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Vemos a Dios en el amor de cada día
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Vemos a Dios en el amor de cada día

La cristiandad es un conglomerado de realidades físicas y sociales: de catedrales, iglesias escuelas y cementerios, de jerarquías, días festivos, costumbres y prácticas, de Biblia, libros de oraciones, himnarios y misales, de sacramentos, seminarios, símbolos y sínodos. Sin embargo, ninguno de esos signos externos aunque son necesarios para ayudar a nuestra naturaleza humana constituyen la esencia de la Cristiandad...

La realidad esencial, lo que realmente importa es lo que Dios hace a nuestro corazón “El reino de Dios está dentro de usted” (Lucas 17:21). Dado que somos cuerpo así como espíritu, Dios se muestra en imagenes que podemos ver, oír y tocar. Pero el resultado de la acción de Dios es una transformación interna que cura y santifica aun el cuerpo desde adentro.

Los cristianos expresamos esta creencia diciendo que hemos recibido el Espíritu de Dios. Su espíritu vive en nosotros. A través de su Espíritu podemos pensar, sentir, hablar y actuar en una nueva forma a través de la presencia de este Espíritu en nosotros conocemos a Dios en una forma más nueva e íntima. Nos sentimos fortalecidos y confortados, listos a llevar a cabo tareas difíciles o a sufrir pruebas severas. El Espíritu de Dios nos hace alegres, optimistas, positivos en nuestros tratos con otros. El Espíritu nos ayuda a ser amables, comprensivos y pacientes. El Espíritu nos muestra una nueva forma de considerar lo que es importante y lo que no lo es.

Las raíces mas profundas del Espíritu están en nuestra naturaleza creada. Si reflexionamos habremos detectado en nosotros un deseo de lo que es absoluto, un llegar al infinito. Platón describió esto cuando habló de “Eros” ese amor natural en nosotros que busca cosas hermosas pero que solo puede satisfacerse con el más alto bien. Otros lo han llamado “la capacidad unica para auto trascendencia creativa” o “la irrestricta búsqueda abierta”. Es claro tanto de la experiencia mística como del análisis filosófico, que el origen y la meta de este empuje dinámico es una realidad final, esto es Dios.

Los místicos de todas las edades, sean Taoistas, Hindúes, Sufis, Cristianos o cualquier tradición a la que pertenezcan concuerdan con esta experiencia universal del “Espíritu”.

Nosotros los cristianos creemos que Cristo nos trajo una mayor comprensión del mismo Espíritu. O más bien al recrearnos internamente, Cristo elevó la actividad del Espíritu a un nivel más alto. Esto en ocasiones se expresa diciendo que nos dio su propio Espíritu. Esta actividad espiritual que es el amor de Dios en nosotros es su nueva ley y el juez interno. Esta nueva presencia de Dios en nosotros es la sustancia de la vida Cristiana. El sello distintivo es el amor que tenemos en nuestro Corazón.

Cuando el Nuevo Testamento habla de “amor” busca lo mejor de nuestra naturaleza humana. Amor significa respeto para el otro, llegar a un compromiso sin egoísmos. El amor que Jesús demanda en el Evangelio nos urge a lavar los pies de la gente, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, cuidar al enfermo, darle la bienvenida a los extraños, visitar a los presos, y servir antes que esperar ser servidos. Si usted ama a la gente con el amor de Cristo, les dice la verdad aun si ésta lo avergüenza; les perdona sus faltas; pone la otra mejilla antes que buscar venganza; ora por aquellos que le maldicen y persiguen. El amor de Cristo abre nuestros ojos y podemos amar a la gente por lo que son, no por lo que podemos obtener de ellos. Requiere que hagamos sacrificios, sí, aun dar nuestra vida si fuera necesario.

Dios es amor

“Si observan estos mandamientos de mi amor” nos dijo Jesús, “Me manifestaré a ustedes” (vea Juan 14:21). Al practicar el amor de Jesús tendremos una experiencia directa de él. El amor que sentimos y practicamos es la obra misma de Dios en nosotros. A través de su amor estamos en contacto directo con Dios mismo. Es Dios que nos llena de amor; quien manifiesta su amor a otros a través nuestro.

El amor viene de Dios.
Quien practica el amor
es nacido de Dios y siente a Dios.
El que no practica el amor
no tiene experiencia de Dios.
Dios es amor.

1 John 4:7-8

Nadie ha visto nunca a Dios.
Pero si nos amamos los unos a los otros,
Dios nos muestra que vive en nosotros.
Si, es su amor que florece en nosotros.
Así sabemos que Dios y nosotros compartimos la misma vida
porque nos da su propio Espíritu (de amor).

1 John 4:12-13

Dios es amor.
El que vive lleno de amor
vive lleno de Dios
porque es Dios que llena a esa persona.

1 John 4:16

La implicación de estos textos es absolutamente clara. Cuando nos esforzamos por ser justos y por amar, cuando tratamos de ser amables con los demás, defender sus derechos, tratarlos con respeto, ayudarles aún a costo de nosotros mismos, somos pacientes y perdonamos antes que ser rencorosos – en resumen cuando tratamos de vivir los mandamientos de amor de Jesús, sabemos que estos sentimientos y acciones que fluyen de nosotros manifiestan el Espíritu de Dios. No estamos hablando aquí de hechos extraordinarios o de auto sacrificio; hablamos de los esfuerzos diarios de dar amor en nuestras relaciones. El mensaje de las Sagradas Escrituras es que precisamente tales hechos en nosotros es que nos descubren la presencia de Dios.

Dios que nos creó en primer lugar, quien nos dio la capacidad de trascender el amor para empezar, ahora a través de Cristo refuerza nuestra habilidad de ser verdaderamente amorosos y constructivos. ¿No es un maravilloso descubrimiento saber que esta vida interior en mí, que la conozco tan bien porque es una parte de mi esfuerzo diario es un signo tangible de la Presencia de Dios en mí?

¿Dónde encontramos a Dios? – al dar y recibir amor!

Muchos cristianos sabrán de qué estoy hablando – a partir de su propia experiencia espiritual. Algunos a los que les ha faltado la debida instrucción o que han perdido su rumbo en la maraña externa pueden pensar si sólo estoy proclamando una interpretación limitada y personal de las Escrituras. Para su beneficio quiero exponer cómo lo que he dicho es precisamente la enseñanza de San Agustín de Hippo, ese eminente Doctor de la Iglesia quien nos dejó tantos clásicos estándar de teología Cristiana (A.D. 354-430). Escuchemos lo que el dice.

"Sabemos que Dios vive en nosotros. ¿Cómo lo sabemos?
San Juan nos dice: “Porque nos ha dado su Espíritu.”
Pero como sabemos que Dios nos ha dado su Espíritu. . .?
Busque en su corazón. Si está lleno de amor, posee el Espíritu de Dios!"

Tratado de las Cartas de Juan, 8.12

"Tal vez me dirá: No he visto a Dios.
Me dirá: ¿No he visto un ser humano?
Ame a su vecino. Si ama a su vecino que ve, por este mismo acto verá a Dios porque verá al amor mismo y Dios vive en el amor."

Tratado de las Cartas de Juan, 5.7

"El que no ama a su vecino no puede ver a Dios.
¿Por qué?
Porque no tiene amor.
Si tiene amor vería a Dios, porque Dioses amor."

Tratado de las Cartas de Juan, 9.10

"El que no ama a otros permanece fuera del amor y por lo tanto fuera de Dios porque “Dios es Amor”….Si en lugar de mirar a la gente de una forma puramente humana la ve con amor espiritual, verá que Dios es en si mismo amor. Verá a Dios con una visión interior que por sí misma puede hacerlo ver a Dios"

Acerca de la Trinidad, 8.12

Agustín señala que podemos conocer con precisión a Dios porque conocemos el amor que existe en nosotros. Es la misma experiencia: de nuestros sentimientos hacia otros; nuestros intentos de entender y llegar a otros; nuestro gozo y excitación cuando hacemos contactos humanos; nuestro deseo de ser honestos y útiles a los demás – en resumen: La experiencia real de nuestro “amor” diario es la realidad en la cual conocemos a Dios. Dejemos que Agustín hable nuevamente.

" Dado que amamos a otra gente a través del amor, y “Dios es amor” es a través de Dios que los amamos. Solo podemos amar amando primero al amor mismo a través del cual damos amor. Por lo tanto el amor de Dios y el amor a la demás gente incluye el uno al otro."

Acerca de la Trinidad, 8.12

"¿Qué?! Es un resultado del hecho que ama al amor mismo que usted ama a Dios?
Si, definitivamente!
Amando al amor, ama a Dios. Se ha olvidado de lo que ha sido dicho en las Escrituras: “Dios es Amor”? Si Dios es amor, el que ama al amor ama a Dios."

Tratado sobre las Cartas de Juan, 9.10

"Que nadie diga: No se lo que es amor. Déjelo que ame a su vecino, entonces amará al amor mismo. De hecho, conoceremos el amor con el que ama más que la gente a la que ama.
Por lo tanto, Dios –que es amor- le será mejor conocido que su vecino; mejor conocido porque Dios está más presente; mejor conocido porque Dios es más interior, mejor conocido porque Dios es más cierto."

Acerca de la Trinidad, 8.12

"Sin ninguna duda, si el amor vive en una persona, el o ella es un templo de Dios. Porque Dios es amor"

Sermones, 350.1

"El Espíritu Santo que es él mismo Dios, una vez que se da a un ser humano enciende en esa persona el amor a Dios y a otra gente, porque el Espíritu mismo es amor. "

Acerca de la Trinidad, 15.31

¿Como puede ser Dios mas interior para nosotros? Nuestra energía humana, nuestro espíritu, se convierte en nada menos que una manifestación del Espíritu de Dios!

De Dios dentro de Nosotros por John Wijngaards, Collins, Fount 1988, capítulo 19

Traducción: Lola de Varas


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