Academic Council

Somos Iglesia - Un Reino de Sacerdotes

Elizabeth Schüssler Fiorenza,
Ottawa, 22nd July 2006

English

La sabiduría construyó su casa,
levantó sus siete columnas…
ya había puesto su mesa.
Ordenó pregonar por medio de sus sirvientes,
desde las alturas de la ciudad alta…
"¡Vengan a comer mi pan y a beber mi vino que he preparado!"
"¡Dejen a un lado su locura y vivirán, anden por los caminos de la verdad!"
(Proverbios 9:1-3.5-6)

Nos hayamos reunidos este fin de semana porque hemos escuchado la llamada de la Sabiduría Divina y hemos sido enviadas(os) como hombres/mujeres ministros(as) para proclamar su invitación. Nos hemos reunidos aquí para celebrar nuestra lucha común por una iglesia justa y para renovar nuestra visión de un mundo libre de opresión. Nos hemos reunido como la ekklesia de hombres/mujeres en el discipulado de iguales. Venimos de cerca y lejos para ser iglesia - un reino de sacerdotes - usando la frase de la teóloga mujerista Ada María Isasi Díaz. Hemos venido para celebrar nuestra vocación bautismal y para compartir nuestras experiencias y nuestros dones abigarrados como ministros(as) de la Sabiduría Divina-Espíritu. Nos hemos reunido para proclamar que: hombres Y mujeres son la imagen de Dios y los representantes de Cristo-Sofía como pastores, sacerdotes, capellanes hospitalarios, ministros de campus, teólogos(as), obispos, maestros, liturgistas, abogados canónicos, presidentes, directores(as), bailarines, consejeros, como celebrantes de la mesa de la Sabiduría Divina. Somos, en las palabras de la Primera Carta de Pedro:

"una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas." (paráfrasis de 1-Pedro 2:9-10)

Estas palabras no han sido solamente la Magna Carta de la Reforma Protestante, sino también la luz guiadora del Vaticano II. Ellas afirman la igualdad radical y la dignidad sacerdotal del pueblo de Dios, todos(as) los llamados, ungidos y donados en el bautismo para proclamar las grandes obras de la Sabiduría Divina-Sofía alrededor del mundo.

El reconocimiento de las hombres/mujeres como ciudadanos eclesiásticos plenos con todos sus derechos y responsabilidades es central para esta visión de un reino de sacerdotes, una iglesia democrática radical. Demanda una nueva articulación teológica y una nueva identidad propia del ministerio y de la iglesia. Requiere una articulación feminista de identidad católica, no como uniformidad, pero como una diversidad rica y un talento abigarrado en el poder del Espíritu Divino-Sabiduría. Por la letra "f", feminismo, quiero decir la perspectiva teorética y un movimiento democrático mundial, el cual ha sido inspirado por la convicción de que hombres y mujeres son personas, por ejemplo, totalmente autorizadas y ciudadanos responsables en la sociedad y en la religión.

Sin embargo, esta visión de una iglesia católica democrática radical, la cual está inspirada en el Vaticano II, parece ser en este punto de tiempo no más que una ilusión. Parece funcionar como un "pastel en el cielo" que mantiene gente progresiva en una iglesia gobernada más bien como el imperio romano que como la ekklesia de Cristo. El clero masculino y la jerarquía de la iglesia romana parecen sufrir de una moralidad en banca rota, como el escándalo y el subsiguiente encubrimiento de abuso sexual por sacerdotes y la prohibición del Vaticano de condones en la crisis del SIDA lo han documentado ampliamente. La jerarquía estadounidense, por ejemplo, ha perdido su último trozo de credibilidad religiosa-moral cuando sus obispos hicieron, en las últimas elecciones, las posiciones de los candidatos en contra del derecho reproductivo de las mujeres el asunto clave de identidad católica cuando al mismo tiempo no mostraron interés por los que están en pena de muerte o los millones de niños que nacen diariamente en pobreza y hambre deshumanizante o los que mueren a causa de bombardeo americano u ocupación.

No es sorprendente que muchos me preguntan: ¿Por qué, como una feminista, te quedas en esa iglesia? ¿Por qué te sigues llamando una teóloga católica? Estas preguntas son desafíos serios, pero en mi punto de vista son mal pensados porque presuponen que la jerarquía es la iglesia y no nosotros, el pueblo de Dios, al que la jerarquía está llamada a servir. Dejar la iglesia en lugar de seguir en la lucha significaría renunciar a nuestro derecho nato y abandonar a nuestro pueblo que también son mujeres y hombres católicos. (De paso, siempre menciono hombres/mujeres como inclusión de los hombres en la audiencia de hombres Y mujeres para pensar otra vez más y preguntar si son incluidos cuando hablo.)

Nos hemos reunido como iglesia - como un reino de sacerdotes - porque todavía tenemos un sueño. Bárbara Harris, la primera mujer obispo episcopalista afro americana escribió un artículo por la ocasión del décimo aniversario de la ordenación de mujeres al sacerdocio el cual fue titulado: "Celebrando el Sueño Todavía a ser Realizado." ¿Qué es este sueño que todavía necesita ser realizado? ¿Es acaso el sueño que hombres/mujeres en la iglesia católica romana pueden finalmente ser llamados Reverendo(a), ponerse el cuello clerical, revestirse con ropas clericales y recibir el privilegio clerical de decir misa y ser pagados por ello? ¿Es este sueño el recibir la marca "indeleble" de la ordenación sacerdotal jerarca la cual los hace esencialmente diferentes de los llamados laicos quienes son convertidos, por la ordenación de unos pocos, en ciudadanos permanentes de segunda clase, no solamente en la iglesia sino también en el cielo? ¿Es el sueño el tener un pedazo del pastel clerical por medio de la ordenación?

¿O es el sueño el de realizar un ministerio e iglesia diferente; el sueño de transformar, como ministros de la Sabiduría Divina la jerarca iglesia romana, en el discipulado de iguales? Ciertamente, este sueño es u-tópico, se encuentra sin su lugar en la iglesia romana, pero no es un "pastel en el cielo." Al contrario, este sueño ha sido realizado parcialmente por (los) siglos. En los últimos 30 años, más o menos, se ha convertido en una realidad viva en y por el movimiento feminista católico donde y cuando hombres/mujeres han reclamado nuestra llamada al ministerio eclesial y, al igual que la Sabiduría Divina, han preparado la mesa Eucarística y partido el pan en el discipulado de iguales.

Tres movimientos plenos de gracia de un "nuevo ministerio sacerdotal" se han quedado en mi memoria.

En la segunda Conferencia de Ordenación en 1974 yo iba a publicar una llamada de identificación con iglesia "parcial" y una huelga de hambre espiritual en protesta de la Eucaristía con un "hombre celebrante solamente," una llamada que fue considerada demasiado radical por algunos de los organizadores de la conferencia. La noche antes de mi discurso, descubrí una notita invitando a los participantes a ir a un cuarto de hotel para celebrar una liturgia la cual estaba planificada al mismo tiempo que la liturgia oficial con el hombre celebrante. Fui con inquietud al cuarto del hotel donde la liturgia bilingüe iba a tomar lugar esperando ver unas pocas personas con suficiente valor de celebrar una partida del pan tan feminista. Si no feminista tal liturgia, yo temía, podría terminar siendo dolorosamente un evento desastroso. Mis temoresdesaparecieron rápidamente cuando vi la multitud presente para partir pan y reclamar su poder sacerdotal. El celebrar una liturgia tan radicalmente democrática fue una de mis experiencias sacramentales más profundas. Ante mis ojos y oídos mis teorías teológicas y mis convicciones se habían "encarnado."

El segundo evento tomó lugar en la Conferencia Internacional de Mujeres (y hombres)-Iglesia en Chicago en 1983. Para mí, una de las experiencias más memorables de la conferencia fue la liturgia de bendición que fue celebrada para expresar el vínculo intrínsico entre la reunión de Mujeres-Iglesia y el diálogo programado entre los obispos católicos y representantes de 13 organizaciones de mujeres católicas en Washington. Como una de las teólogas invitadas para hablar con los obispos fui comisionada y bendecida por la asamblea que es la ekklesia, para hablar en nombre de la mujer-iglesia, un rito que acarreó todo tipo de insinuaciones de ordenación. Un miembro de la audiencia espontáneamente reconoció dicha interpretación dándome una estola que fue tejida en Guatemala. Su simbolismo multicolor, como la canción de bendición de Marsie Silvestro - "Ve gentilmente, mi hermana, que el valor sea tu canción…" - me han valorado y acompañado más allá de estos dos eventos de tan grande significado ekkelsial.

La tercera experiencia del trabajo de la Sabiduría Divina entre nosotras(os) pasó en el 20º Aniversario de la Conferencia WOC en 1995 la cual visionó un "Discipulado de Iguales - Partiendo el Pan - Haciendo Justicia." Diann Neu, la coordinadora de liturgia de la conferencia, proclamó en la celebración de "Imposición de las Manos"

Espíritu de vida y de poder
por los tiempos en la historia
llamas a tus ministros de entre la comunidad
y los envías a trabajar por la justicia:
a saciar el hambre de las almas,
a dar de beber a las sedientas,
a liberar a los cautivos.
Ven Ruach, Sofía-Sabiduría, Cumplidora de Promesas
bendícenos tus ministras(os) feministas,
para que hagamos tu justicia.

Después de esta invocación Diann invitó a la ekklesia reunida a levantar las manos si alguien quería ser llamada(o) y ser bendecido(a) por la comunidad para su ministerio feminista en particular. La gran variedad de ministerios feministas fue visiblemente incorporada cuando cientos de manos fueron alzadas en respuesta. Siguiendo su ejemplo tratemos de recrear este momento apoderado del Espíritu. Para hacer esto, los invito a todos a ponerse de pie cuando yo mencione el área de ministerio a la cual se sienten llamados(as):

Ministras(os) feministas levántense altamente si quieren la imposición de las manos:

Llamo ahora a las ministras(os) para organizar movimientos locales políticos y feministas
Llamo ahora a los ministros(as) feministas para curar todo lo que ha sido violado, quebrado y débil
Llamo ahora a las ministras(os) de educación feminista: enseñando, siendo mentores y escribiendo teologías feministas
Llamo ahora a los ministros(as) del as artes: danza, música, artes interpretativas, artes visuales
Llamo ahora a las ministras(os) creando liturgias feministas, predicando, orando, cantando, danzando, celebrando la Eucaristía, la mesa de la Sabiduría Divina
Llamo ahora a los ministros(as) de la fe compartida feministas y la lucha contra la violencia
Llamo ahora a las ministras(os) de auto-afirmación y refuerzo espiritual
Llamo ahora a los ministros(as) del cuidado de la tierra y toda la creación
Llamo ahora a las ministras(os) dedicadas(os) a propiciar un comparto entre mujeres/hombres de diferentes iglesias, religiones, razas, culturas, sexos y naciones
Llamo ahora a los ministros(as) construyendo la comunidad de iguales en parroquias y en todas las áreas de la iglesia y la sociedad
Llamo ahora a las ministras(os) de reconciliación y de la victoria sobre el prejuicio
Llamo ahora a los ministros(as) fomentando el reconocer la Imagen Divina en toda persona
Llamo ahora a las ministras(os) cuyo trabajo es crucial para la realización del discipulado de iguales.

Después de haber pedido la imposición de las manos, la ordenación del Espíritu Santo-Sabiduría, por favor estrechen sus manos bendiciendo e invocando con migo el poder de la Sabiduría Divina sobre esta asamblea de ministras(os): Por favor repitan después de mí

"Espíritu Santo, Sabiduría Divina
bendice a tus ministras(os) quienes están de pie como completos ciudadanos religiosos
para trabajar por tu justicia y tu amor
luchando por la ekklesia de mujeres/hombres,
un reino de sacerdotes y un discipulado de iguales."
[Tomen asiento por favor]

Les he pedido hacer físicamente presente los muchos ministerios entre nosotros, los cuales la Sabiduría Divina ha donado a la ekklesia porque temo que el movimiento de ordenación de hombres/mujeres está en peligro de olvidar las luchas pioneras por ministerios en la iglesia ricos y abigarrados como los dones de la Sabiduría Divina-Espíritu para la ekklesia. Este es el peligro de convertirse en un anti-movimiento, enfocado solamente en la exclusión de las mujeres del "poder sagrado de dominación," en lugar de un movimiento alternativo el cual celebra una serie rica de ministerios creativos eclesiales que las hombres/mujeres ya están desempeñando. Al buscar la ordenación a cualquier precio, corremos el peligro de establecer una anti-jerarquía de hombres/mujeres que sigue siendo una jerarquía. Al hacer mixtos los ritos, investiduras, las prácticas de selección de la jerarquía corremos el riesgo de reinscribirlos.

El artículo que Rose Wu escribió titulado "De la Ordenación de Mujeres a un Sacerdocio de Todos los Creyentes," es una llamada a despertar, no solo para las mujeres ordenadas en las tradiciones protestantes, sino también para nosotros. Hablando por la ocasión del 25º aniversario de la ordenación episcopal de mujeres Rose concluyó en sus reflexiones, las cuales citaré en repleto:

"En 1990, dos años después de mi graduación del seminario, fui invitada a servir como capellán asistente del Cheng Chi College [de la Universidad China de Hong Kong], la primera vez que aceptaron una mujer laica en ese puesto. Sin embargo, para mantener esa posición, yo tenía que buscar la ordenación en el cercano futuro. Dos años después decidí dejar esta posición porque no pensaba que la ordenación era mi llamada ni la reflexión de mi voluntad. Yo apoyo la ordenación de mujeres basada en el principio de la igualdad. No obstante, no estoy convencida de que al ordenar mujeres la iglesia será más inclusiva y participativa. Para mí, la exclusión de mujeres al sacerdocio solo es una expresión de su naturaleza opresiva. Para renovar la iglesia y exorcizarla de todas las formas de opresión, debemos ir a la causa de raíz de todos estos problemas… Para mí, se trata de escoger si queremos una comunidad que comparte el poder o si queremos que solo unos cuantos tengan el poder."

Como Rose Wu, yo también temo que la lucha por la ordenación de mujeres se ha modelado en comparación con el movimiento liberal de los derechos de las mujeres, el cual no buscó cambios en la sociedad, si no más bien a poner mujeres en posiciones de poder masculino que nos excluían de sus rangos. Por eso, nosotras, como el clero femenino de otras iglesias, estamos en peligro de reesforzar las estructuras jerárquicas presentes al tratar de ser parte de ellas. Si no rechazamos la ordenación en un clero privilegiado y en las estructuras sagradas de dominación, entonces WOW estaría reesforzando la ciudadanía de segunda clase de la mayoría de hombres/mujeres de la iglesia, el así llamado laicado.

Si queremos evitar este peligro, tenemos que continuar integrando la lucha por ordenación en la lucha feminista abigarrada para articular y practicar una visión diferente de iglesia y ministerio. Como Rose Wu, estoy convencida que solo una lucha por "una comunidad que comparte el poder" en el discipulado de iguales despojará esta ciudadanía de segunda clase. Así que, debemos tener cuidado que WOW se mantenga una parte integral en la lucha contra una tradición clerical kyriarcal, la lucha contra las estructuras sagradas de dominación que, en principio, han excluido a las mujeres de su autoridad ekklesial y que paulatinamente habla en el lenguaje del silencio, del control y de la violencia. La lucha por una catolicidad feminista y una iglesia y ministerio radicalmente democráticos es la lucha por la libertad de pensamiento, independencia intelectual e integridad personal, por la libre e íntegra vos de sus ciudadanos, por el poder vivificante del Espíritu-Sabiduría Divina; es la lucha por la iglesia como ekklesia, como el congreso del pueblo de Dios, como una asamblea propiamente tomando decisiones, como la ekklesia de hombres/mujeres.

La expresión "ekklesia de hombres/mujeres" no debe ser mal entendida como significando una iglesia de hombres/mujeres que excluye a los hombres. En su lugar, la noción "iglesia hombres/mujeres" es una contradicción de términos. La calificación de "ekklesia" con "hombres/mujeres" busca levantar la concientización de que la iglesia, la sociedad y la religión todavía están gobernadas por una poderosa élite de hombres quienes han excluido a los hombres/mujeres y a otras personas servidoras por siglos. La "ekklesia de hombres/mujeres" busca comunicar una visión que conecta las luchas por una iglesia más democrática y justa con los movimientos democráticos globales, sociales y políticos por la justicia, la libertad y la igualdad. Estos movimientos han emergido muchas veces en la historia debido a la disparidad entre la profesada visión de una igualdad democrática radical y la realidad actual de dominación y subordinación en la sociedad y en la iglesia. Esto es debido a que, ni la Reforma Protestante ni la revolución francesa ni la americana lucharon para que hombres/mujeres fueran ciudadanos plenamente autorizados y hábiles de tomar decisiones en la iglesia y la sociedad.

Aunque la palabra griega ekklesia se traduce usualmente en inglés como "church," la palabra inglesa "church" no es derivada no del griego ekklesia, sino que del griego "kyriake," como en pertenencia del kyrios (señor), quien en los tiempos de Roma imperial eran los de la élite terrateniente señor, amo, padre y la cabeza del hogar; El ejercía el poder del control y el castigo como también el poder sobre la vida y la muerte sobre sus subordinados. Así pues, la palabra "church" tiene dos significados contradictorios: uno es derivado del modelo kyriárquico del hogar y el estado en la antigüedad, el cual era gobernado por el señor/amo/padre del hogar, ante el cual todos los nacidos libres hombres/mujeres, dependientes, clientes y trabajadores como también esclavos(as) y hombres eran subordinados. El otro significado se deriva de la institución clásica de democracia que, en teoría, promete la libertad y la igualdad a todos los ciudadanos, pero en práctica es garantizada solo a los hombres de la élite terrateniente y educados jefes del hogar. El proceso de traducción, el cual ha transformado la "ekklesia/congreso" en el "kyriake/church" indica un desarrollo histórico que ha privilegiado la forma jerárquica/monárquica de la iglesia. Esta "church" se caracteriza por la jerarquía, una palabra griega que significa traducida literalmente "estructuras sagradas de dominación" (hieros y archein).

En contrasto con la iglesia católica romana de hoy, la iglesia primitiva veía a todos sus miembros como llamados y elegidos, dotados con los muchos talentos del Espíritu. Pero como muchos historiadores de la liberación han apuntado, la iglesia como una comunidad de iguales llena del Espíritu fue paulatinamente romanizada y el cristianismo se convirtió en una religión imperial. El estado promovía los intereses eclesiásticos, los ministros de la iglesia se convirtieron en parte de las oficinas burocráticas imperiales, el clero llegó a ser una clase privilegiada y la iglesia adoptó estructuras y medidas imperiales romanas. Igual que al emperador romano, el papa es llamado pater patrum y pontifex maximus. Al igual que el imperio romano, la jerarquía romana, la constitución de la iglesia es una combinación de gobierno monárquico y aristocrático con una chapa de democracia en la elección del papa. Como el imperio romano, la jerarquía romana se ha convertido en un poder religioso expansionista universal el cual ha explotado los recursos y la cultura de las "provincias subyugadas" como decir, las iglesias locales. Como el imperialismo romano, la misión universal de la iglesia ha utilizado la fuerza en el pasado, apoyado el colonialismo y promulgado el euro-centrismo, y aún continúa eliminando o apropiando los recursos religiosos y culturales de sus "subordinados." La milicia y la misión, el fusil y la Biblia, la espada y la cruz fueron, y muchas veces siguen yendo mano a mano.

Debido a que se mantiene estancado en estas mismas estructuras imperialistas romanas, el Vaticano insiste en que la iglesia puede ser representada por la élite de solo hombres, marca sus fronteras de identidad en y por medio de la exclusión de hombres/mujeres a lo sagrado, sea por no ordenar a hombres/mujeres o por medio del celibato. Su "genio" es el control y la obediencia, un legalismo positivista y una exclusión autoritaria. La iglesia romana está dividida en un sistema de dos clases, la del ordenado y la del laicado, connotando no solamente la ciudadanía de segunda clase para los no que son hombres del clero, sino también una diferencia metafísica. Por eso, el Vaticano continúa insistiendo que la iglesia no es una comunidad democrática. Mientras que en los últimos siglos discursos papales defendían la monarquía como la forma de gobierno deseada por Dios no solamente para la iglesia, sino también para la sociedad, en este siglo pronunciamientos papales han abogado por los derechos de los hombres/mujeres y las libertades democráticas en la sociedad, pero insisten que éstos no son aplicables dentro de la iglesia. Sin embargo, la autoridad moral no puede ser aclamada por algo que uno no practica. Afirmar que una democracia radical y los valores del evangelio como igualdad, justicia y libertad no son necesarios en la práctica de la iglesia sino que solamente en la sociedad, engendra el lenguaje romano imperial de control, violencia y dominación.

Los discursos de la jerarquía que hablan de la "verdad ortodoxa" también son altamente polarizados por el género. Están llenos de referencias al clero como "hijos y padres," a la iglesia como "madre y ella" y al pueblo de Dios como "hombres de fe." Roma se ha negado categóricamente a cambiar el lenguaje exclusivamente androcéntrico en la liturgia y ha volcado las recomendaciones de varias conferencias episcopales para la adopción de un lenguaje litúrgico sin género. Por eso, el lenguaje androcéntrico que excluye lingüísticamente a las mujeres ya no es más convencional sino, más bien, deliberado, sosteniendo el status quo y limitando nuestra imaginación. Además, el uso del femenino para referirse a la iglesia sirve para excluir simbólicamente y arrasar a las hombres/mujeres, desde que Cristo y la iglesia pueden ser representados por hombres solamente. Esto reesfuerza el discurso colonial de dominación en el cual el femenino sirve para significar la subordinación y explotación, no solo de hombres/mujeres, pero también de todos los que no son personas: esclavos, paganos salvajes, homosexuales y pueblos empobrecidos, todos quienes son vistos y tratados como el otro "femenino."

El contexto socio-político de la globalización y su asistente explotación en el cual el debate sobre no ordenar o los derechos reproductivos de las hombres/mujeres, la libertad de los teólogos(as), o el clamor del Vaticano de su única exclusividad toman lugar, ha engendrado el resurgimiento de la derecha religiosa. Los fundamentalismos globales, culturales y religiosos toman el poder de nombrar y de definir la verdadera naturaleza y esencia de la religión. Los pensadores derechistas son muy bien financiados por instituciones reaccionarias políticas y financieras las cuales buscan mantener y defender el capitalismo kyriárquico.

Por eso, la interconexión entre los argumentos religiosos anti-democráticos y los debates sobre el "lugar apropiado" y el "rol adecuado" de los hombres/mujeres no es accidental o meramente de significado intra-teológico. De hecho, en la década pasada (más o menos) los movimientos derechistas alrededor del mundo insisten que la figuración de hombres/mujeres emancipadas son indicaciones de la decadencia del mundo occidental y de un secularismo ateísta moderno, o han presentado el poder masculino como la expresión del poder divino.

En este contexto de lucha, la retórica romana de magisterio y sus afirmaciones la verdad absoluta parecen funcionar como una instancia más de un movimiento fundamentalista anti-democrático. Al insistir en una lectura doctrinal positivista de las escrituras y la tradición, la versión de teología fundamentalista del Vaticano trata de "arreglar" las expresiones ricas y multiformes de las escrituras cristianas, las tradiciones, teologías, ministerios y comunidades. Ellos lo hacen con el objeto de consolidar los textos abigarrados, metáforas ambiguas y las prácticas diversas de la escritura y la tradición en un discurso singular definitivo de la verdad, el depositum fidei, el cual clama infalibilidad por sus articulaciones históricamente condicionadas en vez de dar lugar a una diversidad rica de expresiones de la fe cristiana. La doctrina de no ordenar hombres/mujeres es parte integral de esta retórica de dominación. Desde que esta supuesta enseñanza infalible de no ordenar a hombres/mujeres no tiene ningún terreno bíblico o teológico en donde pararse, esta doctrina tiene que recurrir a la violencia, a la censura y a la exclusión.

Karl Rahner argumentó que el evento más importante del Concilio Vaticano II es la manifestación de la iglesia mundial donde, por primera vez, los obispos de Asia, Africa, América Latina y del Borde del Pacífico actuaron democráticamente junto al papa como iguales cuando articularon y decidieron la teología del concilio.

Rahner acertadamente criticó el euro centrismo del catolicismo romano, pero dejó pasar su andro-kyriocentrismo o su centralidad masculina elitista. La presentación del consejo del catolicismo mundial fue completamente masculina desde que no hubo hombres/mujeres entre los obispos de la emergente iglesia mundial..

La ausencia de hombres/mujeres en los rangos de los obispos no es simplemente un accidente histórico, sino el resultado de una discriminación sistemática y una exclusión legal. Fue debido al pecado estructural del sexismo y sus racionalizaciones teológicas y ha prevenido la iglesia mundial a alcanzar una catolicidad feminista plena. Hoy, la falta de la voces de hombres/mujeres es todavía más obvia debido a que otras iglesias cristianas han incluido y aceptado hombres/mujeres como ministros(as) oficiales, sacerdotes y obispos y, por eso, practican la catolicidad feminista que hace falta en la iglesia católica romana.

Este significado feminista de catolicidad todavía se destaca en la definición del término de diccionario. El Shorter Oxford Dictionary define la catolicidad como "la cualidad de tener simpatías con todos ó ser generalizado; tener una amplitud de miras, tolerancia," el término se deriva de la palabra griega katholicos (kath holou) que significa "general," "amplio" o "universal." Es el equivalente de global (kath holoun tes ges) o ecuménico (oikumene). Por eso, las características del catolicismo feminista democrático radical se pueden definir

  1. como ambos, inclusividad y apertura a toda persona, culturas y religiones y como oposición al sectarismo e individualismo religioso;
  2. como apertura a la verdad y valores donde sea que se encuentren;
  3. como la habilidad de reunificar las divisiones, las generaciones y las separaciones,
  4. como el reconocimiento de que el Espíritu-Sabiduría Divina crea solidaridad en la diversidad.

Tal catolicidad feminista fomenta una pluralidad socio-religiosa y una conexión global ligando iglesias locales radicalmente diferentes y culturas abigarradas. Como una espiritualidad democrática radical mira hacia una iglesia inclusiva que acoge a todos en la cual todos son verdaderamente iguales, pero no lo mismo; una cultura ekklesial donde las diferencias son respetadas y las personas son realmente libres, donde la responsabilidad socio-religiosa prevale y no una auto-absorción individualista; una sociedad e iglesia que son verdaderamente justas y en las cuales el estatus y el poder accionan las desigualdades, especialmente, la gran distancia entre ricos y pobres es reconocida por lo que es. Una visión democrática feminista tan radical hace un llamado para que la sociedad y la iglesia, en la cual la paz y la justicia de Dios ya se han realizado parcialmente, lleguen a ser una realidad completa en el futuro.

Este tipo de catolicidad está profundamente arraigada en la escritura y en la tradición y ha inspirado la visión de la iglesia articulada en el Concilio Vaticano Segundo. Desde el Concilio, dos tipos distintos de lenguaje de catolicidad son operativos en la auto-comprensión católica romana. Uno es el lenguaje de control y censura de la Roma imperial con sus afirmaciones de la verdad absoluta y sus demandas por una rendición del intelecto a los decretos papales y de la curia romana, el otro lenguaje es el de la catolicidad ekklesial feminista el cual es inclusivo y atrae a los dones multiformes del Espíritu Santo.

Estos dos lenguajes de identidad católica son fundamentalmente diferentes y están en conflicto el uno con el otro, un conflicto que parece afectar más al clero que al pueblo de Dios. Encuestas sociológicas han demostrado que los católicos ordinarios no le ponen mucha atención a los decretos de Roma porque dichos decretos no les hablan a los problemas con los que la gente vive. Solamente los que aún se consideran ciudadanos católicos activos, grupos como le Iglesia Hombre/Mujeres, Wir sind Kirche, La Voz de los Fieles (the Voice of the Faithful) o los movimientos para la Ordenación de Hombres/Mujeres (la Ordenación de Mujeres) procuran mantenerse de pie ante el ataque violento del clericalismo eclesial y lo hacemos por la consideración de la catolicidad feminista de la iglesia. Para ello, hacemos responsable a la jerarquía romana por el motivo de nuestro derecho nato de ser iglesia, un discipulado de iguales y un reino de sacerdotes.

Si el catolicismo está para contribuir en la idea y realización de una identidad católica global, entonces nuestra lucha por la catolicidad feminista de la iglesia se debe mantener conciente de su ubicación global y desarrollar prácticas espirituales y formas de ministerio y comunidad que puedan contribuir por la justicia y el bienestar de todos. Debemos insistir en nuestra libertad intelectual y espiritual para articular paradigmas democráticas radicales de cómo vivir en medio de diversidad, la tolerancia y el respeto por los que no son como nosotros.

Este entendimiento de catolicidad feminista se posiciona en el lenguaje teológico del Espíritu-Sabiduría Divina; visiona a la iglesia como una comunidad de apoyo recíproco, una alianza dinámica de iguales. Es la catolicidad de la gracia que florece en la esfera de apertura a todos del Espíritu, en el cual vivimos y nos movemos. Tal catolicidad feminista está prefigurada en la imagen de Pentecostés donde gentes de diferentes regiones y culturas entendieron el evangelio del Espíritu en su propio idioma, una imagen que nos invita, en el poder del Espíritu, a luchar por la plenitud del ministerio feminista en la ekklesia de hombres/mujeres.

De ahí que, la lucha por la ordenación de hombres/mujeres debe ser vista como parte de la lucha de todos los otros subordinados por la plena ciudadanía y por derechos civiles, una igualdad y justicia radical. Las luchas por una iglesia democrática radical deben mantenerse como el contexto que define la lucha por la ordenación de modo que la ordenación de hombres/mujeres no signifique una ordenación a la jerarquía católica romana o a las estructuras sagradas de dominación, sino que sean el reconocimiento público de un liderazgo ministerial democrático. La lucha por la ekklesia de hombres/mujeres o por el discipulado de iguales no es solo una lucha en contra de las formas romanas de catolicismo jerárquico del Vaticano. Son luchas por una forma de catolicidad feminista, democrática radical que se viven y se practican como una alternativa global a la explotación y la deshumanización.

En el contexto de la lucha emancipadora, teorías críticas y teologías feministas han sido desarrolladas, las cuales demuestran cómo una catolicidad y teología diversificada y multiforme debe ser imaginada y articulada. Ellas significan las formas múltiples en las cuales la ekklesia de hombres/mujeres se vive hoy y un presagio la diversidad católica de la ekklesia del futuro. Así como las mujeres no son todas iguales y no tienen una esencia en común que las hace diferentes a los hombres, no todos los cristianos católicos son iguales ni tienen una esencia en común que los hace diferentes de otros religionistas. Hay tantas diferencias entre hombres/mujeres y en hombres/mujeres, entre católicos y en catolicismo como las hay entre hombres y mujeres o católicos y otros cristianos. Los católicos no son determinados solo por género y doctrina, sino también por raza, clase, etnicidad, cultura, edad, preferencia sexual y espiritualidades diversas. La identidad no es estable sino que cambia con el correr del tiempo.

hombres/mujeres se vive hoy y un presagio la diversidad católica de la ekklesia del futuro. Así como las mujeres no son todas iguales y no tienen una esencia en común que las hace diferentes a los hombres, no todos los cristianos católicos son iguales ni tienen una esencia en común que los hace diferentes de otros religionistas. Hay tantas diferencias entre hombres/mujeres y en hombres/mujeres, entre católicos y en catolicismo como las hay entre hombres y mujeres o católicos y otros cristianos. Los católicos no son determinados solo por género y doctrina, sino también por raza, clase, etnicidad, cultura, edad, preferencia sexual y espiritualidades diversas. La identidad no es estable sino que cambia con el correr del tiempo.:

Las luchas por una iglesia democrática radical tiene como su objetivo la plenitud de la catolicidad feminista. Ellas afirman que las experiencias religiosas y las cuestiones de las hombres/mujeres son centrales para la iglesia y la teología. La catolicidad plena de la iglesia solo es posible si y cuando todas las hombres/mujeres sin excepción tengan la oportunidad de participar en el proceso de tomar decisiones y en el poder de la iglesia. El reconocimiento de hombres/mujeres como ciudadanos plenos ekklesiales con todo derecho, privilegios y obligaciones demanda una nueva auto-comprensión de teología y de iglesia. Requiere la articulación de la identidad católica, no como uniformidad, sino como diversidad y como talento en el poder del Espíritu-Sabiduría Divina. A la raíz de la lucha por la ordenación de hombres/mujeres, yo argumento, se debe mantener la lucha por una iglesia democrática radical y una catolicidad feminista, por una autoridad ekklesial de hombres/mujeres, ciudadanía plena y liderazgo creativo. Sugiero que el ministerio sacerdotal feminista, por eso, es comprendido como una praxis y una visión democrática radical.

Aún algunos pueden protestar que tal visión ekklesial feminista democrática radical no es capaz de cambiar las estructuras jerarcas del catolicismo romano porque se niega a ser parte de las "estructuras sagradas de dominación" para poder cambiarlas. Este argumento no toma en cuenta los poderes mortíferos de la "dominación sagrada" cuando él identifica jerárquicamente las estructuras de dominación con la iglesia y la catolicidad. Como muchos movimientos de reforma cristiana han reconocido por muchos siglos: no hay bases bíblicas o teológicas por tales estructuras sagradas de dominación. Estas estructuras son lo que queda de la iglesia romana imperial y de la burocracia clerical que tienen que ser abolidas, no solamente cambiadas. Como el teólogo Hans Küng apuntó hace casi 40 años: El Concilio Vaticano II hizo correcciones teológicas importantes en el entendimiento constantino romano de la iglesia y jerarquía, un entendimiento que salió del Concilio de Trento. Con el Vaticano II, la doctrina de las oficinas eclesiásticas fue corregida en cuatro puntos importantes:

  1. Cunando Trento usa la palabra jerarquía al hablar de la oficina eclesial, la Constitución sobre la Iglesia prefiere la expresión "ministerio eclesiástico" (ministerium ecclesiasticum).
  2. Mientras que Trento usa "divina ordenatio" al referirse a los oficios de obispo, sacerdote y diácono, el Vaticano II comprende el ministerio eclesial como divinamente instituido (divinitus institutum).
  3. De acuerdo a Trento la jerarquía eclesial consiste (constat) de obispos, sacerdotes y diáconos; de acuerdo al Vaticano II el ministerio eclesial se ejerce en estos distintos ministerios y posiblemente en muchos otros
  4. El Vaticano II no hace ninguna declaración sobre la esencia metafísica y el carácter indeleble de estas oficinas eclesiásticas sino que les da una descripción pastoral y lógica.

Estas correcciones de de la interpretación tridentina de los oficios de la iglesia hacen posibles cambios democráticos en la estructura de la iglesia. El "servicio", la definición de Jesús del liderazgo ekklesial, terminará de ser un cliché solamente con la abolición de la institución monárquica imperialista romana del oficio como "dominación sagrada masculina."

Así que, ustedes preguntarán, ¿Cómo podemos cambiar el oficio romano imperialista en ministerios eclesiales en el discipulado de iguales? Solo tengo una solución posible para este acertijo. Yo sugiero, como lo he hecho anteriormente, que nos organicemos para hacer una toma de la única oficina democrática en la iglesia católica romana: el colegio de los cardenales.

Cuando en el año 2000 fui invitada a escribir un artículo sobre "El Feminismo y el Papado en el Tercer Milenio," delineando los asuntos que el nuevo elegido sucesor de Juan Pablo II tendría que enfrentar, me imaginé que el próximo líder de la iglesia católica sería un feminista. Como tal, el/la se llamaría Miriam IV y se denominaría como la sucesora de Pedro y de María de Magdala. Desde que hoy celebramos la fiesta de María de Magdala, la apóstol de los apóstoles, entremos en este ejercicio de imaginación u-tópica:

Al principio del siglo 21, aún enfrentando la amenaza de violencia religiosa contra los que abogan por la ordenación de hombres/mujeres al oficio pleno de ministerio sacerdotal como obispos, muchas(os) católicos feministas que han sido llamados al ministerio del discipulado de iguales continuaban actuando en esta llamada, celebrando la Eucaristía, sirviendo a los pobres, enseñando a los jóvenes, bendiciendo a los desesperados y construyendo la comunidad. Ellos lo hacían no con el propósito de reformar la jerarquía, sino que para servir al pueblo católico. Si ellas(os) sólo querían ser ordenados a cualquier precio y así unirse a los rangos del clero, habían muchas iglesias que los hubieran bienvenido.

Tomando a los Santos Padres, los papas Pablo VI y Juan Pablo II, por su palabra cuando los pontífices dijeron no tener la autoridad de las escrituras o de la Tradición para ordenar hombres/mujeres como sacerdotes, los teólogos feministas empezaron a preguntar: "¿y que tal los cardinales?" Obedezcamos los decretos papales, sugerimos años atrás, y declaremos una moratoria de demandas por la ordenación de sacerdotisas y diáconas. ¡En lugar de esto, preparémonos para el próximo cónclave y preparemos por nombramientos de cardenales así que cardinales feministas participen en la elección no solo del próximo sucesor de Pedro sino también de María Magdalena! Si el/la no puede representar a Cristo como su vicario(a), teníamos confianza en que el/la representaría muy convincentemente a la Sabiduría Divina en todo su esplendor.

Con la lengua en la mejilla, yo escribí que si eso fuera a pasar, me encantaría servir a la iglesia como cabeza de la CDF [las siglas por el latín Congregatio Doctorum Feministarum] para abolir de una vez por todas las teologías de la Inquisición, aunque no tendría ningún deseo de ser la sucesora del cardinal Ratzinger. Si Commonweal es correcta en que el papa Juan Pablo II una vez se llamó a sí mismo un "papa feminista," apunté, ¡su sucesor debe ser un(a) feminista! Así lo escribí en 1998. Sin embargo, siendo de poca fe, no me imaginé que esto pudiera pasar, ni oré a la Sabiduría Santa porque esto pasara.

Pero, para mi gran sorpresa, movidas por la Sabiduría-Sofía, Ordenación de Mujeres alrededor del Mundo desmanteló su campaña para diáconas y sacerdotisas y organizó una campaña para el nombramiento de hombres/mujeres a cardenales. El oficio de cardenal, argumentamos, fue instituido para proveer consejería de corte al papa. La ordenación no se requiere ni por la escritura ni por la tradición para este oficio desde que no existe evidencia de que esta institución cardenalicia vuelve a Jesús o a los apóstoles. Ciertamente, este oficio tiene una tradición larga masculina, pero esta tradición es hechiza por la jerarquía masculina. La equidad, sin embargo demandaría, decimos, que, por tanto que todos los obispos deben mantenerse masculinistas, por ejemplo abonando a la noción misógina que solo hombres pueden representar lo Divino, todos los cardenales deberían ser feministas, por ejemplo abonando a la noción radical que hombres/mujeres son la imagen de Dios y los representantes de Cristo-Sofía.

Aunque algunos hombres en el Vaticano apuntaron que es la práctica de la iglesia desde tiempos medievales la cual requiere que los cardenales deben ser sacerdotes, ellos no pudieron legitimar más su prejuicio con referencia a Cristo y los apóstoles y finalmente se rindieron. La elección y el nombramiento de hombres/mujeres como cardenales finalmente erradicaron el virus misógino el cual ha afligido a la iglesia católica romana por siglos y la ha acarreado a su parálisis y disfunción de hoy. El cardenalicio para hombres/mujeres ha abierto el único espacio democrático en la iglesia. Como cardenales, hombres/mujeres feministas fueron capaces de determinar la elección del nuevo Vicario de Cristo y, por ende, el futuro de la iglesia. Así que Miriam IV, la sucesora de María de Magdala y de Pedro fue elegida para ser la Vicaria de Cristo como prima inter pares, primera entre iguales en la ekklesia de hombres/mujeres.

Nos deseo a todos la gracia de la Sabiduría Divina de una imaginación transformadora, porque como Toni Morrison tan fuertemente indica en su novela, Beloved (Amada):

"Ella no les dijo que se fueran a limpiar su vida y a no pecar más. Ella no les dijo que eran los benditos de la tierra, sus humildes herederos o su gloria pura. Ella les dijo que la única gracia que podían tener es la gracia que ellos pueden imaginar. Que si no la podían ver, no la podían tener."

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