a mujeres que pertenecían a la secta de Eustatio, quienes se ponían ropa de hombre y se cortaban el cabello para mostrar independencia de sus maridos.

La sumisión de "toda la raza femenina" a los hombres como un castigo permanente fue también enseñado por San Crisóstomo.

La condenación de la mujer en la Edad Media

El Decreto de Graciano (1140), del cual la Ley de la Iglesia se basaría hasta el 1917, tomó partido del juicio de Ambrosiaster, que asignaba al estado de sumisión de la mujer su rol en el pecado.

"Ambrosio (=Ambrosiastro) dice: ‘Las mujeres deben cubrirse sus cabezas, porque ellas no son la imagen de Dios. Ellas deben hacer esto como signo de sumisión a la autoridad y porque el pecado entró al mundo a través de ellas. Sus cabezas deben estar cubiertas en la iglesia, para honrar al obispo. De igual manera, ellas no tienen autoridad de hablar porque el obispo es la personificación de Cristo. Ellas deben hacer esto ante el obispo como ante Cristo, el juez, dado que el obispo es la representación del Señor. Por el pecado original, ellas deben mostrarse sumisas’." Decretum Gratiani, Causa 33, qu. 5, cáp. 19.

En un clásico ejemplo de razonamiento teólogico deformado, el Decreto de Graciano incluso establece que en el Nuevo Testamento (el cual es un estado de gracia más perfecta), a las mujeres se les concedió menos que en el Antiguo Testamento, ¡pues ahora ella tienen que cargar con la responsabilidad de su parte en el pecado original! Para entender el próximo pasaje, uno debe distinguir entre las preguntas (por un supuesto sujeto externo) y las respuestas del propio Graciano.

(Pregunta): "¿Puede una mujer levantar una acusación contra un sacerdote?"
(Respuesta): "Tal parece que no, porque como dice el Papa Fabián, no pueden levantar queja ni testimonio contra los sacerdotes del Señor aquellos que no tienen, y no pueden tener, el mismo estatus que ellos. Las mujeres no pueden, sin embargo, ser promovidas al sacerdocio ni aún al diaconado y por esta razón, no pueden elevar una queja o dar testimonio contra sacerdotes en corte. Esto es así tanto en los cánones sagrados (=regulaciones de la Iglesia) y las leyes (=leyes civiles y romanas)."
(Pregunta): "Pero entonces podría ser que quien pueda ser un juez, no tendría impedimentos en ser un demandante y las mujeres fueron jueces en el Antiguo Testamento, como claramente indica el Libro de los Jueces. Así que no podría ser excluido del rol de demandante quien pueda cumplir con el rol de juez y quien no esté prohibido por ninguna palabra de la Escritura en actuar como demandante..."
(Respuesta): "No, en el Viejo Testamento mucho fue permitido de lo que hoy (o sea, en el Nuevo Testamento) es abolido, a través del perfección de la gracia. Así que si (en el Viejo Testamento) a las mujeres se les permitía juzgar a la gente, hoy, por causa del pecado, el cual la mujer trajo al mundo, las mujeres son advertidas por el Apóstol de practicar la cohibición modesta, estar sujetas al hombre y de usar el velo como signo de sumisión." Decretum Gratiani, Causa 2, pregunta 7, princ.

La "maldición de la mujer", por causa de su pecado, es simplemente asumida por muchos teólogos de la época. He aquí una cita del franciscano Sicardo de Cremona (1181).

"Hubo dos mandamientos en la (Antigua) Ley, un relacionado a la madre que da a luz, y otro al parto mismo. En referencia a la madre que da a luz, cuando da a luz un varón, ella debe evitar entrar al Templo por 40 días, como persona impura: porque el feto, concebido en la impureza, se decía que permanecía sin forma por cuarenta días. Pero si daba a luz una niña, el tiempo se duplicaba, por la sangre menstrual, la cual acompaña el nacimiento y es considerada una extensión de la impureza que, como dice Solino, seca las frutas y la hierba se marchita a su contacto. ¿Pero por qué el tiempo de una niña se duplicaba? Solución: por la doble maldición que recae en el crecimiento de la mujer. Porque ella carga el pecado de Adán y también el (castigo) ‘con dolor darás a luz a tus hijos’. O tal vez porque, como revela el conocimiento de los médicos, las niñas permanecen en la concepción el doble de tiempo sin formar que los varones." Mitrale V, capítulo 11.

El mismo juicio fue dado por sentado por Juan Teutónico (1215).

Guido de Baysio (1296) enlaza la prohibición de la ordenación de las mujeres al sacerdocio directamente con el hecho de ser ellas "la causa de la maldición".

"Las mujeres no están aptas para recibir la ordenación, puesto que la misma está reservada a los miembros perfectos de la Iglesia, dado que es dada para la distribución de la gracia a otros hombres. Pero las mujeres no son miembros perfectos de la Iglesia, sólo lo son los hombres."
"Es más, la mujer fue, en efecto, la causa de la maldición, dado que ella fue el origen de la transgresión y Adán fue engañado por ella, y por tanto, ella no puede ser la causa efectiva de salvación, porque las órdenes sagradas causan gracia en otros y por tanto, salvación." Rosarium C, 27, pregunta 1, cáp. 23.

Esta misma conexión entre la prohibición a la ordenación y el papel de la mujer en el pecado original es hecha por Juan Andrés (1338).

"En cuanto a la ordenación de las mujeres... es claro que el sacramento requiere tanto substancia (res) como signo (signum)... Pero en el sexo femenino un estado de preeminencia no puede significarse dado que ella ocupa un estado de sumisión: (1 Timoteo 2:12) ‘No permito que la mujer enseñe ni que quiera mandar a su marido’.
Por haber hecho mal uso de su igualdad, fue puesta bajo sumisión: (Génesis 3:16) ‘...y él (tu marido) te dominará’.
Por tanto, ella no recibe el carácter del sacramento que posee preeminencia." Novella V, folio 125v.

Persecución de la mujer en siglos recientes

Una buena idea de la teología misoginística de los tiempos post-escolásticos puede encontrarse en "El primer toque de trompeta" por Juan Knox (1514-1572). Él fue el teólogo protestante más conocido de la época de la Reforma o Cisma Protestante, después de Lutero y Calvino. El primer argumento de "El primer toque de trompeta" es que el ejercicio de autoridad por las mujeres es contrario tanto a la ley natural como a la religión. El interés de este extenso tratado para nosotros es que los argumentos de Knox reflejan las creencias del momento, tanto entre Católicos como Reformistas. He aquí un extracto:

"Dios pronunció sentencia con estas palabras: ‘...necesitarás de tu marido (o estarás sumisa a él), y él te dominará’. (Génesis 3:16) Como (si bien) Dios diría, ‘por haber abusado de tu condición previa, y porque por voluntad propia has hecho caer a ti y a la humanidad en sumisión a Satanás, por tanto te pongo en sumisión al hombre. Por cuanto antes tu obediencia debió ser voluntaria, ahora será por represión y necesidad; y porque has engañado tu hombre, no serás más dueña de tus propios gustos, de tu propia voluntad o deseos. Porque en ti no hay razón ni discreción que sea capaz de moderar tus afectos, y por tanto, ellos estarán sujetos al deseo de tu hombre. Él será amo y señor no sólo sobre tu cuerpo, sino también de tus deseos y voluntad.’ Esta sentencia, yo digo, Dios la pronunció contra Eva y todas sus hijas, como atestigua el resto de las Escrituras. Por tanto, ninguna mujer puede presumir de mandar sobre el hombre."

El odio hacia la mujer no se quedó en palabras. Las persecuciones que siguieron fueron más allá de la imaginación. Para demostrar esto, considere un libro "católico", "El martillo de las brujas" (Malleus Maleficarum), escrito por dos teólogos dominicos, Jakob Sprenger OP y Heinrich Kramer OP. El libro fue avalado y recomendado por el Papa Inocencio VIII en 1484, y fue usado por siglos. El mismo causó que miles de mujeres inocentes fueran quemadas en la hoguera. Fueron estos honrados, no contradichos y ampliamente citados "teólogos" quienes escribieron:

"Qué puede ser una mujer, sino la enemiga en la amistad, un castigo inescapable, un mal necesario, una tentación natural, una calamidad deseable, un peligro doméstico, un detrimento deleitable, un mal de la naturaleza, pintada de bellos colores."
"Cabe señalar que había un defecto en la formación de la primera mujer, dado que ella fue formada de una costilla doblada, esto es, de una costilla del pecho, la cual está doblada como en dirección contraria al hombre. Y a través de este defecto, ella es un animal imperfecto, que siempre engaña."
"(Cuando Eva respondió a la serpiente) ella mostró que dudaba y que tenía poca fe en la palabra de Dios. Todo esto se indica en la etimología de la palabra; porque femina (mujer en latín) viene de fe y minus (=menos), dado que ella es más débil para mantener y preservar la fe."

The Malleus Maleficarum, pág. 43. El mismo continua página tras página de acrimonioso odio a las mujeres.)

No puede negarse que mucho de lo que está escrito en nuestros textos teológicos y en gran parte de la ordinaria interpretación "tradicional" de la Escritura en contra de las mujeres, es una herencia de este tipo de teología.

Conclusión

Es un hecho que muchos Padres, canónicos, teólogos y líderes de la Iglesia opinaban que las mujeres no podían ser ordenadas sacerdotes.
Es innegable que esta opinión residía, entre otras cosas, en el prejuicio de que de alguna manera, hacía responsable a cada mujer del pecado de Eva.
Es claro que este prejuicio religioso invalidaba sus argumentos de la capacidad de la mujer para la ordenación.

Texto: John Wijngaards
Traducción: Ivelisse Colón-Nevárez


This website is maintained by the Wijngaards Institute for Catholic Research.

John Wijngaards Catholic Research

since 11 Jan 2014 . . .

John Wijngaards Catholic Research

Sírvase mencionar este documento como publicado por www.womenpriests.org!